CAPÍTULO 53.

2946 Palabras

Abro los ojos cuando el sol, ese mismo sol que siempre ha parecido cómplice de todo lo luminoso en la casa, empieza a colarse con insistencia por la pequeña rendija de la cortina. Me quedo quieta aún con los párpados medio cerrados, y reconozco la calidez en la piel como si fuera la primera vez que la toca. Cálida, demasiado cotidiana y demasiado indiferente a la catástrofe que se ha instalado dentro de mí. Las paredes de mi habitación huelen a desolación y la mansión entera parece respirar a través de las rendijas, como si su madera guardara todos los sonidos y las ausencias y los devolviera con lentitud. El mundo, fuera de la ventana, continua su inercia de siempre, pero adentro, mi pecho se sentía pesado, como si alguien hubiera puesto un saco de piedras sobre mi esternón y me hubiera

Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR