Rodrigo culmina el contacto entre nuestras bocas, lo que me ha parecido siglos de seguro solo han sido escasos segundos, pero el tormento que me posee por el hecho de ceder ese poder de dirigirme me hacen ver que su duración fue eterna en torturas implacables.
Une nuestras frentes y deja salir un suspiro, mi cuerpo permanece rígido y su cálido aliento roza mis labios al hablarme:
—Te espero dentro, no tardes, mí Dani —dice y luego veo que de reojo mira hacia donde hace poco nos ha dejado el ascensor.
Contrariada por la dulce actitud de Rodrigo y aun con muchos sentimientos revueltos en mi interior, dejo salir el aire retenido y respiro profundamente tratando de controlar la tensión de mi cuerpo, elevo mi rostro hacia el techo del pasillo, tratando de evitar las lágrimas contenidas con el nudo en mi garganta salgan a raudal, ya que debo entrar a ver a mis padres y por mucho que quiera gritar todo lo que me ahoga o encontrar ayuda, soporte un apoyo en cualquier persona que me sostenga para enfrentar todo esto, no puedo en estos momentos hacerlo. Mis padres ahora necesitan enfocarse en Dan, deben centrar todo para que él salga lo mejor parado de este estado.
Dejo salir de manera sonora el aire retenido, luego de algunos minutos, un leve movimiento hacia mi derecha me trae a la realidad y buscando la causa de ello, mis ojos se abren ampliamente a ver a la persona que está justo delante del ascensor, ¿en qué momento llego allí? Y ¿Desde cuándo? Mi cuerpo se congela y mi mente se bloquea, abro y cierro mi boca varias veces por no encontrar las palabras… Mi mirada ahora sí reboza de lágrimas, no puedo si quiera pensar en que haya presenciado los últimos minutos de mi conversación con Rodrigo, que en realidad fue el beso que me vi obligada a darle, cediendo a mi voluntad.
Su rostro refleja desconcierto, está colorado y sus manos hechas puño a sus costados, su mirada fija y cargada de tantos sentimientos pero sobre todo la clara perturbación que grita todo su cuerpo, de manera lenta con pasos rígidos se acerca hacia donde aún estática me encuentro.
Levanta su mano lenta y pesadamente, como si le costara hacer el movimiento, la dirige hacia mi mejilla pero a centímetros de tocarla se detiene, confundida por su acción busco sus ojos en búsqueda de una respuesta, ¿por qué se detiene?, pero tiene sus ojos cerrados fuertemente y una lagrima recorre su mejilla izquierda, mi mano sin pensarlo se mueve a secarla, pero su voz gruesa y llena de un evidente dolor, uno que me carcome aunmas los restos de mi alma me detienen:
—No —Firme, seca y monosílaba su orden me detiene en seco.
—Pe-pero… — tartamudeo la única palabra que logro pronunciar desde hacer muchos minutos.
—No, no puedo —dice mientras rápido se aleja de mí y se encamina hacia la puerta de las escaleras de emergencia.
Mi corazón late muy rápido y su golpetear me causa mucho más dolor del que creí podía sentir, lo veo adentrarse en la vacías y olvidada área por muchos sin poder mover si quiera mi mano que aun se encuentra suspendida en el aire, el golpe en seco de la puerta la cerrarse tras él, me hacen reaccionar y con un impulso me aliento a moverme sé que tengo solo una dirección que tomar, pero resistiéndome a ir en contra, me encamino rápidamente hacia allá y cuando veo todo vacío el desespero me invade y mi pecho grita lleno de angustia su nombre:
— ¡Tayler! —Y comienzo a correr escaleras arriba cuando percibo que corre hacia la azotea del edificio.
Escalones pasan una y otra vez por mis ojos, su visión borrosa hace que mi pecho se contraiga y me percato que voy llorando. No puedo dejar que él crea que he cedido o elegido a Rodrigo, sé que después de ver el beso eso es lo que parece pero no es cierto, nada más lejos que yo queriendo aceptarlo.
Escucho cuando la puerta de lo que deduzco es la de la azotea cierra de golpe y el sonido por el vacío que se forma en el espacio de las escaleras hace que un escalofrío me recorra, me impulso agotada a recorrer los últimos escalones pasándolos de dos en dos, cuando estoy frente la puerta no puedo respirar con normalidad, así que inhalo lo mas que pueda de aire y mientras muevo la palanca de la puerta exhalo el aire contenido. Mi vista se ciega por un momento debido a la claridad y el calor que surge del piso, el sol esta justo sobre la clínica por lo que golpea directamente en esta área. Resguardo y limpio mis ojos con el dorso de mis manos, y tratando de enfocar mi vista busco a mi amor, necesito que me escuche, si Tayler decide apartarse de mí, decisión que entendería muy en claro seria mi final, porque no creo logre soportar vivir así sin tener ningún motivo por el cual respirar en mi ahora tortuosa vida.
Camino algo desorientada por el entorno y el sol, que calienta inclemente mi piel, mientras sorbo por mi nariz gracias a mi llanto, me paro en medio de la azote cuando vuelvo al punto del inicio de espalda a la entrada coloco mis manos sobres mis caderas y agacho mi cabeza hacia el suelo, tratando de encontrar un solo pensamiento positivo en toda esta maldita situación, que solo me desconsuela cada segundo que pasa.
Ahogo un grito al sentir que me abrazan desde la espalda, inicialmentepienso que podría ser Rodrigo y mi cuerpo se alerta, pero es cuando escucho su voz que se que es él y un irremediable sentimiento de protección me invade llevándose toda la angustia y agonía que he sentido los últimos meses, permitiéndome drenar de una manera real todo el dolor interno.
—Lo besaste —me dice con su voz ahogada en llanto— y entonces rompo yo también a llorar —, lo besaste y yo estaba allí —gruñe— dime, Daniela, cómo rayos algo para no morir imaginándote en sus brazos, imaginando que él te tiene más cerca que yo.
Niego con mi cabeza repetidamente, él no puede creer eso, no quiero me niego a que se martirice así, realmente estoy sintiendo el daño que esta situación le está haciendo.
»Me siento impotente, un fracasado, te amo Daniela ¡Te amo! Con mi alma —levanta la voz mientras su agarre se hace más fuerte sobre mi— Y no puedo protegerte de ese desgraciado psicópata —restriega su rostro sobre la parte trasera de mi cabeza, mis manos se aferran a su brazo que ahora se ha posado sobre mis hombros —Maldigo a ese hombre, maldigo el día que se fijo en ti…
Mi cuerpo se estremece por el llanto, y su sollozos se hacen fuertes realmente puedo sentir la desesperación, dolor y odio en cada una de sus palabras.
—Sentí que morí , al verte besarlo, al ver como el disfrutaba de tu sumisión delante de sus palabras, de cómo te manipula y que evidentemente no puedes hacer nada, me parte el corazón ver tus ojos llenos de angustia mientras tu cuerpo cede a sus deseos —su voz ronca se intensifica en cada palabra que menciona— Deseo matarlo Dana, ¿en qué me convierte eso?, ¿en un héroe, un desalmado, un asesino o en un maldito igual a él?
—No —digo con dolor al escucharlo si quiera pensar en compararse con él—, no, no, ni lo pienses— me volteo entre sus brazos y lo tomo por su rostro jalando hacia abajo su cara acercándola a la mía, nuestras frentes quedan unidas.
—Lo imaginé, Daniela, lo imagine. Allí acariciándote, tocándote y yo-yo —y no logra culminar porque su llanto inunda el silencio de la azotea su cuerpo recae en su peso sobre el mío, mientras Tayler, llora desbocado por el dolor interno que yo le causo.
—¡Shhh!, no digas nada, olvídalo, Tay, mírame ¡Por favor! Mírame, no te hagas esto, no nos hagas esto.
Entonces levanta su mirada atormentada fijándola sobre la mía y me besa, fuerte, desesperado y sin medida, entregándome su angustia, su dolor y recibiendo mi tormento y sin importarme nada me dejo besar, nuestros cuerpos ceden y quedamos tirados en el hirviente piso, pero no nos importa, porque es nuestra manera de reconocernos, confortarnos y resguardarnos el uno al otro.
Llevándonos lejos todo el dolor que existe en nuestro interior.