Capítulo 5

933 Palabras
Retomo mi camino hacia el estacionamiento, ya que no seré una loca esperándola, dado que no tengo el trabajo de Fernando... que por cierto ¿dónde está Fernando? Mientras mis ojos lo buscan mi móvil no deja de sonar y sonar.  Antes que la música nueva de Tini y Maria Becerra intente hacer que las personas que entre o salga de la empresa empiecen a verme como si tal fuese de otro planeta. ¡No soy tan vieja!, y eso que antes tenía de tono “perreito”.  Veo por la pantalla y es Raúl... Hmm ¿Una llamada de Raúl?  Raúl es el vicepresidente de la empresa y si no me equivoco hoy no le toca venir. —Aló —contesto con una pizca de intriga. —Uf, pensé que no me contestaría —escucho como suelta el aire—, mi amigo Harol me acaba de decir lo que sucedió y… —¿Amigo? —lo interrumpo—, ahora entiendo, esto es una puta broma Raúl—alzo y al final bajó la voz al darme cuenta de que estoy gritando como una loca—, no quiero escucharte y si llamas para confirmar de lo que dije entonces te diré que sí, me voy porque no pienso permitir que él limpie el piso conmigo. —No, no es por eso que te llamo, quiero decirte que no estoy de acuerdo y sé que mi amigo tampoco, pero él está ahí por obligación y por el prestigio de su empresa; imperio, dinero y familia. —Lo siento, pero ahora no puedo pensar claro y menos a retractarme de lo que dije —dije en tono surgente—. Adiós Raúl, pero me tengo que ir. —Ava, qué es lo que te sucede mujer, no es posible que estés actuando de esa manera, tienes que entender y de una vez dejarte claro que todo esto es tu culpa, además lo importante aquí son los intereses de ellos y no los tuyos. Ah, solo mierda hablo y todo es porque me estoy dejando llevar por lo que mi interior siente.  Me estoy dejando llevar por mi orgullo y no por lo que es la puta realidad. —En mal momento me llamaste, la verdad que ahora te puedo contestar lo que se me dé la regalada gana —resoplo. Veo a Fernando, alzo mi brazo y le hago seña del auto, él asiente y yo me detengo para que me traiga el auto. —En dos horas nos tendremos que ver —insiste. —Adiós —cuelgo la llamada. Al terminar la llamada siento la presencia de mi amiga detrás de mí. Ah, no me pude escapar de ella. Todo mi ser necesita estar solo para pensar y pensar, pero ahora con esta mujer detrás de mí… Creo que no podré hacer nada. Ella nuevamente se apodera de mi brazo y me dice que de esta no saldré porque ella es mi amiga y ahora más que nunca nosotras estamos para apoyarnos. Bufo al escucharla y de una vez le suelto que esto es mi fin y que si no le molesta quiero ir al primer bar que mis ojos pueden ver, ya que no quiero irme a casa de mis padres, menos la de mi hermano y obvio que ni a la mía. Ella niega entre risas y me dice que me acompañará porque se imagina que estoy pensando que los malditos sábados hay que pasarlo en una caja de cristal y que esté ungida con agua bendita. No pude evitar sonreír tras esas locuras, pero si me pongo a pensar esa locura es lo que en el fondo de mi interior lo desea. Ahora aprovecharé lo que la loca de mi amiga diga por qué esto no es todos los días que ocurre, juro que hoy me embriagaré como una alcohólica y puede que en unos minutos ya esté borracha porque no soy de tomar, pero el día de hoy eso no importa. —Ava, quiero que dejes de estarte denigrando porque no lo eres —me jaloneo el brazo—, no eres una puta y menos una acosadora, eres y serás la puta del hombre del que quieras estar y si ese maldito se comporta como el puto infeliz que te hizo lo del video, entonces lo que hay que hacer es matarlo, y comenzaremos a envenenarlo o cortarle las pelotas, dado que esas las tiene como adorno. Mis ojos se abrieron como una lunática, “venganza pura”. Como una lunática tomo las llaves que tiene Fernando, le agradezco, y por primera vez me abalanzo a sus brazos, le doy un abrazo y un beso en la mejilla acompañado con un adiós y gracias. El pobre hombre se sorprendió por mi acto inesperado, dado que jamás he tenido un contacto o relación más que ser cordial porque es un empleado. Me alejo de él y le digo a mi amiga que puede seguirme o irse conmigo, sus palabras fueron: “ni loca te dejaré”. No hice ningún gesto y menos reproche de lo que me dijo. Ella quiere seguirme, ¡que me siga! —Muévete Tara, ya que no tengo todo el tiempo del mundo —alzo la voz tras apresurarme a mi Ferrari. El maldito día, sí, este maldito día, no lo quiero pasar encerrada en mi cuarto lamentándome por comer helado de chocolate, llorar por ver una película romántica o porque las relaciones de parejas son demasiadas complicadas, pero todo eso es porque mi día es un asco.
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