De nuevo los sueños.
Imágenes de recuerdos se proyectaban en su mente como si fuera una película frente a sus ojos, en los recuerdos era violentada salvajemente por un poderoso Gul de ojos negros, que no reparaba en saciarse de la forma más sátira posible mientras se lo decía directamente.
Recordaba entre sueños cada sensación que su cuerpo había experimentado en aquellos momentos donde Gal se hacía de ella de todas las formas inhumanamente posibles, sin tener consideración de ella en lo más mínimo, sin embargo, en aquella ocasión eso era lo de menos, todavía y recordaba lo extasiada que se sentía mientras Gal entraba y salía una y otra vez de ella con fuerza, con los ojos en blanco, su mente no la dejaban concentrarse en el dolor delicioso del que su cuerpo era presa, cuando Gal frenó sus embestidas de golpe, haciendo que ella tomara aire sometida bajo el poder de un Gul poderosamente depravado.
Tomándola del pelo sintió el tirón que la hizo moverse para acomodarse sobre el pecho agitado de Griffin, quien la recibió entre los brazos y el rostro sonrojado, una punzada de excitación se apoderó de la entrepierna de Joanna en aquel momento, se remolinó entre la cama de su cuarto, al su cuerpo estremecerse por el recuerdo, Griffin la tomó de las mejillas para meter su lengua dentro de la boca de ella con hambre mientras se introducía en ella sin consideración, ella respingó deliciosamente mientras Gal se plantaba tras ella con intenciones de llenarla por su trasero, su corazón galopó en su pecho cuando él la penetró con fuerza haciéndola gritar tan fuerte que sabían que podían escucharla, allí comenzó un frenesí de embestidas poderosas e imparables que la hicieron voltear los ojos en una sensación de dolor, estaba convencida que aquellos dos la terminarían partiendo a la mitad, luego de un rato, Gal, quien dominaba el momento, salió de ella al mismo tiempo en que tomaba las caderas de Griffin para acomodarle una almohada, allí, con ella todavía sobre él, pudo ver la expresión del rubio cuando su cuerpo se tensó al recibir al muchacho que poseyó a su compañero, se sacudió fuera de los sueños…
El sueño continuaba, sin detenerse, en un huracán de perversiones que inundaban aquel recuerdo que la acosaba aquella noche, visualizó el rostro de Griffin bajo ella, hermoso y abochornado envuelto de retorcido deseo, ella recordaba haberse mordido los labios al momento de cerrar los ojos sintiendo las deliciosas sensaciones que la descontrolaban, luego, tomándola por sorpresa sintió unas manos cubiertas de pesados anillos que le apretaron las nalgas con fuerza, abrió los ojos en una exhalación húmeda, frunció el ceño al comprobar un tono de voz grave que gemía, fue allí que miró hacia abajo, hacia el cuerpo que la poseía con ímpetu, un estremecimiento excitante la recorrió al comprobar que unos ojos dorados le regresaban la mirada con deseo, su cuerpo se calentó mucho más al mirar como Chariose se movía bajo ella, cerrando los ojos de placer al sentirlo envolviéndolo, su cuerpo hirviendo se retorció tocando el suave y musculoso pecho del rey quien le recorría el cuerpo con las manos, solo estaban ellos dos, y los gemidos en aquella habitación en penumbras los envolvía en una aura erótica, su cuerpo de pronto sintió aquel deseado éxtasis que crecía poco a poco en su vientre, abrió los ojos viendo la mirada dorada del soberano quien la veía fijamente también en un inminente orgasmo que estaba por llegar, Joanna abrió la boca apretando la piel del pecho de Chariose en el momento en que aquella exquisita sensación estaba por explotar en su cuerpo, luego, cuando aquella sensación estalló en ella fue cuando Joanna abrió los ojos saliendo de aquel sueño que la había tomado por sorpresa, como regalo del cielo el orgasmo de sus sueños estallaba en la realidad haciendo que ella abriera los labios para gritar el orgasmo que le recorrió el cuerpo como un rayo, mordiéndose los labios relajó su cuerpo cuando la sensación aminoró, respiró entrecortadamente mientras su corazón palpitaba fuerte en su pecho entre palpitaciones que desaparecían con el paso de los segundos, aflojó las manos hechas puño tragando saliva con dificultad.
Apretó los ojos relamiéndose los labios controlando su respiración agitada y su cuerpo tembloroso, intentó moverse, comprobando que la luz de la mañana se colaba por la puerta abierta del balcón en un luminoso día soleado, parpadeó sentándose sobre la cama, se apartó el pelo de la cara mirando el hueco entre sus piernas, acercó una mano a ella y tocó la zona completamente mojada, giró los ojos sobre el colchón donde había estado recostada, una mancha mediana de humedad reposaba iracunda evidenciando su poderoso orgasmo.
Se abrazó a sí misma luego de restregarse el rostro con las manos, retomando el recuerdo del sueño tan vívido que había tenido, su corazón se estremeció consiente que algo como eso era imposible que pasara, consiente que sus sueños eran un reflejo de sus miedos y deseos, suspiró desnuda en el colchón.
Inesperadamente un estridente ruido en la puerta la hizo respingar del susto, las puertas de su habitación se abrieron de golpe, Joanna reaccionó tomando la sábana de la cama con una velocidad inhumana para tapar la mancha de su eyaculación femenina, giró el cuerpo mirando quien era el que había interrumpido de tal manera.
-¡Es tarde Joanna!- Gritó Enith metida en un hermoso vestido corto color blanco, Joanna la miró completamente desvelada, agotada y devastada, Enith se detuvo en seco mirando el rostro demacrado de Joanna, sin embargo, muy para su pesar, se daba cuenta que aun así lucia tremendamente hermosa, desvió los ojos al cuerpo pálido de la pelirroja, su pelo de fuego se desparramaba por su cuerpo serpenteando en su espalda, rebelde y largo, bajó los ojos marrones a sus abundantes pechos rosados, estos se contoneaban blancos y perfectamente firmes, que reflejaban su reducida cintura de avispa, Enith tragó saliva con dificultad mirándola con un toque de envidia, sin embargo se concentró en no parecer que le interesaba la hermosa apariencia de Joanna.
-¿Tarde para qué?- Respondió Joanna con voz irritada.
Enith abrió los ojos al no entender cómo era posible que ella no supiera que era un día muy importante.
Enith entre suspiros de molestia se encaminó al enorme ropero del cuarto, de allí saco lo que mejor convenía y apretando los dientes se apuró en ayudar a vestir a Joanna quien se movía muy a duras penas.
-¿Qué mierda te ha pasado Joanna?- Preguntó ella mirando el rostro demacrado de la pelirroja.
-¿A dónde vamos tarde?- Continúo la chica mientras Enith le ponía unos pantalones de vestir negros.
-¡Por los dioses Joanna!- Exclamó Enith molesta plantándose de pie frente a ella con los brazos en jarras, luego rechinando los dientes peino el cabello rojo con las manos, y de un movimiento la puso de pie, Joanna soltó aire por la boca poniéndose de pie con las piernas temblorosas.
-Perdóname Enith, tuve una mala noche-. Joanna caminó tras Enith quien la tomaba de la mano para arrastrarla fuera de la habitación.
La que fue su mejor amiga no se giró a mirarla, simplemente se limitó a caminar con ella de la mano, evidentemente molesta.
De un momento para otro ambas salieron del castillo donde un auto blindado las esperaba junto a Bowie, quien abrió los ojos al mirar el rostro de Joanna, está última puso la espalda recta.
-Hola Bowie-. Lo saludo, comprobando lo elegantemente bien que se veía Bowie enfundado en su uniforme de gala, con sus mil insignias en las solapas de su saco azul marino.
-Por los dioses Joanna, ¿Qué te pasó?- Intervino él mirándola con ojos enormes.
Enith metió a Joanna en el auto con el sudor perlando su frente para después, mirar a Bowie soltando aire por la nariz.
-Tal parece que se desveló, aunque yo opino que bebió-. Supuso Enith con los brazos en las caderas.
-Tal parece que sí, pero, ¿Por qué?- Bowie negó con la cabeza mirando dentro del auto a una Joanna que se recargaba en el asiento con aires agotados.
Enith se encogió de hombros metiéndose en el carro en el momento en que Bowie le cerraba la puerta del coche.
-Váyanse ahora, es tarde-. Repuso él, Enith asintió con la cabeza, luego el auto emprendió el camino con velocidad, en el camino Enith maquilló como pudo a la pelirroja y cuando estuvo lista fue cuando el auto llegó a su destino, Enith y Joanna salieron del auto, está última siguió a Enith quien subía a una escenario enorme acoplado con un micrófono y unas sillas tras este, Joanna agudizó la vista mirando al fin a su alrededor, el escenario estaba acoplado en medio de un enorme boulevard que estaba flaqueado por miles de personas a sus costados en un evidente aire festivo, el ruido y sobre todo el hambre hacían que sus sentidos se duplicaran el doble causándole una evidente molestia, Enith la colocó en una de las cómodas sillas en el escenario junto a lo que pudo adivinar, era el consejo del rey e invitados de otras naciones, quienes ya estaban sentados mirando entre sonrisas el desfile que aparecía en unas pantallas acopladas en áreas específicas para que todos vieran bien el desfile que desembocaría hasta donde estaban, Joanna tomó aire percatándose que Enith y ella se habían sentado en la segunda fila de las sillas, muy cerca para muy de su infortunio, lo que menos quería era que la miraran, si por ella hubiera sido ni siquiera hubiera ido, sin embargo, no podía escapar en esos momentos, pues si lo hacía, todo mundo se percataría de ella.
Optó por mantenerse quieta.
Luego de casi una hora, escuchó la voz de un presentador que además de animar a las personas, narraba lo que estaba pasando en aquellos momentos, esté, en esos instantes trono en una poderosa voz cuando anuncio al rey, Joanna entornó los ojos en medio de un mini infarto, recordando el poderoso sueño que había acabado con sus energías, su corazón martilló en su pecho mientras lo buscaba en las pantallas, allí de pronto apareció el hermoso rostro del soberano, desfilando con kilómetros de su armada en un enorme carro alegórico del que estaba acoplado un trono dorado, su respiración se entre corto al mirarlo vestido de un pulcro uniforme n***o, revestido con miles de insignias y condecoraciones adornando su traje, tragó saliva mirando el rostro serio de Chariose, escuchó gritos y exclamaciones fuertes cuando las personas miraban al rey saludando de pie a sus súbditos en una lluvia de confeti y pétalos de flores, parpadeó dominada por el poderío que irradiaba aquel joven rey que miraba severo a su alrededor, su pesada corona de oro brillaba con cada rayo de sol que se estrellaba en el costoso metal, el cuerpo de Joanna insatisfecho reaccionó respingando, hirviendo y sudando mientras era consiente que no podía controlarse, Enith se acercó sutilmente a ella para susurrarle;
-¿Te sientes mal?- Le preguntó mirándola fijamente, Joanna parpadeó despegando sus ojos de la enorme pantalla que reflejaba el rostro del rey.
-No, solo estoy cansada-. Contestó jugueteando con los dedos con nerviosismo, su entrepierna empapada se sacudía envuelta en deseo.
Enith apretó los labios regresando a su posición principal.
Joanna tuvo que soportar una hora más en lo que el desfile terminaba, y cuando eso pasó, el carro alegórico donde el rey del mundo, llegó, agachó la cabeza cuando supo que Chariose subía al escenario flanqueado por sus generales a sus espaldas, solo pudo mirar los pies del rey cuando esté se apersonó en el escenario, apretó los ojos intentando distraer su mente de los recuerdos de su sueño y de los impulsos de su cuerpo descontrolado.
Fue sumamente torturante tener que permanecer tranquila luego de soportar un largo y poderoso discurso que Chariose dio a sus ciudadanos, y además, un par de horas más para mirar el show que la ciudad había preparado para ese día, que por si fuera poco, era increíblemente brillante.
Sintió alivio cuando todo al fin terminó, y todavía con la mirada en el suelo, comprobó que el rey se retiraba, todos se pusieron de pie cuando el soberano salió del escenario perfectamente custodiado por sus generales y soldados, Joanna soltó aire por fin levantando la mirada, solo pudo ver la amplia espalda de Chariose bajando del escenario tan recto como una estaca, ellas tuvieron que esperar a que los invitados internacionales y el consejo del rey salieran tras el soberano, las chicas quedaron como último pero terminaron saliendo de allí, con Joanna deseando fervientemente cazar algo para tirarse de panza todo el día sobre su cama.
Ambas bajaron del escenario con Enith extrañamente silenciosa, sin embargo, fueron flanqueadas por Bowie, quien las tomó por sorpresa.
-¿Qué pasa?- Preguntó Enith.
Bowie sereno y firme miró de reojo al despojo que era Joanna en esos momentos.
-Su majestad la espera en su auto-. Dijo y ambas levantaron la mirada hacia el general, para Enith una bendición, para su ex amiga, una desgracia.
-Yo puedo irme en el auto donde llegamos-. Joanna interrumpió.
-No, lo siento-, Bowie trago saliva con dificultad –recibí una orden y debo cumplirla-. Joanna suspiró por la nariz.
Luego Enith parpadeo borrando su sonrisa entendiendo a lo que Bowie se refería.
-¿No iré con ellos, verdad?- Soltó con veneno.
Bowie frunció los labios, Enith se cruzó de brazos con evidentes celos.
-Puedo acompañarte en el auto…- Se ofreció el general, pero fue interrumpido por una Enith evidentemente molesta.
-Yo puedo ir sola-. Restregó más para Joanna que otra cosa, la pelirroja soltó aire, no estaba de humor para el sarcasmo de Enith, con gusto le cambiaría el lugar, si pudiera.
Enith se giró sobre sí misma para salir de allí en dirección al auto que la esperaba, Bowie soltando aire por la boca miró a Joanna, y sin decir nada más le abrió el camino con un gesto con la mano, Joanna sin demorar más caminó hacia el auto oculto del rey, el chofer del auto la esperaba fuera como un centinela, Bowie la acompañó hasta el auto, cuando el chofer la miró le abrió las puertas revelando a Chariose dentro con los brazos cruzados en el pecho y los ojos cerrados en una mirada seria, ella tembló y se metió en la limosina acomodándose en el asiento frente al rey.
Sintió un infarto cuando comprobó que Bowie le cerró la puerta sin entrar, respiró con la boca abierta agarrándose del asiento con nerviosismo.
El auto avanzó en silencio, mientras completamente solos, el ambiente se volvió incómodo.
-El desfile fue hermoso, “su majestad.”- Masculló relamiéndose los labios.
Chariose abrió los ojos mirándola con poderosa mirada, desde donde estaba Joanna podía oler su agradable perfume, pero él se mantuvo sereno mirándola fijamente.
Estremeciéndola completa.
-Luce cansada señorita Joanna-. Dijo en formalidad, con aquella expresión dominante característica de él.
Ella tragó saliva con dificultad.
-Tuve una mala noche, es todo-. Apartó la mirada de la de Chariose.
Él no pudo evitar formar una leve sonrisa, tomándola por sorpresa.
-Puedo suponerlo-. Respondió él controlando su sonrisa, Joanna tuvo un escalofrió – Puedo preguntar ¿que hizo anoche para terminar así?- No desvió los ojos de los de ella, quien no sabía dónde meterse.
Su corazón respingó, con Chariose no podía bajar la guardia, él era demasiado listo como para entender muchas cosas a la primera, además cuando le preguntó, las imágenes de la desenfrenada noche que había tenido con Griffin (sin olvidar los ajetreados sueños y posterior orgasmo) le aparecieron en la mente, estremeciéndola.
-Tuve pesadillas-. Respondió mirando cómo se acercaban al castillo poco a poco.
Chariose asintió con la cabeza.
En ese momento la limo aparcó en el interior del castillo, justo para que el rey bajara del auto sin caminar hasta la entrada, las puertas del auto se abrieron causando un alivio por parte de Joanna, sintiéndose salvada hizo una leve reverencia a Chariose dispuesta a bajar, sin un antes él detenerse en ella antes de salir, la miró fijamente a los ojos con fuego.
-Le aconsejo señorita Joanna que no se masturbe demasiado o le restara las energías-, musitó contemplándola fijamente, el color pintó el rostro de Joanna dejándola congelada en el asiento –y por favor, no grité tan fuerte alguien podría descubrirla-. Dijo como último para después irse con aquel aire majestuoso de rey, Joanna se llevó las manos a la boca completamente avergonzada por primera vez en 8 años.
Levantó la mirada viendo la espalda de Chariose mientras esté caminaba hacia la entrada de su castillo sin inmutarse.
Por primera vez, Joanna no podía con un simple humano.