Penthouse de Hana — Tarde nublada de otoño La ciudad rugía allá abajo, pero en el penthouse reinaba la paz. Hana estaba sentada en el sofá, las piernas cubiertas con una manta suave, una taza de té entre las manos. Su vientre, redondo y firme, se movía levemente con las pataditas de su bebé. Ella bajó la mirada y sonrió con dulzura. —Hola, pequeño guerrero… —susurró acariciando su abdomen—. No sabes cuánto te amo. En ese momento, la puerta se abrió. —¡Trajimos comida! —anunció Lucía con una sonrisa radiante, cargando una bolsa de su restaurante favorito. Detrás de ella, Diego traía una caja con ropa de bebé. —¿Y eso? —preguntó Hana con una ceja levantada. —Ropita, baberos, gorritos… hasta un body que dice “mamá es mi heroína”. Lo vi y supe que era para ti —dijo Diego, dejando la ca

