Era una noche oscura y tormentosa en la ciudad. El viento soplaba entre los callejones, llevando consigo el eco de risas marchitas que resonaban desde un burdel en las sombras. Allí, en su trono de neón parpadeante, se encontraba el Diablo, furioso. Sus ojos ardían con rabia contenida, cada chispa de furia iluminando su piel pálida como si estuviera en llamas. Frente a él, sólo un par de vasos vacíos y ceniceros repletos de colillas testificaban de una noche desapacible.
Tamara había desaparecido.
Su chica favorita. La única que tenía el poder de calmar su ira con una sola mirada. Había estado allí, a su lado, cuando las luces del burdel danzaban al ritmo de la música, pero aquella noche, Tamara decidió que era hora de huir. Y el Diablo, en un giro irónico del destino, no estuvo presente para impedirlo.
Maldijo, una y otra vez, ¿por qué tenía que salir ese día? pensó. Si tan solo hubiera estado allí, habría podido mantenerla bajo su control, jamás permitiéndole la oportunidad de escapar. En su mente, imágenes de su dulce rostro sonaban como ecos persistentes, recordándole lo que había perdido. Se frotó las sienes, sintiendo cómo el estrés y la frustración le drenaban la energía. Decidido, levantó el teléfono y ordenó a sus hombres que comenzaran la búsqueda.
--- ¡Encuentren a la traidora!,--- gritó, su voz resonando en las paredes del pequeño despacho que utilizaba como oficina.
--- Cielo y tierra deben moverse hasta que la tengan de vuelta. No quiero ver a nadie quédandose atrás.---
Sus hombres, una banda de criminales endurecidos que conocían cada rincón de la ciudad, se dispersaron como sombras en la noche, dejando tras de sí un aire denso de tensión. Las calles estaban llenas de peligros, pero nada les impediría cumplir con su misión; eso lo sabían muy bien. Sin embargo, por más que revisaban los rincones más oscuros, en cada club y bar donde ella podía haberse refugiado, no había rastro de Tamara.
Los padres de la chica estaban encerrados en su casa con hombres vigilando. El Diablo pensó queTamara podría ir en busca de su ayuda. Pero no fue así, la chica jamás apareció en casa de sus padres.
Con cada minuto que pasaba, la desesperación aumentaba. “¿Dónde está?” se repetía en su mente. Las demás chicas del burdel eran completamente inútiles, parloteaban de cosas sin sentido y nunca parecían entender el verdadero valor de la información. Los ojos del Diablo se posaron en una de ellas, que ahora temblaba al estar frente a él.
---¿No sabes nada? ¡Pregúntales a las otras!,--- dijo, mientras su mirada se volvía cada vez más penetrante. La chica, asustada, movió la cabeza lentamente, como si se tratara de una flor marchita resistiéndose al viento.
-‐- Ni siquiera hablaba con nosotras,--- balbuceó, --- siempre se mantenía al margen. Nadie tiene idea de dónde pueda estar,---
El Diablo estalló en ira. Era como si la misma tierra se la hubiera tragado. ¿Cómo podía ser posible?, el diablo la quería a su lado. Pero el peso de la frustración se sentía como una serpiente enroscada en su pecho, amenazando con estrangularlo. Una sensación de impotencia lo abrumó. Hizo un gesto con la mano, indicando que la chica desapareciera de su vista.
Los policías en los que había invertido su dinero también fallaron. --- No hemos encontrado nada, jefe,--- reportó uno de ellos, el sudor perlaba su frente mientras hablaba. ---Nadie ha visto nada sospechoso por esta zona. Es como si hubiera desaparecido de la faz de la tierra,---
En la oscuridad de la noche, el Diablo sentía que la rabia lo consumía. No podía permitir que algo así le pasara. La ciudad era suya, cada calle y cada esquina, y Tamara era su pertenencia. “Inútiles”, pensó. “¿Qué clase de policías son?”, mientras lanzaba el vaso de cristal contra la pared, haciendo que los fragmentos volaran en todas direcciones.
De repente, una idea surgió en su mente como un rayo. Si Tamara había escapado, tal vez sabía hacia dónde iba. Tal vez tenía un plan en marcha. Ella siempre fue más astuta de lo que todos pensaban. Comenzó a visualizar un mapa de la ciudad, sus ojos recorriendo cada rincón que conocía, cada lugar que ella podría haber considerado como un refugio. Su mente trabajaba rápidamente, explorando cada relación, cada contacto que Tamara pudo haber hecho en secreto.
De golpe, recordó un nombre de una mujer de su infancia, aquella que ella solía mencionar en voz baja, como si fuera un fantasma de un pasado que intentaba no olvidar. Quizás ahí podría encontrar pistas. Con ese pensamiento en mente, comenzó a tomar decisiones frías y calculadas. Sacó un teléfono y marcó el número de uno de sus aliados más cercanos.
--- Consigue el paraderode esa mujer, ella saben dónde buscar. Tamara debe estar con ella,--- le ordenó, casi con una determinación renovada. --- No pares hasta que me traigan noticias.---
Mientras colgaba, una sensación de inquietud se apoderó de él. Conocer a esa mujer que para Tamara significaba algo importante, una parte de su vida que había mantenido oculta. Pero sabía que debía hacerlo, que no podía dejarla escapar tan fácilmente.
El reloj seguía avanzando y la ciudad permanecía callada. Las sombras de la noche acechaban como criaturas listas para devorar. El Diablo respiró hondo y se preparó para lo que estaba por venir. Estaba ansioso, sí, pero también emocionado. Era un juego peligroso, y él estaba dispuesto a jugarlo hasta el final.
La búsqueda había comenzado. Nadie comprendía mejor que él el precio de la libertad. La ciudad, repleta de secretos, aún guardaba lo que era suyo. Tamara volvía a estar en su mente, ocupando todo su ser. Y él no se detendría ante nada hasta que la tuviera de regreso, aunque eso significara desenterrar viejos fantasmas y desafiar a aquellos que se interpusieran en su camino.
Porque en la ciudad, el Diablo estaba furioso, y el sentimiento de pérdida se había transformado en una sed de venganza.
En los oscuros rincones de la ciudad, donde la luz del día apenas se filtraba entre las sombras, un grupo de hombres vestidos con trajes oscuros y miradas penetrantes se reunía en un bar clandestino. Eran los hombres del diablo, aquellos que cumplían sus órdenes y controlaban cada rincón del inframundo. Su líder, conocido solo como "el Mensajero", tenía una misión apremiante: encontrar a Margarita.
Nuevamente regresan los hombres del diablo sin nada.
--- Jefe lo único que pudimos averiguar es que la mujer esa Margarita, vendió el restaurante y regreso a su país a vivir con una sobrina, los vecinos siempre la vieron sola,--- dice el mensajero
--- Maldita sea!!!,--- grita el diablo tirando todo lo que había sobre su escritorio.
El diablo empezo a tratar de calmarse para planear su próximo movimiento. Tamara había encarnado lo que era su esencia, el placer, la tragedia, la belleza en su forma más pura. Perderla era una herida profunda, esa niña era su obsesión, su pequeño juguete.
Pero ya vería cuando la tenga nuevamente en manos no podrá escapar y sabrá que nadie huye del diablo sin pagar las consecuencias.
Mira por la ventana de su oficina, --- necesito un nuevo juguete, busquen entre esas zorras cual es la mejor y la traen, tengo que descargar mi enojo, --- dice el diablo.
Sus hombres bajan y empiezan a mirar a las chicas, estas tiemblan de miedo.
--- Tú, --- dice el mensajero, apuntando a una chica delgada pelirroja
--- No, no,--- por favor suplica la chica, la suben a la oficina del diablo, la tiran dentro y cierran la puerta.
Lo único que se escucha afuera de la oficina son gritos y golpes. Dentro, el diablo toma a la joven con mucha violencia, cada golpe era una satisfacción para él.
Envuelve en sus manos el rojo cabello de la chica, le recuerda a Tamara, su Tamara.
--- No llores disfruta, como lo haría mi Gema, gime,--- decía el diablo
La pobre chica no podía el dolor era grande en su mente pensó en como Gema podía soportar al diablo, ese hombre es una bestia, no tiene corazón.
Empieza a fingir gemidos y eso enfurece más al diablo, qud toma su cuello y lo aprieta,--- eres una inútil ,---
La joven empieza a pegar en sus brazos tratando de soltarse del agarre del diablo, pero era imposible, sus fuerzas disminuyen, sus ojos se van cerrando, dejando de respirar.
El diablo estaba furioso patea el cuerpo de la joven, llama a sus hombres, que al entrar ven el cuerpo inerte de la chica.
--- ya saben que hacer,--- dice el diablo
Los hombres sacan a la joven muerta mientras las otras lloran al ver el cuerpo ser arrastrado.
En las noticias aparece una periodista, informando del cuerpo encontrado sin vida de una joven, con marcas de golpes y su rostro completamente desfigurado. En su muslo derecho el tatuaje de un escorpión.