Capítulo 5

1079 Palabras
Mary me vió con asombro. Tomó mi mano firme y me llevó hasta el automóvil. Una vez dentro, tomó el valor de preguntar. —¿Qué harás qué? Ashley, no sabes nada de la empresa. Ni siquiera yo podría ayudarte. ¿Estás segura de que es una buena idea?—Insistió. Y suspiré.—Es cierto, no sé nada de la empresa. Así como una vez mi padre tampoco sabía nada. Puedo aprender, buscaré el modo de hacerlo. No tengo más opciones Mary, ¿qué más puedo hacer? ¿Quedarme en casa y que la empresa se venga abajo hasta finalmente quedarme en la calle? No tengo a nadie más en el mundo, Mary. Incluso si no tengo dinero, ¿con qué te pagaría a ti? Y Mary suspiró, tomando mi brazo y besando mi frente.—...Ay señorita... Sabe que no estoy aquí por dinero. Eres mi nueva familia, y estaré aquí pase lo que pase. Te he criado como una hija para mí, y eso es lo que eres. La hija que nunca tuve.—Y aquello hizo que mis ojos se cristalizaran hasta finalmente llorar. —No sé si pueda hacerlo, Mary. Pero al menos debo intentar. Esa empresa ha sido por lo que mi padre y madre lucharon durante años. No la perderé en un día. Y aunque la odiara con todo mi ser por haberme robado a mis padres, es lo único que tenemos. No más que eso.—Finalicé. El automóvil encendió y nos marchamos del lugar. Un camino silencioso y lleno de tensión. Mientras yo mi parte solo pensaba en las palabras que había dado ante un micrófono. Tomaría el mando de una empresa sin saber nada de ella. Inclusive sin visitarle en años. Y aquello me comía la mente. El chófer nos llevó de regreso a casa. Era el lugar más seguro por ahora, dónde nadie ni nada nos llegaría a molestar haciendo preguntas absurdas. —Quiero que comas.—Dijo Mary devolviendo una vez las cosas de la mochila que horas antes había cargado para mí. —No tengo apetito.—Reproché. —No me importa si tienes o no tienes apetito. Necesitas comer o te vendrás abajo en cuestión de horas.—Y por primera vez, veía a Mary regañarme como lo haría una madre. Reí y me senté junto a ella. Tomando la comida que con mucho trabajo había preparado.—Comeré solo si comes conmigo. Sonrió de lado y tomó el segundo sándwich que había preparado. Me puse de pie y serví jugo de fresa para ambas. —Siempre es bonito desayunar contigo y no haciéndolo sola.—Confesé. Y una vez más repitió.—Siempre estaré aquí señorita.—Y el silencio se apoderó de nosotras. Segundos más tarde el jardinero nos tomó por sorpresa. Mirándonos con asombro y haciendo preguntas que me hicieron entender que ya la voz había corrido. —¿Es cierto?—Preguntó acercándose a nosotras.—¿Es cierto que usted tomará la empresa, señorita Ashley?—Preguntó con asombro.—Es más difícil de lo que cree, a su padre le tomó años estar donde estuvo...—Susurró. —¿Cree que no podré?—Reproché.—No pensé jamás que dudaría de mis capacidades. Carraspeó.—Nunca he dudado de sus capacidades, señorita Ashley. Pero es más complejo de lo que piensa. No es un centro comercial ni una fiesta lujosa. Se le irá todo el tiempo, toda su vida allí. —Podré. Creeme que podré.—Tomando un sorbo de mi jugo, solté.—Mañana mismo comenzaré. Iré a la compañía y me pondré al día con todos los papeles y todo lo que mi padre dejó a medias.—Reí.—Mary será mi mano derecha. ¿Cierto, Mary?—Y entre risas de confusión, me miró. —¿Así lo quiere señorita?—Y asentí.—Seré su mano derecha. —El mundo no estaba listo para tener a una mujer al mando, pero luego de todo ésto, créame que querrán más mujeres liderando empresas.—Y sin más me puse de pie. Llevando mis trates, y subiendo a mi habitación. Cambié mi vestimenta; colocándome un jeans azul clarito, deportivos blancos y una camisa negra. Tomando mi cabello en una coleta alta y tapando un poco mis ojeras. Era momento de enfrentar la realidad ante todos. Ashley Vitale viene de una familia fuerte y poderosa, y no sería la excepción. Bajé corriendo y me detuve ante Mary, quien me miró con asombro y negó tres veces con su cabeza. —No, no es el momento de que salgas.—Fue lo primero que dijo. —Solo iré a clases. Estar aquí solo me recuerda todo a ellos y debo enfrentar el hecho de que no están. Al menos allá tengo a Alice, una gran amiga.—Y sin más, tomé las llaves de mi automóvil, y cuando estaba por salir, Mary me detuvo una vez más. —Deja que el chófer te lleve. Nunca te gusta manejar, ¿y lo quieres hacer justo ahora? ¡La ciudad entera anda patas arriba con todo lo que sucede! Es más que peligroso. —Yo puedo Mary. Vuelvo al caer la tarde. Si no he regresado, llámeme o ve por mi con el chófer al instituto.—Y sin más. La hice a un lado y salí al garage. Quitando una lona de tela que cubría mi automóvil para evitar el polvo en él. Subí y encendí. —Extrañaba tener el poder sobre mis decisiones.—Y sin más, saqué el automóvil del garage. Cuando estaba por entrar a la carretera, el automóvil del chófer se interpuso. —¿A dónde va, señorita? ¿Segura que quiere salir sola? Es peligroso. Yo puedo llevarla, esperarla o acompañarla. Toda ésta situación tiene a todos con los pelos de punta, Mary quedó preocupada. —Por favor déjeme salir. Es mi decisión, necesito un tiempo fuera de todo ésto. Lo merezco. Y le recuerdo que trabaja para mí, de ahora en adelante yo doy las órdenes. Así que por favor déjeme el camino libre, no sucederá nada.—Obedeció cabizbajo y con el espacio libre, conduje. Me detuve ante mi hogar ya suspiré. Vitale. Y sin más, aceleré con fuerza perdiendome en el camino y solo pensando una vez más en lo que debía hacer y no tenía ni idea de cómo. Liderar la empresa más grande e importante de la ciudad.
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