CAPITULO 38

1019 Palabras
La mayoría ya había salido del agua y se había acomodado en los camastros, toallas y bancos alrededor de una enorme fogata que chispeaba al centro. Las risas no cesaban, el alcohol seguía fluyendo, y alguien apareció con una caja de cartón improvisada como sombrero de maestro de juegos. —¡Hora de una ronda de “Verdad, reto o castigo”! —gritó emocionado Leo, el alma del relajo. —¡NOOOO! ¡Eso termina mal! —protestó Lucía, acurrucada contra Diego, pero con una sonrisa que decía “sí quiero”. —Exacto, por eso es divertido —agregó Travis, sentándose al lado de Hana, con una manta sobre los hombros que compartía con ella. —¿Quién empieza? —preguntó Julia, mirando a todos. —¡Lucía! —gritaron varios. Ella resopló y giró los ojos. —Está bien. Verdad. Leo miró a su alrededor con cara de malicia. —¿Diego fue tu primer beso este fin de semana? Lucía parpadeó. —¡Idiota! Eso no es una pregunta, es una sentencia. —¡Responde! —gritaron todos. Lucía bebió un sorbo y sonrió con picardía. —No. Pero fue el mejor. —¡Booooom! —gritaron todos al unísono, mientras Diego le daba un beso en la mejilla, visiblemente orgulloso. —Ahora te toca a ti, Lucía —dijo Leo. Ella entrecerró los ojos mirando a su presa. —Travis… ¿Verdad, reto o castigo? Travis alzó las cejas y se acomodó la manta con aires de “nací para esto”. —Reto. No vengo a jugar a lo seguro. Lucía sonrió como villana de telenovela. —Perfecto. Tu reto es… besarle el cuello a Hana durante cinco segundos. Hana giró la cabeza con los ojos bien abiertos. —¿Qué? ¿Estás loca? —¡Es un juego, Hani! —canturreó Lucía, levantando su copa. —Solo si ella quiere —dijo Travis, con una sonrisa torcida. Todos estaban expectantes. Hana resopló y, en vez de responder, giró el rostro y apartó su cabello, dejando expuesto su cuello. —Cinco segundos y te mato. Travis se inclinó lentamente, sus labios apenas rozaron su piel húmeda, con una lentitud deliciosa, provocando que Hana contuviera la respiración. A los cinco segundos exactos se alejó, triunfante. —Listo. Siguiente. Las chicas chillaban, los chicos lo aplaudían como si hubiese anotado una canasta de último segundo. —¿Siguiente víctima? —preguntó Leo, con su sombrero de cartón. —¡Hana! —gritaron todos. Ella entrecerró los ojos con resignación. —Dios mío. Verdad. —¿Te gusta Travis Blake? —preguntó Leo sin titubeo. La fogata crujió justo cuando todos se quedaron en silencio. Hana se quedó mirando el fuego. Luego… simplemente dijo: —Paso. —¡No hay paso en “Verdad, reto o castigo”! —gritó medio grupo. —Entonces… castigo —murmuró ella, cruzando los brazos. Leo sonrió como un demonio. —Muy bien, tu castigo es... ¡irte con Travis al bosque y traer leña juntos! Sin linterna. Travis alzó las cejas. —¿Es un castigo… o una cita improvisada? Hana se levantó, tomó su copa y lo miró. —Vamos antes de que me arrepienta y te aviente al fuego. Travis rió mientras la seguía, caminando entre el vapor, la oscuridad… y las risitas de todos. Las ramas crujían bajo sus pies mientras avanzaban. Hana iba delante, con la copa en una mano y la linterna del celular apagada en la otra. Travis la seguía a pocos pasos, observando cómo su silueta se recortaba entre los destellos de la fogata a lo lejos. —Esto es ridículo —bufó ella—. ¿Buscar leña en plena oscuridad? ¿Quién se creen? ¿Scouts? —¿Te da miedo? —preguntó Travis, con esa sonrisita que le nacía del alma cuando estaba a punto de portarse mal. —¿Miedo? —Hana se giró de golpe y quedó frente a él—. Lo único que me asusta… es que tú sigas creyendo que puedes ganarte puntos con estas estupideces. Travis levantó ambas manos. —No estoy aquí para ganar puntos. Estoy aquí porque alguien me castigó… y vaya que es un castigo caminar detrás de ti con ese pantalón tan apretado. —¡Eres un idiota! —Y tú estás roja como un tomate. Ella le dio un leve empujón, pero él lo aprovechó. Rápido como un rayo, atrapó su muñeca y tiró suavemente de ella hasta que quedaron pecho contra pecho, en medio del bosque. —Dilo, Hana. ¿Esto también es parte del castigo? Ella lo miró en silencio, respirando agitada. Su copa ya había quedado en el suelo. Las luces de la fogata se veían lejanas. Solo quedaban ellos… el susurro de las hojas… y el temblor compartido. —Bésame y cállate —murmuró ella. Travis no esperó más. La besó con hambre. No con dulzura, no con cautela… con deseo. Como si llevara semanas resistiendo, como si ese castigo lo hubiera estado esperando desde el primer roce en el gimnasio. Sus lenguas se encontraron en una batalla deliciosa. Sus manos la atraparon por la cintura, alzándola un poco mientras ella enredaba los dedos en su cabello húmedo. La espalda de Hana tocó un árbol, su cuerpo se arqueó y Travis aprovechó cada segundo para recorrerla con sus manos. Ella jadeó cuando sintió su boca besarle el cuello, el mismo cuello que había besado en el juego, pero ahora con descaro y devoción. —¿Aún te parezco un idiota? —susurró él contra su piel. —Sí… —jadeó ella—. Pero maldita sea, besas bien. Rieron entre jadeos y caricias. El aire se volvió más caliente que el vapor de las termas. Y ahí, entre la maleza y la oscuridad, el deseo volvió a desatarse como una tormenta contenida. Él le subió el suéter lentamente, besando cada centímetro de su abdomen. Ella no se resistió. Era salvaje. Era fuego. Era Travis Blake en su versión más cruda y honesta. Y Hana lo estaba dejando entrar.
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