Tomo de su mano para llevarla que se acueste sobre el sofá, quiero seguirlo haciendo, pero esta vez ambos acostados sobre el sofá. Esta vez ella me empuja y yo caigo como presa sobre el sofá, se monta salvajemente sobre mí, y yo llevo ambas manos a su cadera mientras me deleito de cómo ella se despoja de su camisa. Toda una diosa en la cama, me encanta esta mujer, me siento un hombre embrujado. Está desnuda, sus tetas enormes rebotan mientras se mueve como una diosa. Hay cierta fricción. Sin prisas ambos jugueteamos con nuestros cuerpos. Humedezco con la lengua las comisuras, me muerdo el labio inferior. Nos besamos como dos locos apasionados, como si el mundo se acabara. Su lengua entra en mi boca. Lucha contra la mía. Besa muy bien, exquisita. La velocidad va aumentando. Aceleramos. No

