CAPÍTULO 65.

1556 Palabras

La mañana ha sido larga. Y ahora la tarde parece que va a ser igual. El reloj sobre la pared parece tener un ritmo propio, burlón, avanzando con esa lentitud desesperante que solo adopta cuando uno intenta concentrarse y la mente se rebela. La oficina huele a café frío, ese aroma que siempre me ha parecido una mezcla de rutina y refugio. Mi escritorio está cubierto de documentos, pero mis pensamientos se niegan a quedarse quietos. Había dormido mal. Desde la cena con Azrael, mi cabeza no encuentra silencio. Su voz, su manera de mirarme como si todo lo que le importara estuviera justo frente a él… cada fragmento de esa noche se me ha quedado adherido a la piel. Y, aun así, estoy aquí, fingiendo que todo sigue igual. Y que puedo seguir funcionando como antes. Un golpe suave en la puerta

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