Era de madrugada. El hospital, aunque en calma, aún vibraba con la emoción del nacimiento. Hana dormía con el bebé sobre su pecho, ambos envueltos en la calidez de una nueva vida. Diego estaba sentado en la esquina de la habitación, agotado pero despierto, con los ojos fijos en la madre y el niño. Había lágrimas secas en su rostro. No había dormido en horas, pero no le importaba. Estaban bien. Todo había salido bien. Sacó su celular. Dudó unos segundos. Miró de nuevo a Hana, que dormía en paz, como si en ese momento ya nada pudiera herirla. Entonces abrió la conversación con Travis. La última vez que le había escrito, ni siquiera había recibido una respuesta. Pero esta vez, no era una súplica. Era un hecho. Mensaje enviado a las 3:24 AM: "Tu hijo nació hoy. Hana y él están bien. Se pare

