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Rechazada y Abandonada

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Descripción

Libro I de la serie de los olvidados 

Lily ha sido acosada y abusada durante años, pero después de que su pareja la rechaza, decide que es hora de luchar. Algo se rompió dentro de ella cuando Kyle rechazó su conexión, pero vuelve a unir sus piezas rotas para hacer a alguien más fuerte y más resistente. La manada de Lily puede haberse vuelto contra ella, y su familia puede odiarla, pero finalmente está aprendiendo que se merece algo mejor. Es hora de que ellos también aprendan eso y ella será la que se lo demuestre a todos. Con la ayuda de Matt y Finn, el nuevo estudiante y maestro que luchan por protegerla, Lily finalmente se convertirá en el hombre lobo fuerte que estaba destinada a ser.

Autora original: Maggie Ireland

Link: https://www.dreame.com/story/1420631808-rejected-and-forsaken

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Prólogo
A los ocho años, Lily se consideraba muy adulta. Después de todo, solo era dos años más joven que su hermano. Sin embargo, eso no significaba que pudiera caminar sola a casa, por lo que estaba siguiendo a su hermano, Sam, y a su vecino, Kyle. Siempre caminaban a casa juntos, pero a Lily no le importaba. Significaba que podía ver a Kyle todos los días después de la escuela. Kyle era el amigo de su hermano, y también era el chico con el que Lily quería estar para siempre. Ella simplemente sabía que él era el indicado: su pareja. Esperaba que un día él la mirara de la misma manera en que su papá miraba a su mamá, como si ella fuera su mundo entero. Incluso si a veces el papá de Lily era cruel, amaba a la mamá de Lily, y un día, Kyle llegaría a amarla de la misma manera. Lo había planeado todo, y sería perfecto. Desafortunadamente, Lily estaba tan ocupada soñando despierta sobre su futuro, que no se dio cuenta de que los dos chicos habían comenzado a correr a casa sin ella. —¡Sam, espera! —gritó, tratando de alcanzarlos con sus piernas demasiado cortas—. ¡Kyle! O no la oyeron, o no les importaba que ahora estuviera media cuadra detrás de ellos. Siguieron corriendo hasta que estaban tan lejos que no había manera de que pudiera alcanzarlos. Lily trató de correr más rápido, odiando que la hubieran dejado atrás, pero tropezó con la acera irregular, raspándose las rodillas y las manos contra el áspero pavimento. Miró hacia abajo, a sus rodillas. Cuando vio la piel rasgada y la sangre, no pudo contener las lágrimas. A Lily no le gustaba llorar porque Kyle siempre decía que llorar era cosa de bebés, pero odiaba la sangre aún más. Después de mirar sus manos raspadas, lloró todavía más fuerte, sus sollozos eran ruidosos y feos. Lily quería a su mamá. Aunque sabía el camino a casa, no sabía si podría caminar hasta allá sola. Esperó unos minutos, esperando que Sam y Kyle regresaran por ella, pero cuando no hubo señales de ellos, se esforzó por levantarse. Sus piernas se sentían rígidas y adoloridas mientras se ponía de pie. Lily comenzó a cojear por la calle, pero se detuvo cuando escuchó un coche que pasaba lentamente a su lado. Giro la cabeza y vio a un hombre detener su vehículo y salir de él. Caminó hacia ella, deteniéndose a pocos pasos de distancia. —Hola. Te vi caer, ¿estás bien? —preguntó. Lily sabía que no debía hablar con extraños, así que se mantuvo en silencio y dio un pequeño paso atrás. —Está bien. Solo quiero ayudar —dijo él, con voz tranquilizadora—. Puedo ver que estás herida. Lily asintió, dejando escapar algunas lágrimas más. —Me duele —susurró, pero él parecía escuchar sus palabras suaves. —Lo sé, cariño. Tal vez pueda ayudarte a llegar a casa —sugirió el hombre, señalando su coche. —Mamá dijo que no debo subirme a coches con extraños —dijo Lily con el ceño fruncido. —Pero no soy un extraño —le dijo—. Conozco a tus padres. —Si los conoces, ¿cuáles son sus nombres? —preguntó, pensando que era una buena prueba para ver si decía la verdad. Él le sonrió. —Rose y Gabriel. Y tu nombre es Lily —Dio un paso adelante y se arrodilló frente a ella—. Puedo llevarte a casa con tu mamá. Estoy seguro de que quieres verla, ¿verdad? —Extendió su mano hacia ella. Lily se mordió el labio mientras pensaba en ello. Su mamá siempre decía que no debía confiar en los extraños, pero este hombre no parecía uno. —Supongo que está bien —aceptó finalmente. Justo cuando tomó la mano del hombre, escuchó a su mamá gritar su nombre. Lily miró por encima de su hombro y vio a su mamá corriendo hacia ellos. —¡Mami! —exclamó con una sonrisa, olvidándose de sus lágrimas. Lily intentó correr hacia ella, pero el hombre no le soltó la mano. Lo miró con el ceño fruncido—. Quiero a mi mamá —le dijo. Pero en lugar de dejarla ir, la arrastró hacia su auto. —¡No! ¡Déjala ir! —gritó la mamá de Lily mientras se acercaba. Lily comenzó a llorar otra vez. No entendía lo que estaba sucediendo. El hombre intentó empujarla dentro del auto, pero su mamá agarró los dedos que rodeaban la mano de Lily y los dobló hacia atrás. Lily escuchó un crujido. El hombre gritó de dolor y soltó su agarre sobre Lily. —Eres una perra —rugió. —¡Corre, Lily! —gritó su mamá. Lily observó horrorizada cómo el hombre le daba una bofetada a su madre. La golpeó tan fuerte que cayó al suelo a unos pasos de distancia. Se acercó a ella y la levantó del cabello. —¡Mami! —gritó Lily, corriendo para ayudar. Le dio una patada en la pierna al hombre, esperando que dejara ir a su mamá, pero no pareció afectarlo. La empujó antes de volver a sujetar a su mamá. El hombre sacudió a la madre. —¡Deja de luchar! —le gritó a la cara, haciéndola estremecerse—. Me dijeron que llevara a la niña, pero la esposa del líder podría ser incluso mejor —dijo con una sonrisa aterradora. La madre de Lily giró su rostro hacia Lily y le dijo con los labios la palabra “corre”. Lily se quedó lo suficiente para ver a su mamá darle una rodillazo en sus partes y luego patearle el pecho cuando él cayó de rodillas. Se dio la vuelta y corrió a casa, sabiendo que necesitaba buscar a su papá. Lily corrió tan rápido como pudo. No parecía lo suficientemente rápido, y cuando finalmente vio su casa, gritó: —¡Papá! —a todo pulmón. Podía verlo jugando al atrape con Sam y Kyle en el jardín, pero al sonido del grito de Lily, su mirada se volvió hacia ella. Sus ojos se agrandaron, pero enseguida corrió hacia ella. Cuando la alcanzó, la miró de arriba a abajo. —¿Qué pasó? —preguntó, sus ojos fijos en la sangre de sus rodillas. —Tienes que ayudar a mamá —le dijo Lily, con la voz entrecortada por las lágrimas—. Hay un hombre malo. No esperó a escuchar otra palabra antes de comenzar a correr en la dirección en la que ella había venido. Lily lo siguió, y Sam y Kyle se unieron a ella, superándola en segundos. Para cuando Lily llegó a donde había dejado a su mamá, todos los demás ya estaban allí. El auto del hombre se había ido, pero Lily no estaba segura si eso era algo bueno. Su papá estaba arrodillado en el suelo, sosteniendo algo en su regazo. Lily se acercó y vio que era su madre. Sam y Kyle estaban mirando su cuerpo inmóvil con ojos muy abiertos y los rostros serios. —¿Mamá? —dijo Lily suavemente, pero su madre no se movió, y sus ojos permanecieron cerrados—. ¿Mami? —dijo más fuerte, pero su madre aún no despertó. Lily miró a su padre, esperando que le dijera que todo iba a estar bien, pero las lágrimas corrían por sus ojos. —¿Papá? —susurró. —Está muerta —dijo sin emoción—. Está muerta —repitió aturdido. Sus palabras destrozaron a Lily, pero él no pareció notar que la había roto en pedazos, incluso cuando su mirada se volvió hacia ella. —¿Qué pasó? Estaba demasiado impactada para responderle, sus palabras resonaban cruelmente en su mente. Está muerta. Está muerta. Cuando Lily solo sacudió la cabeza en señal de negación, él gritó la pregunta de nuevo. —Fue... fue el hombre malo —explicó entre sollozos—. Me vio caer... y... y dijo que me llevaría a casa. Iba con él, pero entonces llegó mami, y él no quería soltar mi mano. Su papá parecía enojado ahora, y a ella no le gustaba eso. Su papá era el Alfa, y Lily sabía que eso significaba que era el más fuerte de su manada. Levantó el cuerpo de su madre de su regazo. La colocó suavemente en el suelo, pero su mandíbula apretada mostraba que estaba listo para golpear algo, como solía hacer cuando estaba enojado. —Lo siento, papá —dijo Lily desesperadamente. Él la agarró bruscamente por los hombros y la sacudió. —¿No te hemos enseñado nada? ¡Te dijimos que no te subieras a los coches con extraños! —le gritó. —Él conocía nuestros nombres, así que pensé que estaba bien ir con él —le dijo, tratando de hacerle entender. —¿Estás loca? —gritó antes de empujarla al suelo—. ¿Por qué simplemente no corriste a casa? Tal vez si lo hubieras hecho, ella todavía estaría viva. Su voz se quebró mientras señalaba el cuerpo de su madre. Sus palabras eran como cuchillos cortando la piel de Lily. Sintió cada una de ellas cortándola. Miró a su hermano en busca de ayuda, pero él desvió la vista, permaneciendo en silencio ante la ira de su padre. —¿Sam? —dijo ella con voz quebrada, pero él se negó a mirarla. Luego dirigió su mirada a Kyle, solo para encontrar desdén en sus ojos. La mamá de Lily estaba muerta, y todos los que amaba pensaban que era su culpa. Tal vez era su culpa. Tal vez su papá tenía razón. Lily caminó hacia el cuerpo de su madre e intentó agarrar su mano, aferrándose a la esperanza de que la mujer podría simplemente estar durmiendo. Sin embargo, cuando extendió la mano, su papá le dio un golpe en la mano. —¡No la toques! —gritó. Kyle añadió otra herida a la colección de cortes invisibles en su piel al acercarse a ella y empujarla hacia atrás. —Solo lárgate —escupió—. ¡Esto es tu culpa! Lily tropezó alejándose de ellos, sin entender cómo todo había salido tan mal. Se dio la vuelta y corrió a casa, sin detenerse hasta que se acurrucó bajo su manta. Quería esconderse del mundo, de su familia y de Kyle. Oró para que cuando despertara al día siguiente, todo volviera a la normalidad y su mamá todavía estuviera viva. Deseaba que todo fuera un terrible sueño, y que despertara con el rostro sonriente de su madre y con el olor de panqueques o tocino subiendo a su habitación desde la cocina. Deseaba despertar y que todo fuera como cualquier otro día. Pero no era más que fantasía, una esperanza inútil. Lily debería haber sabido que las cosas solo empeorarían, mucho más de lo que ella pensaba.

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