El camión se detuvo frente al campus. El aire cálido y húmedo del final del verano chocó contra las caras cansadas pero sonrientes de los estudiantes. Bajaron uno a uno, arrastrando maletas, cobijas y anécdotas. Algunos bostezaban, otros aún reían de chismes contados en el viaje, mientras el profesor “cool” trataba de asegurarse de que nadie dejara cosas olvidadas. —¡Nos vemos mañana, chicos! ¡Nada de dormirse en clase! —gritó, pero ya nadie lo escuchaba. Lucía y Diego se alejaron tomados de la mano, haciéndose los discretos y fracasando rotundamente. La escena era tan obvia que hasta el guardia de seguridad sonrió con complicidad. Hana y Travis permanecieron cerca del autobús, sin moverse. —Bueno… —dijo ella, acomodándose la mochila al hombro. —Sí… bueno —repitió él, rascándose la n

