El aroma a pasta al pesto llenaba el penthouse. Hana, con una camiseta grande y el cabello recogido en un moño despeinado, removía la salsa con una mano mientras sostenía su celular con la otra, siguiendo una receta. En la sala, Travis jugaba en el suelo con Zack, haciendo ruiditos de coche y empujando un peluche con forma de balón de básquet hacia él. —¡Y el pase va para el increíble número uno, el imparable Zack Blake! —anunció como si narrara una final—. ¡Y anota! ¡Es un genio! ¡El público se vuelve loco! Zack se reía, babeando de felicidad. Hana los observó desde la cocina y negó con la cabeza. —¿Sabías que tu hijo está convencido de que es un atleta profesional a sus dos meses? —Lo lleva en la sangre. Somos una dinastía —dijo Travis, levantando al bebé—. ¿Verdad, campeón? Zack

