Hana está en la cocina preparando café. El aroma llena el ambiente. Travis entra en silencio, con una camiseta oscura y el cabello aún húmedo por la ducha. Ella lo mira, sin decir nada al principio. —¿Dormiste? —pregunta, sin apartar la vista de la cafetera. —Un poco —responde él, aunque ambos saben que es mentira. Se sienta en una de las sillas altas de la barra y la observa mientras sirve dos tazas. Cuando Hana deja la suya frente a él, finalmente habla: —Voy a ir a Nueva York. Ella asiente despacio, sin sorpresa. —Lo imaginé. —No quiero que esto suene a que te estoy dejando —dice él, con la voz baja pero firme—. Es… es mi trabajo, Hana. Es lo que sé hacer. No puedo renunciar ahora, no con todo lo que significa para mi carrera. Hana se apoya contra la barra, sosteniendo su taza

