—Daniela —demanda con voz firme, lo que me hace volver a la realidad.
—Voy —digo escuetamente, mientras en dos pasos entro y me giro para quedar de frente a las puertas y de espalda a él.
Marca el piso doce y pausadamente suelto el aire contenido, cada piso que el ascensor se detiene está vacío, pero al parecer el ascensor hace las paradas obligadas en cada uno de ellos «Jodida suerte, jodidos ascensor vacio»
—Tranquila — dice mientras posa sus manos sobre mis hombros y al instante de sentir su calor me sobresalto —¡Shhh! Todo estará bien.
Afirmo con la cabeza ahogando los sentimientos que se apoderan de mí ser y acumulan su salida en mi garganta. Desesperándome al instante que tira de mi cuerpo y lo cubre con sus brazos, el calor me causa repulsión, pero el miedo, ese que se apodera de mí cada vez que lo sé cerca, me paraliza y me mantiene allí inmóvil a su lado.
Dócil, obediente y manejable es como quedo en sus manos. Besa mi cabeza y aspira el olor de mi cabello, su agarre me aprieta un poco más y de inmediato las lágrimas son tragadas con dificultad por mi garganta. Sus manos recorren mis brazos en un gesto de confortación, pero es justo todo lo contrario lo que me produce.
El ascensor abre en el piso once y suben dos personas junto a nosotros, Rodrigo nos lleva más atrás dejando en nuestro frente a los dos señores que hablan despreocupados de sus temas. Mientras mi mundo se colapsa de a poco el resto sigue su curso sin inmutarse siquiera por ello.
«Estoy sola, nadie se da cuenta de que estoy en contra de mi voluntad» «Si gritara que me están obligando a estar a su lado ¿Harían algo estas personas? ¿Me ayudarían?» mis pensamientos se vuelven tormentosos y decido parar antes de que me vea mucho más afectada. Para cuando llegamos al piso doce, el ¡pin! Del ascensor es una melodía angelical para mí, la campana de la salvación y la salida del encierro.
Dejando un beso rápido en mi mejilla, Rodrigo me suelta y jala de mi mano, despidiéndose de las personas que quedan en el ascensor y encaminándonos por el pasillo frío y vacio del área de Terapia Intensiva.
Llegamos a un cartel que demarca “Sala de Espera UCI”, y antes de entrar toma mi cara entre sus manos y besa mis labios, un sollozo bajo sale de mí ser y este lo ignora mientras me habla al terminar el beso:
—Todo estará bien, no lo olvides Daniela, solo conmigo podrás ser libre y salvar a las personas que amas, pórtate bien y seré generoso dejando de lado al tipucho ese de Tayler Braxton.
Congelada es como queda mi vida al escuchar las palabras de “El Tío” sé lo que implícitamente está indicándome en su dejar de lado a Tayler, escuchar su nombresalir de él, no es algo que me agrade, no puedo permitir que si quiera piense en dañarlo o que lo recuerdo debo lograr que se olvide por completo de él y necesito que nunca más tan siquiera lo piense. Así que sabiendo que es lo que lo hace feliz, me aferro a sus antebrazos con mis heladas manos y llevo mi humedad mirada hacia la suya, respiro y me lleno de valor, ese valor de protección que nace justo en este momento que imagino a Tay, mi Tayler, en peligro. No lo permitiré, igual que no dejaré que vuelva a dañar a nadie de mi familia con lo Dan he aprendido tristemente la lesión.
—Yo- yo haré lo que quieras —digo con voz suplicante— me portaré bien, realmente obedeceré, pero por favor, por favor —trago el nudo que genera la desesperación en mi garganta— no dañes a ninguno de ellos…
— ¿Realmente obedecerás?, ¿te alejarás del Braxton ese? —Toma mis manos de sus brazos y me pega a él, mientras acerca su boca a la mía— dime Daniela, ¿realmente harás eso? —susurra sobre mis labios.
—Si… —respondo quedito.
—Convénceme —demanda en susurros sobre mis labios y su cálido aliento choca contra mi boca, mi pulso se acelera y mi respiración se agita de terror, pero sé muy bien cuál es el siguiente paso que debo dar y que desde un momento en que lo de, no tendré retorno.
Así que con miles de palabras retumbando en mi cerebro una y otra vez, más las imágenes de Tayler siendo atacado por Rodrigo la noche anterior, doblegado y golpeado hasta sangrar, abruman mi mente y hago lo único que me queda para salvarlos de está total locura, puede que hayan más opciones, quizás pueda haber otras soluciones, pero en este justo momento mientras deseo el ¡CORTEN!, de esta escena, termino con la distancia mínima entre nuestros labios y lo beso, un beso desesperado y suplicante de esperanza, de misericordia de Rodrigo para con las personas que amo y mientras respondo y me entrego al irremediable y tortuoso beso mi mente se aísla pidiendo la ¡SIGUIENTE TOMA!