De un momento a otro el baile de nosotros se detiene, frunzo el ceño y me pregunto a mi misma que es lo que está tramando, ya que no me dice nada, mi boca y ojos se abren al ver que el hombre se arrodilla delante de mí sin importarle ser el centro de atención. —¿Qué es lo que estás haciendo? —cuestiono con los ojos abiertos, siseo e intento disimular lo incómoda y nerviosa que me encuentro—, tienes que tener presente que eres mi esposo y que no hay segunda pedida de mano. —Mil disculpas, esto lo hago porque no quiero seguir aquí, bonito todo el detalle de la fiesta, esa comida, los globos y lo que hay a nuestro alrededor, sin embargo, no deseo estar aquí, no quiero que perdamos el tiempo. ¿Qué? Este hombre se quiere ir ya, pero… ¿Por qué? Estamos disfrutando de nuestra fiesta de boda y

