—Estás despedida.—Dije con voz autoritaria. Aquella recepcionista me vió perfil bajo. Se veía como su mirada se apagaba y yo reía internamente.—Es una broma, solo por favor no trates mal a las personas que quieran entrar a la empresa. Que no se repita.
Y acto seguido caminé junto a Eva, quien chocó mi mano y rió por aquella broma.
En el ascensor nos encontramos con muchos chicos más. Altas, bajos, morenos, mujeres fuertes, otras bajas. Y así iba conociendo y teniendo la primera impresión de lo que sería ahora, mi empresa.
Miré el guía del ascensor y decía, 20 pisos para ser exactos. Eso era muchísimo.
Cada empleado se fue quedando en un piso hasta que solo quedamos Eva y yo. Piso 20 necesitaba una llave que no tenía, pero que Eva sacó de su bolsillo. Sonriente la introdujo y segundos más tardes la puso en mis manos.
—Ten.—Dijo colocándola.—Es la llave de tu ahora oficina. Tu padre estaría orgulloso de ti.—Y sonriente arregló el cabello de mi oreja.—Con el tiempo podrás reorganizar a tu manera. Puedes pintar, cambios estantes viejos y llenarlo de cosas a tu antojo. Por ahora solo es una aburrida oficina llena de papeles.—Dijo burlona.
Reí a su lado y la gran puerta del ascensor abrió. Me dejó ver todo un piso entero que pertenecía a la oficina. Todo el piso lo era.
Las grandes ventanas recorrían todo el lugar de punta a punta. Dejándome ver la gran ciudad desde aquí.
En silencio me acerqué a la ventana, viendo perpleja todo el panorama.
—Increíble y aterrador.—Susurró Eva a mi lado.—Increíble el paisaje pero aterrador la distancia. Si no es de su agrado, también puede cerrar y dejar todo oscuro. Usando los focos.—Dijo tomando una carpeta entre sus manos. Giró su cuerpo señalando el resto de la habitación.—Como le decía, es una enorme oficina que no ha sido diseñada en años. Consta de un par de viejos muebles, un escritorio y un baño. El resto son papales y más papeles. No sé cómo tu padre y madre no perdían la cabeza.—Rió. Y luego guardó silencio.—Unos grandes padres.