Harol.
Tres horas después y Raúl hace acto de presencia, y mientras su ausencia estuve observando la oficina de la morena, lo malo es que no pude aguantarme y ahora estoy modo buscando información.
—Ahora me puedes explicar qué es lo que acabas de hacer —alza la voz al entrar tras luego de cerrar la puerta de un azotazo—, no puedes despedir a nadie y menos ahora que estamos a punto de controlar todo.
—¿Controlar? —cuestiono con en ceño fruncido.
Sobre el escritorio dejo caer la carpeta que tenía en mis manos, mis ojos van directos a los suyos.
—Sí, eres mi amigo, pero no te permito que despidas a Ava por lo que ese poco hombre hizo —endurece su expresión.
—¿Estás enamorado de ella? —pregunto con mucha curiosidad.
Es una pregunta fuera de lugar, pero es que es raro que mi amigo esté departe de esa mujer y no de su amigo. Raúl tiene que entender que la prioridad es la empresa y no la mujer que ahora está siendo desprestigiada por sus actos, pero la mayor culpa la tiene ese imbécil poco hombre.
—Deja de comportarte como un adolescente porque no te queda Harol —chasquea la lengua—. Ella es una mujer y nadie tiene el derecho de hablar mal de ella y de ninguna.
Ahora me siento como un patán.
—Y que han hecho con ese maldito —gruño al ponerme en el lugar de ella.
—Lo despidieron de la empresa, y ahora está lidiando con los abogados de Eva, pero por cómo van las cosas creo que Ava le cortará los testículos y luego se encargará de que no salga de la cárcel.
Wao, eso me dice que está al tanto de todo.
Siento que ese hombre debe de dar una declaración de arrepentimiento para limpiar el daño que le causó a la mujer. Bueno, ahora ella aprenderá que no debe meterse con cualquier hombre.
—Está bien, acepto que me he pasado, pero todo es porque tengo que estar al frente de todo —resoplo tras poner mis ojos en blanco—, sabes cómo es mi padre de exigente y de lo que espera de mí, y por ello…
—Te la has desquitado con ella y me dirás que trataste de hablar cómodamente con ella, pero de una cosa llevó a la otra con el fin de proponerle que se largue como un perro —me interrumpe dándome el sermón del año.
Tiene toda la razón, pero ahora no puedo dar vuelta atrás, dado que ella se ha ido y no creo que tenga ganas de regresar, ya que yo no pienso humillarme.
De un momento a otro Raúl se relaja y me dice que tengo que solucionar esto, ya que ella es buena en el negocio, y que no le gustaría que se fuese así por así y por ello ambos la tenemos que buscar porque ahora debe pensar suicidarse.
¿Qué? Me cuesta procesar todo, ya que lo primero que escuche es “ella es buena”. En eso no diré mentiras, la mujer está buena, pero no es de mi gusto y menos llena todos los requisitos para que sea la mujer que quiero a mi lado.
—La morena puede regresar, pero no insistas a que vaya a rogarle, dado que eso no está en mi codificación de nacimiento y menos en mi diccionario —niego con la cabeza, para luego continuar leyendo los documentos que tenía en mis manos.
—Sí, iremos por la morena y eso es ahora porque no quiero que le suceda algo, puesto que no creo que esté en su casa o yendo a una… —no termina la palabra, ya que se queda boquiabierto y con los ojos abiertos.
Ignoro su insistencia por unos minutos para luego tenerla al escuchar la voz de enfado de la morena. Alzo la mirada y veo que Raúl está al teléfono, mientras él insiste la morena lo manda al diablo, pero lo raro que lo hace entre risas.
¿Estará borracha?
La morena no pierde el tiempo y se llena la boca de malas palabras junto con mi nombre o el mimado de mi padre.
—Oye, es demasiado insulto —protesto—, dile que vaya a su casa y que se dé un baño de agua helada para que se le baje la borrachera que se carga.
Al otro lado de la línea guardan silencio para luego explotar y desafiarme diciendo que vaya por ella y que, si me atrevía obligarla, que me atuviera a las consecuencias, ya que ella no tiene intenciones de irse del lugar donde esta.
Volteo a ver a Raúl y le hago seña con los dedos de lo loca que está esa mujer. ¡Pobre!
Dios me libre de esa mujer, ya que toda persona que esté cerca de ella será torturada por sus locuras. ¡Ah, ya sé...! Me juzgarán por hablar mal de ella sin conocerla, pero es que me basta y me sobra con los que mis oídos escuchan y lo que mis ojos observan.
Raúl cuelga la llamada para luego esperarme con una exigencia y no una petición. Mi amigo ahora me está culpando de lo que esa loca está haciendo. Aaahhh… Me digo a mí mismo, ¿cómo es posible que una persona pueda perder tan fácil sus cabales?