Su ojos no se moverán más. La mano invisible del viento, acariciaba mi rostro aterciopelado. Voces en el fondo de mi corazón que eran opacados por los latidos. Uno, dos, tres, cuatro… Sangre en las arterias, pero con recuerdos de glóbulos nostálgicos que viajaban en el torrente sanguíneo. Flores, crisantemos, álbumes y una presencia, la mía en cementerio. Un vestido n***o cubría mi cuerpo y el velo ocultaba parte del rostro. Dejé las flores encima de un altar improvisado. Corrían las lágrimas, dibujaban ríos fluviales en la mejilla. Torcí los labios, ahogué un sollozo, agité mis hombros. Algo pesaba en mi espalda, temblaban las piernas, no soportaría mucho tiempo. Debía dar la vuelta, pero una vez más, caí con las manos en el rostro. Su carta cayó encima de su nombre y las gotas empaparo

