Capítulo 7

1091 Palabras
Respiré hondo una vez más y miré a Alice. —Estoy hasta arriba con éste lío.—Y suspiré. —Podrás con todo. Créeme.—Y detuve el automóvil.—¿Qué hacemos aquí? ¿Ya nos quedaremos en mi casa?—Preguntó confundida. —No, tú te quedas y yo me voy a la empresa.—Dije abriendo su puerta. —No, pero yo quiero ir.—Reprochó cerrando su puerta. —Es arriesgado.—Dije abriendo una vez más su puerta. Y al ver su expresión, reí.—Después te llevaré conmigo, lo prometo. Justo ahora ni yo sé que estoy haciendo, necesito concentrarme y necesito tiempo. Y sin reproches, se bajó del automóvil. —Prometo que llegaré para cenar. Traeré comida. Lo prometo.—Y sin más se marchó. Y fue ahí cuando observé la situación detalladamente. Hace un par de cuadras un automóvil me seguía. Avancé un poco más y bajé del automóvil. Colocando mi cuerpo ante el automóvil y gritando.—¿Quién eres? ¡Baja del automóvil! ¡Dime qué quieres!—Grité enojada. Estaba teniendo más valentía de la que creía tener. Y bajó un joven que no podía observar de manera detallada, hasta que su cuerpo se aproximó al mío y grité. —¿Tú? ¡Me habías asustado! ¿¡Qué demonios haces siguiéndome!?—Grité con enojo al ver a Michael, el jardinero. —Disculpe señorita. Es protocolo de seguridad; Mary quedó preocupada y me envió a vigilarla. Estaré lejos y no me notará. Lo prometo.—Y suspiré. —¡Me habías pegado un gran susto! Y el rió.—Pero señorita, decidió bajar del automóvil y confrontarme. Aunque estuviese llena de miedo y fuese arriesgado, tuvo más pantalones de lo que yo llegaré a tener algunas vez.—Golpeó mi hombro.—Yo hubiese huído o corrido a casa de su amiga. Sin más, regresé a mi automóvil. Oyendo los gritos de Michael. —¿A dónde irá, señorita Ashley? ¡Igual la seguiré!—Y sin respuesta conduje en silencio tratando de recordar el camino hacia la empresa. No recordaba la última vez que había puesto un pie allí. Calle tras calle, había logrado llegar. Me detuve ante aquel edificio de cristal. Metros y metros de altura. Personas corriendo de aquí allá, papeles volando por todos lados. Y el miedo se hizo presente. ¿Podría con ésto? Y una brisa chocó mi rostro. Ellos estaban aquí conmigo. Sí podría. Paso firme y entré a la empresa. Tanto tiempo que no recordaba ni como se veía por dentro. Y aquel olor a pelear con oficina vieja y un poco de cloro. Me dirigí a la recepcionista; quien confundida me recibió. —Buenos días. Solo puede subir personal autorizado.—Y siguió en sus papeles. —Buenos días señorita. Disculpe robar su tiempo. ¿Me considera personal autorizado?—Pregunté aguantando mi risa. —Lo siento pero, ¿quién es usted?—Preguntó entre dientes. —Ashley.—Y guardé silencio. —No estoy para perder mi tiempo, jóven. —Ni yo, chica. Mis padres han fallecido y vengo a poner ésto un poco en orden.—Dije firme. Ocasionando su risa.—¿Disculpe? No estoy para bromas. Puedo llamar a los agentes de seguridad. —Soy Ashley Vitale. Por favor, déjeme subir o tendrá graves consecuencias. Soy su jefa. Me miró de arriba abajo una vez más y rió.—Pero si usted es una niña. ¿Cuántos años has de tener? ¿15? Y Eva, quien había sido la secretaria de mis padres la mayor parte del tiempo, corrió amiga. Abrazándome entre sus brazos y lamentándose.—...Lo siento... Sé lo difícil que ha de ser perder a tus padres... Y al mismo tiempo.—Fue allí que la recepcionista me miró con asombro y yo reí.—¿Sucede algo, señorita Vitale?—Preguntó. Regresé su abrazo y le di un sutil, "gracias". Reí.—No, solo intentaba hacerle entender a la chica aquí que sí era Vitale. En su defecto, no me creía. No había autorizado mi entrada, si no fuese por usted, probablemente no me hubiese dejado pasar. Eva miró a aquella recepcionista de una manera desafiante y la misma se disculpó.—Ha sido mi error señorita Vitale, disculpe. —Ambas pueden tutearme, solo soy Ashley por ahora.—Reí.—Por favor Eva, sería gratificante que me ayudara a ponerme al día con todo lo que sucede. Así como me gustaría tener su gran ayuda por un tiempo mientras me adapto a éste mundo. Eva sonrió y me miró antes de interrogarme.—Disculpe el abuso Ashley pero, ¿decidió seguir usted con la empresa? Y reí.—Sí, tomaré el mando de la empresa yo. Y una vez más, aquella recepcionista se hundía en su asiento. Eva tomó mi mano y dijo lo que ya había oído un par de veces.—Señorita, llevar una compañía no es un juego. Menos ésta compañía, tendrá que dejar toda su vida aquí. ¿Está segura que quiere seguir con ella adelante? Podría simplemente venderla y hacer algo que sea más factible para usted. —Eva, ¿me está llamando incapaz?—Y reí soltando su mano.—Creo que es injusto que todos me discriminen por ser joven y por ser mujer. Soy una Vitale, y sí, hace mucho que no sabía nada sobre la empresa, pero un día mi padre comenzó así, sin saber nada. Y hasta el día de hoy, ha sido el mejor en su puesto. Probablemente jamás llene su puesto, pero no dejaré la empresa en manos de alguien más. Ésto es mi decisión y mi nueva compañía. No hay más, y es la decisión que he tomado. Espero ninguna se ponga en mi contra, porque solo con decirlo pueden marcharse del lugar. Y Eva rió de manera nerviosa.—No he dicho eso señorita Vitale. Sé que al igual que su padre, tiene la capacidad de hacerlo. Y es cierto, nadie nace aprendido. Le tomará un tiempo ponerse al día, pero podrá. Cuenta conmigo.—Dijo estrechando mi mano. Que amigablemente estreché. —Y tú.—Dije señalando a la recepcionista.—¿Qué te hizo no creer que fuese una Vitale? ¿Tratas así a todas las personas que cruzan esa puerta? —No señorita, se lo juro que no soy así. Solo ha sido un mal entendido. Pensé que bromeaba sobre ser la hija de los Vitale. No quería ocasionar una mala impresión... —Estás despedida.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR