Daniela
Escuchar esa afirmación de parte de él, me hace tragar fuerte, el nudo en mi garganta se mantiene, no logro desaparecerlo y el miedo continua en mí.
Él continúa con su exploración por mi congelado y petrificado cuerpo y sin pensárselo me azota turnando la ubicación donde la fusta choca, mientras va mirando como mi cuerpo cambia de pálido a rojizo, aun con mi ropa interior no deja de golpear en los lugares que deberían ser más sensibles en este tipo de estímulos, según lo que él va diciéndome, pero yo lo que recibo es unas ganas interminables de vomitar todo lo que sea que internamente tengo revuelto por el hastío y el temor.
Sin poder controlarlo más un sollozo que estaba ahogando se escapa y en ese momento me arrepiento porque eso hace que él se acerque a mí, en un intento de consolarme.
— ¡Diosa! No llores, ¡Shhh! Tranquila solo déjate llevar, siente lo que voy enseñándote.
Mi cuerpo convulsiona ante el llanto y no puedo más, Rodrigo me acuna el rostro en sus manos y besa mi mejilla derecha, mi mente entra en confusión y me debato entre quedarme quieta como me ha instruido o reaccionar como grita internamente mi ser.
Aun cuando soy consciente que despertar su ira no es algo que deba hacer en ningún caso mi reacción es espontánea y comienzo a batirme de un lado a otra tratando de perder su agarre sobre mí, pero esto solo lo enfurece y es cuando grito que pare y me suelte que se enloquece al ver que entro en histeria y no dejo de gritar, un golpe en mi costado izquierdo me enmudece por el dolor, mis piernas se aflojan y mis brazos se tensan hacia su agarre al mi cuerpo flaquear delante el dolor, me ha golpeado de nuevo al costado y aunque es un golpe fuerte y el dolor me mata, soy consciente de todo lo que dice y hace.
— ¡Maldición! Daniela ¿Por qué diablos no te quedas quieta? ¡No quiero lastimarte!— camina raudo hasta el armario y saca algo plano en madera.
Mientras tomo aire intento soltar mis manos, quiero presionar mi costillas para apaciguar un poco el dolor, pero estoy bien sujeta además que él solo podría bajarme de allí, ya que me ha enganchado más alto que mi estatura aun con los malditos tacones.
—Te lo dije, no soy un hombre paciente Daniela, quiero que aprendas de buenas maneras, pero tú lo hechas a perder con tu ¡Estúpida Actitud!
Me grita en la cara, la cual me ha levantado por el mentón y aprieta fuerte pero no tanto como para marcarme, veo su rostro rojo y su aliento caliente golpea mi rostro y labios, reprimo un grito, pero cuando recuesta su frente de la mía, grito con frustración, quiero que alguien me saque de esta pesadilla.
— ¡Ayuda! No, no,Suéltame, ¡por favor ¡ —grito y suplico con la esperanza que se compadezca de mi, pero nada solo me sostiene más fuerte para que pare.
Mis piernas se mueven sin ser consciente y teniéndolo tan cerca lo golpe en la ingle, no es tan fuerte como me gustaría pero logro que de pasos atrás y me mire peor, y ahora sí creo que acabo de desatar su ira. El dolor en mi trasero lo confirma, un sonido seco se escucha por sobre mis gritos y el ardor invade mis nalgas, arde y siento picazón en ambas, trato de sobreponerme, fracasando en el intento y el segundo golpe llega más abajo del primero, y lo sé por el ardor en mi piel.
—Te dije que aprenderías —dice entrecortado, con voz jadeante de dolor
— ¡Por favor! — jadeo mediante el dolor.
—Te lo advertí ¡Maldita sea!, te dije que no te negaras a escucharme — me toma por el pelo y mis hipidos ahogan mi grito por el dolor del agarre, acerca su cara desde atrás a mi oído —Ahora aprenderás la diferencia del dolor y el placer.
Diez, fueron las veces que me golpeó con La Paletade madera.
Diez las veces que mi hizo repetir: «Debo obedecer y callar, al recibir una orden de usted ».
Diez los centímetros que descendí al quitarme los malditos tacones dorados.
Diez los segundos que tarde en correr de su habitación y encerrarme en la mía.
Diez las veces que me duche, intentado quitar inútilmente su inexistente olor de mi cuerpo.
Diez los pedazos que hice cada parte de mi ropa interior usada para ese momento.
Diezlas veces que lo maldije por hacerme vivir esto.
Diez las veces que marque y colgué antes de que conectara la llamada, al número de Tayler.
Diez los segundo que tardo en atender cuando deje que conectara la llamada.
Diez los minutos en lo que grite y llore al escuchar su voz.
Diez la veces que me repitió que no era mi culpa, que todo saldría bien.
Diez las veces que cantó, nuestro tema para tranquilizarme.
Diez las veces que me vestí tratando de no lastimarme el trasero que dolía como el infierno.
Diez las maldiciones por no tener más opción que ponerme un vestido holgado y diez las horas que pasaron para volver a ver su cara, delante de mi puerta, buscándome para ir a ver a mi hermano al hospital del pueblo.
«Odio el maldito número Diez» «Diez serian el número de balazos que gustosamente descargaría en su pecho »
Tayler
Escucharla me hace estremecer su llanto dura varios minutos, grita y me cuenta entre sollozos lo que él desgraciado le ha hecho, mi padre y mi hermano, quien había llegado minutos antes, entran a la habitación al escuchar mi grito de frustración, solo soy consciente de lo que sucede cuando mi padre, se coloca frente a mí y me hace céntrame
—Escucha Tayler ¡Cálmate!, Daniela llora aun al otro lado de la línea, te necesita —mi padre sostiene mi cara con sus manos y me hace mirarlo a la suya— así que respira y concéntrate en ella.
—Lo siento— digo con voz ahogada y me centro en Daniela.
Lograr que se calme es una total y completa locura, no encuentro que hacer, pero cuando ya no puedo más, canto, si le canto nuestra canción esa con la que nos entregamos por primera vez
Las primeras palabras salen ahogadas y roncas, pero apenas escucho que su llanto se detiene, mi voz se aclara y entono cada frase acorde al ritmo de la canción.
No sé en que momento mi padre y hermano han salido de la habitación, lo que soy consciente es que en algún momento Dana se queda dormida y yo logro escuchar su silencio por medio de la llamada que me niego a colgar, el dolor en mi pecho crece y la horrible ansiedad por abrazarla, pero sobre todo por verla crece a cada segundo invadiéndome por completo.
Mi hermano entra y con ayuda de papá me curan la mano, duele cuando me toma los puntos, al parecer me corte cuando estrelle mi puño sobre la mesa del centro y es profunda, me inyecta algo para el dolor y me coloca una vía para pasarme un tratamiento de Antibiótico, para así evitar alguna infección por el tiempo que lleva expuesta la herida.
— ¿Tayler? — pregunta en susurro, en seguida reacciono.
—Aquí estoy— le respondo de inmediato, y escucho como suspira.
—Voy…Tengo, tengo que colgar. Ya amaneció y voy a listarme para ir a ver a Dan, yo-yo te llamo apenas sepa como está.
—De acuerdo —digo no si antes soltar el aire que tome al escucharla decir que debía colgar.
—Gracias.
—No tienes porque agradecer, siento que te he fallado.
— ¡No! —Me dice en tono firme, aun con su voz ronca — tu no me has fallado, porque tu has sido la razón por la que no he enloquecido, y soy muy consciente que esto apenas empieza, pero no me voy a dejar vencer Tayler, porque tu eres el mejor motivo para yo sobrevivir, en algún momento lograre acabar con esta situación y eso será solo porque tu estarás allí conmigo.
—Eso no lo dudes nunca mi princesa, mi Daniela. Te amo.
—y yo Tayler, Te amo. — me lanza un beso y cuelga.
No puedo evitar sentir un vacío por toda esta situación, se que ella es fuerte ya me lo ha demostrado más de una vez y con esto solo lo ha confirmado, cuento las horas para verla necesito mirarla de frente, tocarla y escucharla en real, para calmarme un poco y seguir trabajando en ayudarla, ayudarlos a salir de esa evidente erupción, ya que esto es solo una pequeña muestra de lo que vendrá.