Acto 29

920 Palabras
Daniela La sensación de frio en mi cuerpo me despierta, me remuevo y me siento entumecida, logro estirar mi cuerpo y al abrir mis ojos me quedo inmóvil, todo cae de golpe en mi mente y los recuerdos y sensaciones de ayer, de hoy o no sé de cuando, me golpean de lleno. No sé qué hora es, o qué día que es lo peor. Me muevo lentamente y la tenue luz de la habitación me permite observarla, un vacío se hace en mi estómago cuando veo una de las puertas abrirse y Rodrigo sale vestido con Jean y franela negra, me mira y sonríe. Me tenso al verlo acercarse, la sensación de miedo retorna en mí ser completamente. —Buenos días, mi Dani —me dice mientras besa mi frente— es hora de levantarse bueno ya es de tarde son las tres, así que espero estés de ánimo para ir a visitar a tu hermano, Alejandra se fue después de almorzar, le dije que apenas te despertaras estaríamos por allá con ellos. Así que no lo hagamos esperar. Tira de mis manos y me ayuda a levantar, sosteniendo mi mano me lleva hasta mi habitación y la sensación de libertad que experimento en el momento que dejamos esa cueva de él, me sorprende pero me reconforta. Llegamos a mi puerta y me adelanta tomándome por mis hombros. —Arréglate pronto comeremos por el camino a la clínica, ya tu hermano a sido ingresado y tus padres esperan por ti, en veinte minutos debemos partir —me indica para luego dejar un beso en mi cabeza antes de darse la vuelta y perderse. Entro rápido a mi cuarto y le coloco seguro a la puerta, luego tomo mi celular y lo enciendo, miles de llamadas de Tayler se muestran y algunos mensajes de texto comienzan a entrar en la bandeja, respiro y me niego a llorar más aún. Necesito centrarme no puedo solo ser una máquina de lágrimas ambulante, debo tomar la rienda de la situación y mirar las soluciones. Leo los mensajes y los borro, todos son de Tayler preguntándome como estoy y algunos demostrándome su dolor, pienso en lo egoísta que soy haciéndolo sufrir de esta forma y al mismo tiempo el que lo seguiré siendo porque sin él no creo lograr superar esta situación. Le respondo que estoy bien y que vamos saliendo a la clínica que luego le llamo o le escribo y que lo amo muchísimo. Su repuesta no se hace esperar y en seguida me indica que soy su vida y que necesita escucharme. Le prometo que haré lo posible por llamarle y cierro el Chat, así que corriendo me ducho con agua fría y me pongo ropa cómoda, Jean, suéter de algodón color rosa y zapatillas deportivas, tomo una chaqueta y recojo mi cabello en una coleta, mientras me dispongo a tomar la vida de frente. Al salir de la habitación “El Tío” está parado en medio del pasillo hablando por celular, apenas se oyen los monosílabos con los que responde, al sentir mi presencia se voltea y me mira dejando que una sonrisa adorne su rostro, un escalofrío me recorre, pero lentamente respiro y me doy valor internamente «Yo puedo» «Soy fuerte e inteligente» «puedo con esto solo debo manipularlo»  tomando fuerza interna me encamino hacia él, ya que se encuentra en el camino a la salida. —Estoy lista —le digo con voz baja, a pesar que sé que debo enfrentar la situación con valor, no puedo evitar sentirme intimidada por él. —Bien. Baja, ya el auto está listo. Voy en seguida — me responde, mientras me da paso para seguir hacia la salida. Me encamino hacia la calle, sin mirar atrás, en realidad no quiero estar consciente de donde está o no, solo quisiera alejarlo de mi vida, pero tanto como que el aire es indispensable respirar, así mismo sé que él no me dejará tan fácilmente. Decido esperar para hallar la solución más adelante y por ahora centrarme en la salud de mi hermano, aunque he estado totalmente bombardeada con este tema mi hermano es otra preocupación que se suma a todo esto. A los pocos minutos de ya estar delante de la camioneta de Rodrigo, él llega y sonriéndome abre la puerta del copiloto instándome a subir, cuando estoy dentro se inclina y me coloca él mismo el cinturón de seguridad, y antes de retirarse deja un beso sobre mi frente. —Listo, estás asegurada. Dice antes de dar pasos largos por delante de la camioneta y subir a su puesto para manejar el mismo, luego de colocarse el cinturón nos encaminamos hacia la clínica, con un mando instalado en el volante coloca la radio y silenciosamente agradezco la distracción y mentalmente voy rogando que no quiera hablarme de nada. El camino se hace rápido entre algún semáforo lento y luego la vía despejada llegamos a escasas dos horas en total, nos bajamos y caminamos uno al lado del otro, o él a mi lado realmente, hasta llegar a los ascensores, trago grueso, realmente el saber que puedo estar a sola con él, lanza al piso todos mis planes de enfrentarme a toda la situación, con un leve temblor cierro los ojos al escuchar el ¡pim! Del ascensor al llegar, las puertas se abren y para mi terror está totalmente vacío, Rodrigo se adelanta y cuando ya esta dentro le toca sostener la puerta ya que me estoy tardando en entrar.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR