Escuché la alarma de Roman sonar muy temprano y se levantó en silencio, no dije nada, no hice nada, sabía por qué había sonado a esa hora, pero no me atreví a decirlo. Sabía lo que ocurriría y pensar en eso… era insoportable, no podía. Dios, ¿cómo voy a aguantarlo? ¿cómo voy a vivir cuándo el se vaya? Fuimos en mi auto a eso de las siete al aeropuerto internacional Rafael Núñez, me puse una blusa y unos shorts que no combinaban. Roman sabía que nos íbamos a quedar aquí y por eso, trajo ropa para mí y mis cosas de aseo. Con él no solo hizo lo mismo, sino que… trajo toda su ropa, sus dos maletas y no me di cuenta por ir con los ojos vendados… no sé ni qué sentí al ver esas maletas, quise patearlas. Me sorprendió ver a Lucila y a Mateo en la sala de espera del aeropuerto, ellos me salud

