Acto 25

1587 Palabras
«Hogar dulce hogar», se repite en mi mente mientras camino en dirección a la habitación de Rodrigo, hace unos minutos tan aturdida me encamine hacia el cuarto de mi hermana, estaba profundamente dormida de espalda a la puerta, lo que me justifica el porqué no apareció cuando se armo la pelea. Mamá llamo a la casa dos minutos después que “Él Tío” desapareciera en lo alto de las escaleras en dirección a las habitaciones.  Se encontraba tan decaída y preocupada por todo, que mi corazón dio un vuelco doloroso, mis padres perfectos o no siempre han estado con nosotros, mi madre, sobre todo nos ha demostrado su amor y trabajo en cuidarnos y enseñarnos, no me imagino haciéndola sufrir más con todo el tema de Rodrigo, así que por los momentos no diré nada más, igual no quiero más afectados con este tema, tengo tanto temor que ni siquiera me he resistido a colocarme los malditos zapatos dorados ahora que voy con mi misma ropa del viaje y solo los tacones como cambio en mi atuendo. Al llegar a la puerta justo estando al frente la puerta se abre sin tocar si quiera en ella. Mi mirada repasa el interior de la habitación lo que se deja ver por el espacio de la puerta abierta dándome la invitación de adentrarme en ella, su color vino tinto me hace tragar fuerte, es amplia por lo que veo y todo los accesorios en color gris plomo y madera oscura, un paso tembloroso me adentro mas al espacio abierto  que fue seguido de otro igual, respiraba agitadamente y mi cuerpo se sentía helado, mi cuerpo dio un brinco justo en el momento en que su voz lleno el lugar, no era que no la reconociera o que no la esperaba, sino su tono bajo y con autoridad lo que me hizo estremecer hasta sentir que me podría desmayar allí mismo por el temor a lo implícito en sus palabras que siempre dirigía hacia mí. —Pasa — silencio— Bienvenida, mi preciosa Dani —. Mi cuerpo tenso solo vacilo segundos y con pasos temerosos me adentre a la tenue habitación.  Trague grueso, realmente necesita sostenerme de algo, podría verme caer directo al suelo cuando lo vi sentado en un inmenso sillón  en madera , espaldar que repasaba su cabeza sentado en el, sin posa brazo, amplio y en un color gris muy oscuro, aun así se distinguía perfectamente de la oscuridad de la estancia, en calzoncillos negros que se adherían a su cuerpo sin ninguna preocupación, sentí mi sangre helar mientras abandonaba mi cuerpo, un leve mareo invadió mi cuerpo, Rodrigo se percato de ello, ya que de inmediato bajo la mano que reposaba sobre su pierna derecha doblada sobre la izquierda y que segundos antes acariciaba su corta barba repasando una y otra vez, como analizando o buscando de llegar a un punto de lo que sea que su cabeza estuviera pensando. Me sentí pérdida y desprotegida, su escrutinio me traspasaba la piel y se internaba en mi interior… Odiaba la situación, lo odiaba a él y odiaba el miedo que me consumía, pero lo que más me hacia odiarlo era que no terminaba de una buena vez esta jodida situación, no era masoquista, obviamente no quiero vivir nada peor, no lo alentaba a que siguiera y muchos menos deseaba que llegara a cumplir su cometido, pero realmente la necesidad de acabar con esta sensación de incertidumbre, aprensión y terror en mi interior me desbordaban  jugando con arrastrar  mi cordura. Quería que golpeara de una vez mi corazón y me diera el dolor de lleno, que la situación fue más real, porque ya apenas unos segundos de esto y me encontraba cuestionándome sino era todo imaginado en mi mente, si estaré enloqueciendo al punto de imaginar todo. El calor en la habitación, agobio luego de unos minutos mis sentidos, mis cansados oídos constantemente  buscando algún sonido que me diera la alerta de lo que vendría están aturdidos por el abrumador silencio, solo mi respiración se percibe en la habitación y el rápido palpitar de mi corazón retumba en mi tímpano, dejándolo casi adolorido por la sensación, mi piel erizada y fría dando el contraste a mis terminaciones nerviosas, mis manos sudando y con el leve temblor esperando un movimiento, mi boca reseca por la tensión de mi cuerpo hacia doler mi garganta que desesperadamente busca aliviar su sed. Pequeñas gotas de sudor comenzaron a resbalar por mi cien, cuello, espalda, mi nariz y barbilla humedecidas, el aire se me hace escaso y mi cabeza comienza a pesar, no logro mantenerme recta y mi cuerpo comienza a tambalearse lentamente, pienso que caeré desmayada inmediatamente y que perderé el conocimiento « ¿Esto es lo que quiere?, ¿quiere que me desmaye y aprovecharse de mí?, ¿me quiere indefensa y que así no ver mi cara de repulsión por sus actos? » mis pensamientos me atormenta y me aferro a la nada en mi alrededor para lograr mantener en pie, no sé que tantos minutos a pasado pero él sigue allí sin mover un solo musculo luego de su movimiento inicial al verme tropezar al entrar. La tensión está matando mis nervios, mi cuerpo tenso y ahora contrariado entre el calor en su exterior y el frio interior me mantienen al límite, quiero gritar, gritar y gritar muy fuerte, quiero decirle que haga lo que sea que se proponga de una vez, que termine con esta tortura que solo me lleva a la desesperación, que tan loca me he vuelto que estoy pesando en que se mueva de su puesto y me diga que quiere, mis músculos adoloridos confirman mis pensamientos «a pasado mucho tiempo». En algún punto del tiempo mi cuerpo ha comenzado a desequilibrarse tengo sensación de sed totalmente  desquiciante, podrían decirme que tome agua de un charco sucio y lo haría solo por sentir la sensación de humedad en mi hace ya mucho boca seca y pastosa, la garganta y mi lengua duele de tanto salivar para suplir el liquido vital que anhelo con tantas ansias, el entumecimiento en mis piernas comienza a golpearme con fuerza. Un jadeo de dolor sale de mi boca cuando mis piernas al final cedeny mi cuerpo adolorido baja, mi vista se dirige al piso y trato de sostenerme, pero es imposible pues todo el peso de mí anatomía se derrumban. Un destello grisáceo llega delante de mí, minutos antes del impacto de mis rodillas con el elegante piso de parquet, una superficie suave y agradable al tacto me recibe, el dolor sale desde mi garganta reflejándose en un bajo jadeo ronco por la sequedad presente en mi boca. Me inclino hacia delante dejando que mis adoloridos muslos me sostenga y mi cuerpo cansado me reclama algo de relajación, necesito salir de este ambiente tan desquiciante y caluroso que solo aturde todos mis sentidos mi cuerpo ahora totalmente húmedo se estremece y un mareo me azota nuevamente, mi cabello se pega en mi cuello y me siento tan débil que soy incapaz de si quiera suspirar. —Mírame — su voz me estremece con el conocido terror que genera en mi —. Mí-ra-me — resalta cada silaba con autoridad. Mis brazos flaquean, pero logro impulsarme gotas de sudor recorren desde mi cuello hasta perderse dentro de mi camisa, lloriqueo bajo y realmente estoy en el punto de pedirle que pare o peor aun realmente estoy a nada de gritar que me haga algo, enloquecida y perdida como me encuentro ni siquiera coordino lo que mi cerebro analiza. Con mi último esfuerzo lo levantar mi cabeza lo suficiente para verlo, mi mirada sin querer recorre desde sus descalzos pies, piernas, cintura, abdomen, pecho y finalmente su barbilla  quedándome fijada en su mirada, intensa, oscura y perturbadora. —Te advertid que serias castigada si no obedecías, tuviste la oportunidad de informarme de la existencia de la basura esa que se atrevió a venir hasta aquí y desafiarme —su postura cambia totalmente, bajas sus piernas nivelándolas una al lado de la otra semi abiertas y coloca sus brazos sobre sus muslos dejando su cuerpo inclinado hacia adelante. »¿Desde cuando, Dani? Hace cuanto que están juntos… ¿Sabes que me molesta más? —Pregunta mientras se levanta haciendo que mi mirada quede justo sobre su cintura, las palmas de mis manos comienzan a doler, mis piernas pican con calambres y mi mente se encuentra totalmente sobrepasada —. Que vino hasta aquí y exigiera un lugar en tu vida, un lugar que no debe ni si quiera pensar que tendrá. Lentamente se agacha, y su pecho queda a nivel de mi rostro, su cuerpo perlado por el sudor se me vuelve borroso mí pestañas cargadas de gotas pesan, y mi cuerpo se estremece en escalofríos por el dolor, la incomodidad de su cercanía, la expectativa de lo que hará, la temperatura de la habitación en contraste a la de mi interior y el estado de desorientación que tengo en este momento « ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que entre?, ¿cómo llegue a este estado mental? —Ocho horas… —dice como dándome una respuesta a mi pregunta no formulada en voz alta, su dedo comienza a recorrer desde mis cien y persigue una gota que se desliza por mi mejilla culminando en el nacimiento de mi cuello — Ocho horas expuesta a la tensión y privada de aire continuo, es como estar en un sauna vestido…
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