El auto se detuvo frente a un elegante restaurante en la parte alta de la ciudad, con ventanales que ofrecían una vista impresionante del skyline iluminado. Travis salió primero y, como todo un caballero, rodeó el auto para abrirle la puerta a Hana. Ella bajó con un vestido n***o ajustado que resaltaba sus curvas, el cabello recogido en una coleta alta que dejaba su cuello expuesto, y unos tacones que no solía usar desde… bueno, desde antes de ser mamá. —Vaya… —murmuró Travis, sin apartar la mirada—. Me dejas sin aire. —¿Eso es porque me veo bien o porque no te dejé dormir anoche con Zack llorando? —respondió con una sonrisa coqueta. —Ambas —dijo, tomando su mano para entrar al restaurante. Los recibió un maître que los condujo a una mesa en una esquina privada, junto a una gran venta

