capítulo 6

1527 Palabras
Javier y César se sentaron en la pequeña cabaña de Loren, el aire denso y cargado de recuerdos. La luz tenue filtrándose a través de las ventanas polvorientas únicamente acentuaba la gravedad de la conversación que estaban a punto de tener. Javier no podía dejar de pensar en su prima Tamara, en su lucha contra las adicciones, en los secretos que había ocultado tras una fachada de normalidad. --- ¿Por qué mi abuela pidió que no le dijeran a sus padres que Tamara había vuelto al pueblo? --- murmuró Javier, su mente atrapada en un torbellino de preguntas y temores. César, siempre práctico, rompió el silencio que lo envolvía. --- Quizás debamos saber el motivo por el que cayó en las drogas. Si entendemos su historia, tal vez podamos ayudarla. La respuesta llegó como un susurro, pero tenía el peso de una revelación. --- Mi abuela, ella debe saber. --- La expresión en su rostro era seria, casi decidida. Javier miraba a su amigo. César asintió firmemente. --- Entonces vamos a hablar con tu abuela. Los dos amigos caminaron por el sendero que llevaba a la cabaña de Loren. Al llegar, el crepitar de la madera bajo sus pies les recordó que a veces los lugares más familiares guardan los secretos más oscuros. --- ¿Qué hacen acá? --- preguntó Loren, mirando a los jóvenes con una mezcla de curiosidad y preocupación. Javier dio un paso adelante, sintiendo el peso de la verdad en su pecho. --- Abuela, queremos ayudar a Tamara, pero necesitamos saber todo para buscar cómo ayudarla. Loren suspiró, el sonido resonando en la cabaña como un eco de viejos lamentos. --- Entren, lo que les voy a contar, Tamara no puede saber que se los dije. --- La advertencia flotó en el aire como un conjuro, y ambos amigos asintieron, conscientes del delicado equilibrio que estaban a punto de desestabilizar. Con un gesto, Loren los invitó a sentarse. Ella se acomodó en una silla, la madera crujió, y por un momento pareció que el tiempo se detenía. --- Cuando Tamara tenía trece años, fue vendida por su madre a un grupo de narcotraficantes. --- La voz de Loren tembló, pero continuó. --- También manejan prostíbulos y fue obligada a consumir sustancias de todo tipo,drogas y alcohol… y fue abusada. Así estuvo durante cuatro años. Cuando logró escapar...--- El relato de Loren llenó la cabaña de un silencio pesado. El horror de las palabras parecía absorber la luz, y la atmósfera se tornó densa y angustiante. Javier sintió un nudo en su garganta, mientras las lágrimas amenazaban con brotar en sus ojos. --- ¡Esto es horrible! --- exclamó César, apretando los puños. --- Nadie debería pasar por eso.--- Loren bajó la mirada, atrapada en sus propios recuerdos. --- Fue un milagro que lograra escapar, pero las cicatrices que dejó esa experiencia son profundas. A veces, las personas intentan llenar esos vacíos con sustancias, tratando de olvidar el dolor. Tamara esta intentando salir de ese infierno, --- Javier sintió que el mundo se le venía abajo. Siempre había visto a Tamara como alguien fuerte, pero estaba claro que detrás de su sonrisa había una historia desgarradora. --- Pero, abuela, ¿hay alguna forma de ayudarla? ¿De salir de esto?, ¿la policía?,--- Loren levantó la vista, sus ojos reflejaban una mezcla de tristeza y esperanza. --- Ayudarla requerirá tiempo y paciencia. Lo primero que necesita es apoyo emocional. No podemos presionarla ni hacerla sentir culpable por lo que ocurrió. La policía, Margarita me dijo están comprados por ese grupo de mafiosos, se hacen llamar el escorpión y su jefe el diablo, son muy peligrosos, --- César intervino, todavía procesando la información. --- Necesitamos encontrar la manera de que hable sobre lo que vivió. Sin embargo, no sabemos si está lista.--- --- Es un proceso delicado, --- afirmó Loren. --- Deben acercarse a ella con amor y comprensión. A veces, solo hace falta que alguien esté dispuesto a escuchar sin juzgar. La conversación fluyó entre ellos, cada uno compartiendo ideas y estrategias. Mientras tanto, Javier luchaba con sus propias emociones. Nunca imaginó que la vida de Tamara estuviera marcada por un dolor tan profundo. De repente, sintió que la oscuridad de esa revelación era demasiado pesada para llevarla solo. --- Abuela, gracias por contarnos esto. Nunca pensé que Tamara estuviera atravesando algo así. Quiero ser un buen primo mayor para ella, --- Loren sonrió, aunque conteniendo la tristeza en su voz. --- Solo recuerda que la sanación no es lineal. Habrá avances y retrocesos. Lo importante es que ella sienta que tiene un lugar seguro en su vida.--- Los tres continuaron hablando sobre formas de acercarse a Tamara, de cómo abrir la conversación sin forzarla, de cómo ofrecerle un espacio donde pudiera sentirse protegida. Con cada palabra compartida, Javier sentía que en su interior comenzaba a brotar una chispa de esperanza, aunque sabía que el camino sería largo y tortuoso. Finalmente, César rompió el silencio de la cabaña. --- Bueno, creo que hemos hablado lo suficiente por hoy. Tal vez deberíamos ir a ver a Tamara.--- Javier asintió, sintiéndose más decidido que nunca. --- Sí, vamos juntos. No la dejaremos sola.--- Agradecieron a Loren antes de salir, llevando consigo la carga de la verdad y un renovado sentido de propósito. Mientras caminaban de regreso por el sendero, Javier se dio cuenta de que aunque el pasado de Tamara era sombrío, era posible ofrecerle una luz en la oscuridad, un rayo de esperanza que la guiara hacia mejores días. Al final del camino, se prometieron a sí mismos ser los mejores amigos que pudieran ser y dar a Tamara el apoyo que tanto necesitaba. La lucha apenas comenzaba, pero en el corazón de Javier, una idea florecía: en la unión de la amistad y el amor, se encontraba la verdadera fuerza para sanar. Con esa determinación, se encaminaban al encuentro que podría cambiarlo todo. Mientras caminaban a la cabaña de Tamara y Margarita, Javier se detuvo en seco, sintiendo cómo una ola de ansiedad lo invadía. El crujido de las hojas secas bajo sus pies parecía resonar más allá de su control. César, que iba justo detrás, se percató de su pausa abrupta y le preguntó con curiosidad: —¿Qué haces? Javier evitó mirarlo a los ojos y mantuvo su mirada en el horizonte, donde los árboles comenzaban a mezclarse con la penumbra del atardecer. La presión en su pecho se hacía cada vez más intensa. —No puedo ir —murmuró finalmente—. Mi madre amenazó con llamar a sus padres. Si lo hace, imagina lo que pasará.--- César frunció el ceño, tratando de entender la tormenta interna que asediaba a su amigo. Sabía que la situación con Tamara era complicada. Su prima había estado lidiando con problemas de adicción, y Javier siempre había sentido la necesidad de protegerla, pero ahora sentía que esa carga se volvía demasiado pesada. —Entiendo —respondió César, tratando de ser comprensivo—. Pero tú, al menos, ve y averigua cómo funciona el tratamiento para la recuperación de adicciones. Necesitamos saberlo para ayudarla.--- Javier asintió lentamente, sabiendo que César tenía razón. Se dio la vuelta y comenzó a caminar de regreso a su casa, con la mente agitada por la preocupación y la culpa. Mientras se alejaba, las palabras de César resonaban en su mente: “Necesitamos saberlo para ayudarla”. ¿Cómo podía ayudar a Tamara cuando ni siquiera podía enfrentarse a su propia familia? Al llegar a su habitación, encendió su computadora con manos temblorosas. Las luces del monitor iluminaron su rostro, y en ese momento, el deseo de encontrar respuestas superó su miedo. Comenzó a investigar sobre tratamientos para adicciones, navegando por enlaces de sitios web, estudios y recursos en línea. A medida que profundizaba en el tema, notó que su visión se ampliaba. Aprendía sobre los diferentes enfoques, desde la terapia cognitivo-conductual hasta los programas de rehabilitación, y se dio cuenta de que el camino hacia la recuperación era complicado, pero no imposible. Algo en su interior se encendió; el conocimiento que adquiría lo empoderaba. Mientras leía, una idea comenzó a tomar forma: ¿y si él pudiera dedicarse a ayudar a otros jóvenes como Tamara? Un nuevo objetivo se instaló en su corazón. Decidió que estudiaría medicina. No solo quería entender el funcionamiento del cuerpo humano, sino también poder ofrecer una mano amiga a aquellos que, como su prima, luchaban contra sus propios demonios. La psicología también le llamaba, pues veía el vínculo fundamental entre la mente y el bienestar físico. Quería ser parte de ese cambio, ser alguien en quien las personas pudieran confiar en momentos de desesperación. Con determinación renovada, Javier cerró la computadora y se dejó caer en la cama. Sabía que el camino sería arduo, lleno de desafíos y sacrificios, pero estaba listo para asumir la responsabilidad. La iluminación que había encontrado en medio de la oscuridad le brindaba esperanza, tanto para él como para su prima. No podía venir a Tamara físicamente, pero con la educación y las herramientas adecuadas, podría ayudar a muchos jóvenes a encontrar su propio camino hacia la luz.
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