Baje con lentitud, tratando de evitar ese sentimiento de resistencia a entrar que se apoderaba de mí, los chicos de seguridad bajaron junto con Alejandra se adentraron a la casa, mientras otros bajaban las maletas, las que son menos que cuando partimos, resignada más que decidida me encamine hacia la entrada.
—Espera, Daniela —. Cerré los ojos y volteé a ver a Rodrigo quien me llamaba.
—A partir de hoy a las doce de la noche tocaras en mi puerta —por instinto apreté mis ojos, mis manos temblorosas se acunaron entre sí y negué sin ser consciente con mi cabeza —. Recuerda lo que hablamos y sobre todo que mi paciencia es poca.
—¡Por favor! —suplique bajo.
—No olvides que aceptaste, Daniela, aun así puedo ser menos paciente —. El terror me invadió, él me había asegurado que no iría más allá que enseñarme lo que sea que quiera, pero necesitaba descansar, había sido horas de tensión a su lado, la conversación de la tienda de servicios me rondaba aun con sabor amargo en mi boca y mi cuerpo estaba agotado, tan agotado que mi cerebro me hizo cometer el primer error, sin percatarme.
—Tío… —No logré terminar las palabras cuando él había acorralado mi cuerpo sobre el costado de la camioneta y recostando su cuerpo entero sobre mí, tomo mi rostro haciendo la presión justa para causar el dolor en mis dientes y rostro.
—No vuelvas a llamarme así —dijo entre dientes, mi cuerpo convulsiono justo en el momento que su rostro recorrió el mío y sus labios besaron mi oreja bajando mi cuello expuesto ante su agarre, mis manos hechas puños a mi costado demostraban lo mucho que me estaba conteniendo de patalear, cuando su lengua recorrió desde mi clavícula hasta el lóbulo de mi oído apresándolo entre sus labios, un sollozo se escapo de mí, bajo, doloroso y demostrando mi inconformidad.
—Suéltame, por favor — solloce, mientras él me apretaba mas su cuerpo sobre el mío y su mano libre comenzaba acariciar mi costado izquierdo ascendiendo desde mi cadera.
—Te deseo, tanto —su voz ronca erizo mi piel completamente.
—Ha dicho que la suelte.
Sentí de inmediato como el cuerpo de Rodrigo se tenso delante de las palabras dichas con firmeza y con tanto odio que el timbre de voz vibraba dando un poco de terror la ferocidad que emanaba. Mi cuerpo tembló de pavor, no quería que esto sucediera, ansiaba evitar este momento y me lamente por ser tan inconsciente y egoísta en no haber aceptado desde el principio sus indicaciones.
No quería que viera esta situación, no lo quería cerca, no deseaba que se entrometiera en este asunto, su voz hizo resurgir un golpe de latido en mi paralizado corazón, pero lejos de confortarme ahora me preocupaba y sin saberlo me estaba obligando aunmas a aceptar con esta situación, le daba más razones a mi temor a ceder delante de las demandas de Rodrigo.
— ¿Y tú, quien eres? No creo que nuestros asuntos sean de tu incumbencia —zanjo con tono furioso, mientras se volteaba aferraba mi mano derecha y me colocaba a su costado, sujetándome fuerte y apretando mi mano un poco más al pronunciar cada palabra.
Rodrigo no es tonto, es un hombre inteligente que ha sabido colocarse en una posición que le da beneficios y no solo económicos, a mi corta edad, yo sé que él tanto como mi padre, no se detenían ante nada hasta llegar a su objetivo, por eso en el fondo de mi ser había un indicio de resignación a que no tendría escapatoria nunca de su mira. Es más peligroso convertirse en su objetivo que en su obsesión y yo sin querer era desde hace mucho su meta más ferviente en su plan de logros. Así que su pregunta solo era un insignificante paso para respaldar lo que él ya sabía, yo tenía un alguien en mi vida y ese alguien había elegido el peor momento para aparecer y desatar toda su ira hacia ese nosotros evidente que existía entre el joven parado firmemente delante y yo.
—Su novio, Tayler Braxton.
Una carcajada fuerte retumba en el aire, Rodrigo jala de mí y me coloca a su frente, posa las manos en mis hombros y nivela su rostro al mío.
—¿Es cierto eso, Daniela, es tú novio? —susurra en mi oído.
Sé la magnitud de su pregunta, sé que espera que lo afirme para sentir esa gratificación de tener el mejor motivo para él, de “castigarme” o para pasar la raya. Pero igualmente si niego las palabras de Tayler, sé que romperé su corazón.
—Te lo estoy diciendo yo —dice y da dos pasos hacia mí.
Veo en su mirada la preocupación reflejada, aun cuando mantiene su seguridad en cada gesto y palabra.
—Y yo se lo pregunto a ella, no me interesa que creas tú, ser de ella. Deberías saber que aparecer afirmando algo que podría traerte problemas no es muy sabio.
—¿Es más sabio entonces el manipular a una mujer, por un obsesivo deseo? —le pregunta entre dientes
—A ver, Tayler, dejemos algo en claro. Daniela, no es una mujer aún, es una niña y por lo que puedo deducir, tú eres mayor que ella. En el caso hipotético que sean ciertas tus palabras y que su “relación” —suelta mis hombros y hace un gesto con sus dedos en señal de en colmillar su última palabra — haya avanzado hasta el punto donde puedes asegurar que es una mujer, te diré que el único que pierde aquí eres tú.
Mi cuerpo se tensa en repuesta a la amenaza latente de Rodrigo hacia Tayler, mis ojos se humedecen, el miedo por él, por lo que le pueda suceder me embarga
—No te tengo miedo, Rodrigo —sisea Tayler contenido.
—¡Ah!, entonces me conoces —volteo y me miro de una manera amenazante mientras seguía hablando — ¡Que lindos! Seguro se cuentan todo, ¿cierto?
—Lo importante es que conocemos tu juego…
—¿Y cuál es mi juego, según tú, Tayler? —lo interrumpió gritando, lo que ocasiono que los hombres que volvían por las maletas rodearan el espacio donde nos encontrábamos cerca de la camioneta.
—Eres un enfermo, obsesionado con ella —le alza la voz mientras me señala— ¿Crees que saldrás libre de todo lo que haces? , eres un ser despreciable. Ella no está sola, yo la apoyaré y a mí no podrás hacerme lo que a su hermano.
Rodrigo se tensa delante las palabras de Tayler, y en segundos me acorrala contra la camioneta de nuevo, pero esta vez de manera brusca logrando que la manilla de la puerta se encaje en mi espalda un quejido de dolor sale de mí, las lágrimas contenidas salen sin detenerse y comienzo a sentir el dolor en mis hombros por el agarre de sus manos.
Tayler intenta acercarse y los hombres de Rodrigo le sostienen mientras forcejea y le habla a rodrigo con voz amenazante:
—Desgraciado, maldito ¡Suéltala!, eres un cobarde. Mandas a tus perros falderos que me retengan, enfréntate a mí.
Haciendo caso omiso a los gritos de Tay, acerca su rostro al mío, mientras me sujeta de nuevo la barbilla con fuerza.
—Te dije que pasaría y no tienes ni si quiera doce jodidas horas de haberme escuchado todo lo que te advertid y ahora me encuentro con que este tipucho, sabe más de lo que debería ¿Por qué, Daniela, por qué me desobedeces? Carajo, ahora deberás cargar con las consecuencias.
Me da un beso en mi mejilla deteniéndose más de lo necesario.
—¡No la toques! —grita Tayler quien sigue retenido por dos de los musculosos hombres.
Rodrigo termina de girar en dirección a Tayler y asiente con su cabeza a los hombres que lo sujetan, uno de ello hace un movimiento y lo golpea directo al estomago, reacciono inmediato ahogando un grito y me dirijo a socorrerlo, pero mi intención se suspende en el momento justo cuando Rodrigo me sujeta por la cintura con uno de sus brazos y con el otro me pega a su pecho sujetándome por el cuello, limitando mis movimientos pero asegurándose que veo lo que le hacen a Tay, lo odio más cada segundo.
Tayler trata de defenderse pero uno de los hombres lo sostiene mientras el otro golpea varias veces su estomago haciendo sudar y salivar por el dolor.
—Basta, Rodrigo ¡Por favor!, por favor —desesperada e impotente suplico que paren.
Este asiente a los chicos quienes dejan caer a Tay, de rodillas al piso tratando de respirar, mientras escupe saliva gruesa.
—Eres un maldito cobarde —tose, limpia su boca con el dorso de su mano y se levanta raudo del piso y sin verlo venir golpea con un derechazo a Rodrigo lo que hace que nos tambaleemos y antes de que caiga al piso me suelta, mi amor aprovecha y me atrae hacia él evitando mi caída física.
Rodrigo se recompone pronto y algo sorprendido aún, se le tira a Tayler encima, llevándome a mí en el camino, haciéndome caer contra la entrada de golpe. Uno de los hombres de seguridad me levanta y me sostiene del antebrazo sin dejar que me acerque.
A pesar que Rodrigo es mucho mas corpulento que mi amor, este le da pelea y acierta algunos golpes y empujones, en un momento “El Tío” logra colocarse sobre Tay, y le acertar dos golpe en su pomo derecho, dejándolo sangrando y aturdido.
—No, paren, no sigan ¡deténganlos! —les pido a los hombres que miran inmutables la pelea.
Rodrigo se detiene sosteniendo los brazos de Tayler, bajo su agarre. Mientras se gira a donde estoy y me cuestiona:
—¿Quieres que pare? —Asiento frenéticamente— Habla, Daniela, de verdad deseas que lo deje.
—Sí, sí por favor. —suplico, mientras él se levanta y le da una patada a Tayler antes de acercarse a mí — Patéalo de tu vida, Dani, sino quieres asistir a un funeral muy pronto —me murmura sobre mis labios — Eres solo mía, que nunca se te olvide, grábatelo aquí — golpea mi cien con su dedo índice, haciendo que mi cabeza se mueva con su contacto.
»Tienes cinco minutos, te espero adentro en menos.
Con su arrogancia pasa al lado de Tayler que se levantaba y al estar a su nivel declara:
—Lo que debes conocer, Tayler Braxton, es el rostro de tu enemigo —. Y continúa con su camino para adentrarse a la casa no si antes escuchar las palabras de Tay, en repuesta.
—Rodrigo, recuerda tu consejo para ti mismo, nunca olvides mi rostro, que es el rostro de tú enemigo.
Inmutable, sin demostrar nada en ninguna de sus facciones, Rodrigo continúo con su camino internándose en la casa y detrás de él todos sus secuaces, Tayler me miro, con su rostro magullado y con la mirada llena de dolor, ese dolor que yo misma siento en mi interior delante de toda esta situación.
En dos pasos me tiene entre sus brazos, me aferro a él como mi salvación, como si fuera el oxigeno preciado para vivir. Un leve quejido me hace reaccionar, su cuerpo golpeado se resentía por mi agarre, despacio me separo un poco y subo mi mirada buscando la suya… Sus labios me embisten de improvisto, con ansiedad queriendo saciar las ganas de sentirme, de probarme y de saber allí con él, no necesito nada más para identificar su necesidad de sentirme, el beso bajo de intensidad mientras aun aferrados nos manteníamos uno al otro con una promesa implícita de pertenecernos siempre.
—Debo entrar —dije rompiendo el silencio.
—No me pidas que te deje aquí, con ese desalmado, por favor no lo hagas, vente conmigo… —Coloque las puntas de mis dedos sobre su boca, callando su petición.
—¡Shhh!, mi amor, no podemos hacer eso y tú lo sabes, él te culparía a ti, ya te lo dijo. Mejor evitemos darle motivos para que nos separe definitivo —tome en mis manos su rostro para que dejara de negar, sus ojos lloroso y lleno de furia e impotencia —. No quiero que te dañe, Tayler, debemos ser inteligentes… pensar, pensar y esperar.
—¡Uggg!—refunfuño con dolor, demostrado su resistencia. Mientras nuestras frentes se sostenían la una a otra.
—Seamos valientes, debo entrar Tayler, no quiero empeorar esto —separo mi cuerpo del suyo y él me mira con adoración, un escalofrío recorre mi cuerpo y una aprensión en mi pecho crece, quiero volver a sus brazos y quedarme eternamente en ellos.
—Bien, me iré porque me lo pides, casi me obligas. Pero te llamare en la madrugada, márcame cuando puedas hablar, te amo —susurra, me abraza de manera corta, besa mi frente y se aleja despacio con un brazo sobre su estomago y el otro con el puño apretado.
Dejo salir el aire retenido inconscientemente y me decido a enfrentar lo que sea que me está esperando en esa casa. Mis pasos se sienten pesados y adoloridos, como si hubiese caminado por kilómetros, mi cuello me duele y mi cuerpo esta en tensión.
Al entrar no veo más que a los hombres de espalda hacia la entrada y varias voces bajas se escuchan entre ellos que forma un semicírculo, frente de ellos Rodrigo indica algo en el papel que sostiene, todos asienten y en lo que “El Tío” se percata de mi presencia levanta su mirada, da dos indicaciones más y los despide a todos.
Me mantengo en mi puesto sin demostrar el terror que poseo, nos quedamos solo en el recibidor, y lentamente camina hacia mí, sus pasos firmes y seguros lo hacen ver más tenebroso, obligo a mi instinto de salvaguardarme a no florecer y le mantengo tragando grueso la mirada.
—Te quiero en quince minutos en mi habitación —dice mientras pasa el dorso de su mano por mi mejilla —ya sabes que ponerte.
Culmina con su toque y sigue directo hacia las escaleras, dejándome allí, con esa sensación de vacío e inquietud que se está haciendo un lugar en mi, se hace común en cada día de mi vida igualando las ganas interminables de gritar ¡CORTEN! y pedir desde el centro de mi alma la ¡SIGUIENTE TOMA!