El gimnasio estaba lleno. Los reflectores, las cámaras, las gradas repletas de jóvenes que coreaban su nombre. Travis había regresado a la cima. —¡Blake! ¡Blake! ¡Vamos, número 7! —gritaban desde la tribuna unas chicas con carteles, gorras y hasta camisetas con su cara. Su nuevo club de fans. El segundo que tenía, pero este era internacional. Con su uniforme rojo y n***o, Travis lideraba el marcador con una volcada que dejó a todos boquiabiertos. Era el MVP, el chico nuevo sensación. El entrenador lo adoraba. La prensa universitaria lo entrevistaba a cada rato. Y las invitaciones a fiestas no faltaban. Pero aún así… —¿Vas a venir a la fiesta del sábado? —le preguntó uno de sus compañeros. —Tal vez. Depende si tengo que repasar jugadas con el coach —respondía él, mientras fingía revisa

