CAPÍTULO 41

1345 Palabras

*** LAURA *** Despierto entrada la mañana y corro hacia la cuna de mi hija con la esperanza de que todo haya sido solo un mal sueño, pero para mi desgracia no lo es. Ver su cuna vacía es un recordatorio doloroso de la realidad que estoy viviendo. Tomo su manta y aspiro el aroma de su colonia, que aún está impregnado; recuerdo la última vez que la vi: esa carita, esa sonrisa tan inocente y hermosa; entonces me gana el llanto, a la vez que me dejo caer arrodillada, apretando la manta sobre mi regazo, como si con ello pudiera sentirla en mis brazos nuevamente. De repente, una mano acaricia mi hombro con suavidad. —¡Mi hermosa! —Fernando se arrodilla a mi lado y me envuelve en un fuerte abrazo. Me aferro a él, sintiendo cómo mis lágrimas empapan su camisa. —No sé cómo voy a soportar esto; c

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