—Ha pasado tanto tiempo, hermano —dijo Tanimura con una sonrisa estancada en el fondo de su tristeza. —Tanimura —dije. Salté y abracé a Tanimura. Extrañaba a mi mejor amigo. ¿Dónde quedaron los días en que solíamos jugar Pokémon? ¿Dónde quedaron los días que salíamos en bicicleta a recorrer Tokio? ¿Dónde había quedado la paz de nuestra infancias? ¿Por qué el mundo es tan complejo cuando abandonas la crisálida de la juventud? Quise tomar la bicicleta e invitarlo a recorrer Tokio. Una carrera no habría estado mal. Admiramos el atardecer en algún sitio. Regresábamos al apartamento y comentábamos el día con la emoción en la garganta. Tanimura volvía a ser el mismo e antes. Y aquel día, en mi mente, viajaban aquellos recuerdos dulces como el algodón de azúcar y cálidos como el sol est

