Defender a los pequeños lobitos
—Hechicera, ahora nos generaste un conflicto mayor —el Alfa se enfurece, golpea fuerte con su puño el escritorio, molesto, enfadado con ella.
—Disculpe, mi Alfa, no me dejó terminar, necesito hablar a solas con usted, esto es algo muy delicado y no puedo hablar con tantas personas aquí —la hechicera, por la seguridad de Kaleia, solicita hablar a solas.
Luego el alfa hace un gesto y observa cómo todos se van sin decir nada, obedeciéndolo.
—Él se queda, es mi mano derecha y es de suma confianza para mí —responde serio el Alfa ante las órdenes de la hechicera; aún no comprende la dificultad de todo lo que está sucediendo.
—Bueno, antes de hablar necesito que me prometan que lo que escuchan en este cuarto no lo repetirán a nadie por seguridad —súplica la hechicera, por miedo y para proteger a su familia.
—¡Hechicera! —grita el Alfa molesto — A mí no me puedes dar órdenes, te olvidas con quién estás hablando — el Alfa se pone de pie y apoya los dos puños en el escritorio con decisión, con autoridad y su mirada es desafiante, de enojo y la hechicera se pone también de pie y lo observa sin miedo alguno, el ambiente en el despacho se tensa.
—Sé muy bien con quién estoy hablando, mi Alfa, pero creo que un buen líder debería escuchar cómo son las cosas antes de juzgar a su gente, el Alfa respira profundo y exhala fuerte con enojo.
—¡Habla! —dice con su voz fuerte y un tono de molestia, mientras se sienta a escuchar.
—Bueno, voy a comenzar por lo más importante.
Necesito que me prometan que lo que yo les cuento no sale de esta habitación, es algo delicado y puede poner en peligro a todos.
—¿De qué hablas hechicera? Dime que ninguno de nosotros dirá nada —ya se empiezan a impacientar el Alfa y su omega.
—Está bien, hace unos días nació mi pequeña bisnieta, pero eso no es todo, ella tiene poderes, es una pequeña hechicera, por eso no quiero que se sepa.
No sé cómo lo supieron en el reino de los vampiros y por qué la reclaman como suya.
—¿Cómo sabes que tiene poderes? —el Alfa se pasa la mano por su cabello contrariado, con el entrecejo fruncido y en su rostro se refleja la incertidumbre.
La hechicera sonríe —Lo sé porque la observé hacerlos, ella recargó su biberón antes de finalizar de beberlo, durmió a un bebé en el hospital que lloraba en neonatología.
—Esas no son pruebas de que es hechicera, te pueden parecer a ti y no que ella lo haya hecho. —responde el alfa decepcionado, pero es interrumpido mientras habla.
—No mi alfa, sé perfectamente que tiene poderes, tenemos una conexión mental desde que nació y yo sentí cómo quebró el árbol y mató a los hombres que fueron por ella.
El Alfa y su omega abren grandes los ojos, sorprendidos.
—Si eso que dices es verdad, hay que celebrar —ahora el Alfa está feliz, sus ojos brillan de la emoción y su sonrisa es radiante —Esa es una muy buena noticia, quiero verla, ya debemos celebrar su poder con una gran fiesta —comenzaba ya a planear la celebración de la llegada de Kaleia.
—No, ¿no oíste que los vampiros saben de su nacimiento y ya vinieron por ella? Se la quieren llevar, seguro para utilizar su poder en conquistas y guerras.
Por eso anoche los tuve que eliminar.
—Debemos reforzar la guardia y la seguridad de la manada urgente, ya mismo organizamos todo, va a haber más patrullas y por un largo tiempo, todos los lobitos permanecerán con sus familias en el hospital.
—Pero Alfa, eso es una locura, son muchas personas para estar en el hospital, no tenemos lugar para albergar a todos, creo que lo mejor será organizar la seguridad para prevenir otro intento de secuestro —el omega saca un mapa y lo pone sobre la mesa.
—Aquí debemos cerrar las fronteras, poner a nuestra gente armada y con grandes reflectores observar los alrededores; ellos no nos verán a nosotros y nosotros sí lo veremos a ellos si intentan ingresar en la manada.
—Ya mismo envío una nota de advertencia de peligro al acercarse a mi manada, esto no va a quedar así, intentaron secuestrar a uno de nuestros pequeños y el tratado de paz no se respetó —el alfa comienza a caminar de un lugar a otro en el despacho, nervioso.
—Necesito que esto, que la niña y sus poderes no se sepa, si no corre peligro ella y su familia —la hechicera teme por su familia y se pone nerviosa, está inquieta, preocupada.
—Tranquila, nadie sabrá de los poderes, solo diremos que nos quisieron invadir.
¿Cómo se llama la princesa? Quiero conocerla.
—Una vez que esté toda la manada segura, podemos organizarnos y sin que nadie lo note, pueden ir a verla, pero no queremos que se sepa para seguridad de la bebé y de toda mi familia.
Yo no sé cómo lo notaron, cómo se enteraron de Kaleia, pero anoche vinieron por ella y sus palabras fueron: el rey quiere a la bebé sin un rasguño y si deben matar a su familia, lo hacen y se imaginan todos los cuidados que debemos tener ¡no! —la hechicera les explica con dolor cómo se sienten en estos momentos, la angustia de la familia y en su rostro se nota la preocupación.
—Yo voy a estar cerca para protegerla, pero me gustaría contar con más seguridad, para eso estoy aquí.
—De eso ya nos encargamos nosotros, desde hoy reforzaremos las fronteras.
La hechicera se retira y vuelve junto a Kaleia, quien dormía plácidamente.
—Mi Amo, llegó uno de los vigías, no tengo buenas noticias.
Fracasamos en nuestra misión, no pudimos traer a la niña y sufrimos las bajas de nuestros hombres.
—Convoquen al consejo de ancianos y organicen una reunión urgente para hoy en la tarde, esto no se va a quedar así.
Estos lobos pagaron por mis hombres —los gritos de él repercuten en todo el palacio.
—Sí, mi rey, ya lo informo —su brujo sale para informar rápidamente al consejo, por temor a enfadar más al rey.