Nació Kaleia, la futura Luna de la manada

1239 Palabras
Nació Kaleia, la futura Luna de la manada Comenzaron a construir su hogar junto a su suegro. Taiel sigue en reposo, porque su embarazo es de riesgo, tuvo pérdidas en varias ocasiones y su médico le indicó reposo absoluto hasta que nace el bebé. Eliseo ya convive con ellos para poder cuidar a su familia. Luego del trabajo, junto a su suegro trabajan para terminar la casa y poder recibir al bebé en ella. Pasa el tiempo y cuando ya la casa está casi toda finalizada, Taiel comienza a sentir un pequeño malestar. Era una noche de tormenta, con fuertes vientos, relámpagos y truenos caían junto a la lluvia, era casi la misma noche en que la engendraron. Cayó un rayo muy fuerte que a Taiel la hizo estremecer, comienza con dolores más intensos. —Amor, vamos para que te revise el doctor —Eliseo, nervioso, insiste y al notar que los dolores son más fuertes, la toma en brazos y se van rumbo al hospital. —Estás exagerando, Eliseo, no creo que sea el momento que nazca el bebé, deberíamos esperar un poco más en casa y si siguen los dolores, mañana iré a ver al doctor —Taiel está molesta, no quería aún ir al hospital, por un dolor leve, pero comprende los nervios de su familia. —Amor, es mejor que eso lo decida el doctor, luego que te revise, si él considera que no es el momento, volvemos a casa a descansar, pero si es el momento, nos quedaremos en el hospital hasta que nuestro bebé decida nacer. Taiel está molesta, de mal humor; más los dolores hacen que se fastidie, tiene sueño y quiere descansar. Llega al hospital y en segundos es atendida. —Taiel, ¿qué sucede? —una enfermera corre al reconocerla. Cuando ella está por contarle, comienza a gritar de los dolores que cada vez son más intensos y más seguidos. —Está con dolores, parece que está por nacer el bebé —responde Eliseo, angustiado y nervioso por la situación. Sus suegros vienen detrás de ellos, caminando apresurados porque llevaban el bolso de su hija. —Pasen y esperen en el consultorio, ya llamo al doctor —la enfermera corre a llamar a algún médico para atender a Taiel, pero están todos ocupados porque hubo varios accidentes en la ciudad por el temporal. Nerviosa, se está desesperando, teme por el bebé y por Taiel. —¡Doctor! Qué suerte que lo encuentro, hay una joven que está por tener un bebé, debe venir urgente conmigo a la guardia —el doctor le toma el brazo. —Espera, yo la recibo, pero debes llamar al doctor Remio, él es obstetra de la clínica, llámalo mientras yo la recibo y la evalúo, pero si el lobo quiere nacer hoy, lo necesitamos a él —el doctor se apresura hacia la guardia. —Hola, soy el doctor que está a cargo de la guardia, mientras llega Remio, yo los atiendo, a ver cómo estamos, dime dónde son los dolores —Taiel le marca el bajo vientre y mientras el doctor la revisa, una fuerte contracción aparece y ahora es mucho más intensa, ella grita del dolor y Eliseo se desespera. —¿Qué le hace, doctor? —grita Eliseo y lo separa de Taiel bruscamente. —Tranquilo, jovencito, son los dolores del parto, si no se apresura a llegar el obstetra, debo recibir a este lobito yo mismo —decía el doctor mientras se llevaba la mano al cabello y suspiraba. —Disculpa, debo revisarte, para saber si ya es momento de ir a la sala de partos —mientras el doctor le explicaba, Taiel siente que se rompió su fuente, cuando el doctor lo nota, llama rápidamente a la enfermera. —Ven, necesitamos trasladar a la paciente a la sala de partos —la enfermera lo mira con el ceño fruncido. —El doctor aún no llegó —la joven se empieza a impacientar —¿Doctor, usted sabe de partos? ¿No es traumatólogo? —el doctor sonríe. —No lo grites, sino el lobito se asusta y no va a querer salir —la enfermera sonríe y comienzan a preparar a Taiel. —Bueno, nos vamos, ¿usted va a presenciar el parto? —pregunta mirando a Eliseo. —¡Sí, por supuesto! —responde orgulloso, emocionado, hoy verá por fin a su hijo. —Ven con nosotros, que luego las chicas te dan tu ropa y te explican dónde debes estar y cómo ayudarla —Eliseo, sonriendo, toma la mano de Taiel y ayuda a empujar la camilla. —¿Qué sucede? —preguntan sus padres al verlos salir apresurados con la camilla. —Mamá, hoy nace mi bebé —llega a contarle Taiel antes de gritar nuevamente por otra contracción. —¡Ay! —grita fuerte y presiona la mano de Eliseo. Mientras están en la sala de partos, llega Remio, el obstetra. —Llamen al pediatra urgente. Ya estoy acá, hola, Taiel, ¿cómo…? —y es interrumpido por un fuerte grito. —Remio rompió su fuente y tiene diez de dilatación, sus contracciones son cada tres minutos. —Gracias, Richard, casi lo recibes tú al lobito, mira, seguro con solo pujar una vez, nacerá. Taiel, en la próxima contracción vas a pujar con fuerza y ustedes la ayudan a incorporarse para que ella en esa posición puje más cómoda. Eliseo mira cómo lo hace la enfermera y copia sus movimientos. —¡Taiel! Vamos, puja con todas tus fuerzas —ella hace todo su esfuerzo y Remio recibe a la bebé. —¡Miren, es una niña! —Remio se la entrega a Taiel y la apoya en su pecho. —Mira, mi amor, es hermosa. Hola, mi vida, soy mamá, hola, Kaleia. —Hola, princesa, y yo soy tu papá. Kaleia los mira y les sonríe. —Es tan hermosa como tú, mi amor. —Bueno, papis, me la llevo, así la revisa el pediatra —la enfermera la toma de los brazos de Taiel y Kaleia comienza a llorar. Mientras la enfermera la limpia, llega el pediatra. Kaleia toma su chupete y se lo lleva a la boca, este es el primer truco que hizo con sus poderes. —¿Tú le pusiste ese chupete a la niña? —la enfermera se sorprende al verla. —Fuiste tú, no hagas bromas —la enfermera la mira a su compañera. Ellas se ríen pensando que entre ellas se estaban haciendo una broma, pero la realidad es que Kaleia ya utiliza sus habilidades. Luego llega el doctor y la revisan exhaustivamente, por la descarga eléctrica que sufrieron con su madre, pero por suerte todo está bien. —Es una bebé muy despierta, más de lo normal les diría. Tuvieron mucha suerte, ella no tiene ningún problema y no tiene secuelas del incidente que sufrieron. Solo falta esperar los resultados de sus análisis y si todo está bien, ya se pueden quedar tranquilos, que todo está perfecto. Taiel recibe a Kaleia en sus brazos y de la felicidad se le empañan sus ojos. —Debe comer esta princesa —el médico trata de ayudar, pero Kaleia pareciera que ya sabe comer muy bien, en cuanto la acercaron al pecho de su madre, comenzó a succionar rápidamente. Taiel la mira y de la emoción se le caen las lágrimas, jamás se imagina que sería tan hermosa su hija.
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