Tuvo que contener el aliento después de salir de aquel cuarto tan tentador, el pasillo la recibió tan sereno y solitario como pocos, el área de la habitación del rey, acostumbraba estar de ese modo, con tal de no perturbar en nada al soberano, para que esté durmiera plácidamente, soltando el aire contenido en sus pulmones se encaminó sintiendo el ardor que no podía contener.
El mármol del suelo, le enfriaba los pies descalzos mientras caminaba a paso veloz, intentando salir de allí lo más pronto que pudiera, con la mente revuelta y el cuerpo ardiendo, la pelirroja pensaba cómo un simple humano pudiera controlarle de esa manera, se remolinó los sesos luchando por comprender aquel torrente de emociones que no la dejaban concentrarse, aún tenía que convencerlo de que sus sospechas no eran ciertas (aunque tuviera toda la razón), de pronto un pensamiento la hizo frenar en seco, recordando las palabras de Griffin esa noche en la playa; él tenía razón, ¿Por qué insistía en quedarse?, No tenía necesidad de lidiar con eso ni en lo más mínimo, tan simple era salir de allí y no volver nunca…
Se mordió los labios, Joanna sabía perfectamente la respuesta, sin embargo, no deseaba que se quedara siempre revotando en su mente, sabía que era lo que debía hacer, más no se permitía hacer lo correcto, todo, por la imperiosa necesidad de ver al rey sol siempre.
A medio pasillo, percibió un olor conocido, para su suerte aquel olor no era el de Griffin, quien donde sea que estuviese debería estar pasándoselo de lo más lindo, si no que aquel olor cargado de feromonas y perfume fino la hizo cruzar los brazos sobre el pecho, apretó los dientes estando consiente que Enith la acechaba desde una de las esquinas de los pasillos, espiándola a sus espaldas.
-No se te ha quitado la costumbre de seguirme, ¿verdad Enith?- La pelirroja se giró sobre su propio eje, descubriendo que desde una de las esquinas de los pasillos asomaba una hermosa chica de abundante pelo n***o que le regresaba la mirada con los ojos entrecerrados.
-Los malos hábitos, se suelen quedar querida amiga-. Joanna la miró pararse en mitad del pasillo con los brazos en jarras.
Su mirada marrón y filosa se clavaba en Joanna como dagas, a juzgar por su expresión irascible, no era difícil descubrir que no estaba de buen humor, lo que a Joanna le importaba un cuerno.
-Apuesto lo que sea a que fuiste tú, Enith, quien avisó a Chariose que había salido del castillo-. Masculló la pelirroja levantando una ceja roja.
Enith dibujó una sonrisa burlona aún con las manos en sus abultadas caderas redondas.
-Puedes enojarte conmigo si quieres, pero Joanna-, levantó los ojos para mirar a la que fue su mejor amiga –era completamente mi responsabilidad decírselo-. Enith se encogió de hombros –Además, no podía dejarlo así, dados tus antecedentes-.
Joanna sintió una opresión en el pecho, le quedaba claro que todos creían que aquella noche simplemente había huido por mero capricho, que era su responsabilidad haber permanecido lejos de su hogar por 8 años, las palabras de Enith, de nuevo volvieron a herirla, sin embargo, se contuvo.
-¿Antecedentes dices?-
Enith asintió con la cabeza.
-Así es-.
-No era esa mi intención-. Se defendió la poderosa Ghoul, que ahora se sentía acorralada como ella solía hacer sentir a sus víctimas.
-Eso no lo sabemos-. Espetó la modelo.
Allí para Joanna fue hervir en ira, ¡estúpida humana!, bramó para sus adentros, Enith no tenía templanza para ella ni siquiera un poco, por unos cortos segundos la idea de sacarle el corazón de un golpe le cosquillaron en la mente, se limitó a apretar los puños mientras tragaba saliva con dificultad, el ardor que había sentido, ahora se transformaba en un ardor de furia.
-Bien Enith-, repuso Joanna mientras se preparaba para continuar su camino –entonces descansa ahora, es tarde y fue un día largo, nos vemos mañana-. Joanna se giró sobre sus talones para avanzar un par de pasos, cuando fue alcanzada por Enith que continuaba mirándola con ojos severos.
-¿De qué hablaste con su majestad?- Preguntó de pronto Enith quien se emparejaba a una Joanna que caminaba a paso veloz.
La flamante pelirroja le regresó la mirada sin dejar de avanzar, ¿Por qué de pronto el repentino interés?, Inmiscuyó en la mirada de Enith, a pesar de su arrogancia, se miraba bastante preocupada, ¿Por qué? ¿De qué?
-Nada en especial-. Le respondió con las ganas fervientes que se desapareciera de su camino.
-¿Él te dijo algo en especial?- La tomó por sorpresa el repentino interés de ella sobre saber qué era lo que había estado haciendo en el cuarto del soberano, Joanna sonrío de pronto, sintiendo un manojo de celos en el olor de Enith, la muchacha de hermosos ojos grosella la miró fijamente mientras se detenía de nuevo.
-¿Por qué el repentino interés Enith?- Preguntó.
La vio titubear un poco, intentando ocultar los celos que se le escapaban por cada poro de su cuerpo.
-Bueno yo, es que…- la miró a los ojos –me preocupa que su majestad haya sido severo contigo-, se cruzó de brazos –es todo-. Exclamó con fingido desinterés, lo que provocó que Joanna no pudiera ocultar una sonrisilla que no hizo más que alterar a un más a Enith, quien arqueo un oscura ceja al verse perturbada.
-Aprecio tú preocupación-. Joanna sin más, retomó su camino, solo que está vez, su “mejor amiga” no la siguió, la sintió quedarse de pie en el pasillo con mirada irritada, hasta donde llegaba Joanna podía sentir el aura de amargos celos que Enith irradiaba, luego está última le gritó clavada en el suelo, tras Joanna que terminaba de salir por ese pasillo;
-¡No escapes mañana, es el desfile del carnaval!- Gritó, pero Joanna ya había salido de allí, logrando escuchar las palabras de Enith, gracias a su poderoso oído desarrollado.
¿Desfile?, Oh si, ya lo recordaba, el clásico desfile que abría al baile del carnaval, su mente le proyectó imágenes del pasado, cuando ella miraba el tradicional desfile donde toda la armada del rey y el propio soberano desfilarían imponentes ante la prole, quienes vitoreaban y celebraban todo, se recordó mirando a Vado, el padre de Chariose, anterior rey sol, lo recordaba contonearse en un vistoso carro alegórico enorme como una casa, con una corona en la cabeza y la arrogancia inflada, sonrió, luego una punzada la hizo pensar, esa sería la primera vez que miraría a Chariose imponente en aquel desfile bélico, un cosquilleo le subió por el vientre mientras se mordía los labios, en aquel momento la puerta de su habitación le dio la bienvenida, y soltando un suspiro se metió en el interior, rogando que nadie hubiera ido a limpiar, se alivió al comprobar que todo estaba igual a como lo había dejado, ya en la mañana se ocuparía en avisar que nadie tocara la habitación, por lo pronto estaba salvada, mirando a su alrededor volvía a recordar los acontecimientos de la noche anterior, donde Griffin había sido de más de complaciente, un estremecimiento le recorrió la espalda al rememorar como retozaban entre las sábanas en una maraña de gemidos y hambre, un recuerdo de Griffin atado y sometido sobre una enorme cama de satín la remolinó completa, mordiéndose los labios avanzó hacia la larga ventana cerrada, el viento frio, le refrescó la piel, que volvía a arder, jadeo soltando un vapor de la boca, se encendía de nuevo cuando un flechazo atravesó su mente, se recordaba aplastada contra la pared de la habitación del rey, con las manos en la espalda y el clamor del poderío de Chariose sobre ella, un respingo en la entrepierna la hizo remolinarse mientras calmaba los ardores apretando las piernas y la tela del vestido con los puños, frente a ella, la ciudad se extendía, viva y brillante, aún había noche por continuar y ella clamaba de ansias por ser engullida por la ciudad, se imaginó a un Griffin gozando de los placeres que la festiva ciudad ofrecía, lo envidió por un momento, recordando las interminables noche de juerga que la dejaban satisfecha en todos los sentidos.
Cerró los ojos olvidando de pronto todo el peso que Chariose ponía sobre sus hombros, olvidó la preocupación por no ser descubierta, y olvidó sobre todo, los modales y la discreción, consumida por el deseo voraz, se sacó el arruinado vestido por los hombros, rozando zonas erógenas mientras se deslizaba el vestido por el cuerpo, no pudo evitar gemir con su cuerpo completamente erizado, la fiebre acostumbraba nublarle el juicio, completamente esclava del deseo bestial que la poseía con frecuencia, volvía a estar hambrienta de todo, como si no hubiera quedado satisfecha después de toda esa aventurilla de todo el día, dejó que su pelo ondeara en el aire al momento de dar un par de pasos hacia el frente, quedando en medio del balcón, mientras el aire frio se colaba por todo su cuerpo desnudo, un poderoso cosquilleo la llamaba a saltar, regresar a las entrañas más oscuras de la ciudad para despanzurrarse de todo, y es que no era la primera vez que salía así, era frecuente que en noches especiales, se abandonara de la ropa para salir así, con la piel descubierta y ardiendo, se pasó la lengua por los labios imaginando el degenere bizarro que la esperaba, pero, cuando estaba por llegar al borde del balcón, un movimiento sobre ella la sacó de toda concentración, causando que saliera del trance erótico que la poseía, en medio de un respingo miró hacia arriba, donde el enorme balcón real se extendía sobre su cabeza, percibió movimientos en él, causando que se ocultara, regresando un par de pasos, respiró entrecortadamente con los pulmones inhalando y exhalando aire gélido, no tardó mucho en comprobar que se trataba nada más y nada menos que del rey del mundo, Joanna sacudió su cabeza que salía de la neblina, mientras miraba hacia arriba, comprobó que Chariose se recargaba en la fina piedra fría de su balcón, para observar su reino con el pecho al aire y unos ligeros pantalones de pijama negros rodeándole las estrechas caderas y sus poderosas piernas.
Esto en lugar de tranquilizarla, la encendió mucho más, una poderosa oleada de fuego la atravesó mientras miraba al perfecto rey recargado sobre la piedra con una copa de vino en las manos, sus dedos anillados y la hermosa gema verde en su oreja tintineaban con cada movimiento cuando se reflejaban en la luz azul de la madrugada.
Joanna exhaló vapor consiente que si Chariose bajaba la mirada, la descubriría desnuda y caliente.
Se mantuvo quieta, al estar segura de que si se movía tan solo un poco, el tiránico rey la descubriría, aunque en el fondo, ardía de deseos de que él la mirara.
Se relamió los labios imaginando imágenes de un rey excitado y cediendo al placer violento del que Joanna podía someterlo, su piel vibró entre la brisa fría, tuvo que calmar su piel erizada, con el impulso de caminar unos pasos para que el rey del mundo posara sus ojos dorados sobre ella.
Sonrío.
Joanna se escabulló en las sombras, espiando con sumo cuidado cada movimiento de Chariose, su cuerpo tembló ansioso cuando contempló con detalle cada parte del cuerpo medio desnudo del que una vez pensó sería el amor de su vida.
La piel pálida del rey brillaba a la luz de la luna.
Entornó los ojos, notando un ligero movimiento tras el soberano, borrando de pronto todo sentimiento de ardor.
Vislumbró una abundante melena negra que se meció con la brisa helada, una punzada dolorosa atravesó el corazón de Joanna, muy para su sorpresa se trataba de Enith, quien miraba a Chariose con los brazos cruzados en el pecho y con aire solemne.
Ella hablaba con él, y él parecía contestarle, esto a la pelirroja le causó una oleada de descontento, conociendo las intenciones de Enith, sabía que ella sería capaz de todo con tal de terminar en la cama de Chariose, si es que no ya hubiera pasado.
Apretó las manos en puño, sintiendo el frio calando en sus huesos, lo que más le remolinaba era entender, que ella no podía decir absolutamente nada, Chariose era libre de hacer con su vida lo que le viniera en gana, además había estado ausente por ocho años, pudieron suceder mil cosas que ella no podía compartir, eso, era lo que en verdad le dolía, darse cuenta que Enith había llegado a tener tal acercamiento con él, debido a su ausencia.
Se abrazó a si misma echando una última mirada hacia el par, mientras se consolaba diciéndose, “no está desnuda”, “no está desnuda”, se repetía mordiéndose las ganas de aparecerse frente a ellos y tomar a su Chariose frente a Enith, no se concentró en escuchar la conversación, podría ser algo que la afectara soberanamente, por aquel motivo, dejó que sus impulsos la dominaran, no se plantaría frente al rey ni a Enith, sino que se perdería en la animosa ciudad de intermitentes luces neón.
Así que desviando los ojos de la escena saltó del balcón de su cuarto, con cuidado de no ser vista por Chariose o Enith, era una experta en escabullirse sin ser vista, así que corrió por el jardín consiente que dejaría atrás el hermoso rostro atractivo de Chariose.
Con habilidad salió del imponente castillo, escurriéndose desnuda por los callejones de la ciudad, con el corazón martillándole en el pecho, encontraría a Griffin, solo tenía que seguir su aroma atrayente. Así que colándose entre las sombras, percibió el olor de su ex compañero de caza, puso los ojos en blanco al descubrir el lugar donde Griffin se estaba escondiendo, corrió entre tejas con cuidado de no ser vista, localizó a su compañero dentro de un jubiloso establecimiento de alta calidad, se acopló en la cornisa de la ventana asomando la cara en el vidrio que irradiaba una poderosa luz blanca en el cuarto piso del edificio.
De inmediato contempló la escena que se estaba desarrollando dentro, el olor a sexo y los gemidos se acoplaban en sus sentidos mientras miraba a Griffin poseer el cuerpo de una prostituta hermosa de brillante pelo rubio, sonrió escuchando la melodiosa voz sexy de Griffin gimiendo, él de inmediato la sintió mirarlo desde la ventana externa del cuarto, él le regresó la mirada, fue allí al ser contemplado por la pelirroja que sintió que se encendió el doble, nada lo excitaba más que ella lo mirara gozar de las delicias de la vida, él apretó las caderas de la mujer arreciando las embestidas con el rostro desfigurado de placer, mientras ella estaba teniendo el mejor polvo de su vida, Joanna se relamió los labios mientras su cuerpo se estremecía de deseo, Griffin la miraba con la boca abierta para dejar que sus gemidos se escucharan por la habitación, Joanna apretó las piernas comenzando a humedecerse, se llevó una mano a su cuerpo hirviendo.
Griffin arañó las nalgas de la chica lo que provoco que jadeara de dolor delicioso, mientras ella ponía los ojos en blanco, la pelirroja aplastó su cuerpo en el frio vidrio mientras lo empañaba con su cuerpo que transpiraba.
En un punto después de aplastar el pecho de la hermosa prostituta sobre el colchón, tomó posesión de la parte baja de ella con violentas embestidas sin dejar de mirar a Joanna en ningún momento, fue allí que la mujer apretó las manos mientras contraía su cuerpo en un poderoso éxtasis del que solo Griffin era capaz de dar.
La escucharon gritar en un poderoso grito en medio del orgasmo mientras Griffin completamente abochornado y sonrojado se dejaba llevar por el suyo apretando la carne del trasero de ella con tanta fuerza que la lastimó.
La joven prostituta no pudo apartarlo ya que estaba entre el éxtasis del dolor, la rubia se desplomó sobre el colchón completamente exhausta y jadeante, ella sonrió satisfecha consiente que había tenido el mejor sexo de su vida.
Joanna fue allí que se apersonó dentro del cuarto, tomando por sorpresa a la chica, quien se estremeció en medio de un susto al mirar a una extremadamente hermosa chica desnuda saliendo de la ventana a 4 pisos de altura.
Griffin se dejó caer en la cama acoplándose las manos tras la nuca mientras la rubia lo miraba con grandes ojos marrones.
-¿Qué mierda?- Masculló ella al momento en que Joanna se acercaba a ella para sujetarla del pelo, tomándola de nuevo por sorpresa.
La chica protestó sin entender que era lo que estaba pasando.
-Es suficiente para ti preciosa-. Habló Joanna sacando a la prostituta del cuarto del cabello, esta última gritó cuando la pelirroja la sacó del cuarto arrojándola fuera de un movimiento.
La rubia cayó de sentón en el pasillo todavía desnuda y completamente enfurecida, Joanna cerró la puerta a sus espaldas mientras la mujer se arrojaba a la puerta para blasfemar contra ella, acusándola con su madrota.
Joanna ignorándola completamente se subió a la cama para sentarse sobre las blancas caderas de Griffin, quien continuaba tan firme como si no hubiera tenido un orgasmo.
Él se mordió los labios cuando la entrepierna de ella lo envolvió apretándolo en medio de un calor abrazador.
Ella soltó un gemido cuando él llegó profundo, luego ambos se miraron a los ojos.
-Te divertías sin mí-. Susurró ella comenzando a moverse de arriba abajo con lentitud.
Griffin se mordió los labios tomándola de las caderas para ayudarla a bajar hasta su pelvis poderosamente dura.
El bochorno volvía a pintarle la cara a Griffin mientras cerraba los ojos, su Joanna era mil veces mejor que cualquier mujer con la que pudiera estar, la hermosa parte baja de ella era tan deliciosa y única que no podía soportarlo, notaba la diferencia cuando ella lo envolvía.
-Jamás-. Jadeó a duras penas sintiendo las descargas placenteras que recibía cada vez que ella se movía sobre él, apretó los ojos deseando poder atravesarla más, fundirla en su cuerpo mientras la escuchaba gemir dulcemente.
Abrió los ojos cuando ella comenzó a moverse con más fiereza, perdiendo el rumbo de la mente, alargó los brazos a su cuerpo blanco como la leche, tocando sus pechos, su vientre y sus piernas mientras se dejaban llevar por la delicia.
De un momento para otro, Joanna apoyó su pecho sobre el de él sin dejar de moverse, ansiaba tanto comerse su oreja que no lo pudo resistir, le pasó la lengua por el lóbulo causando una descarga de electricidad que hizo que él impulsara con fuerza sus caderas hacia arriba en medio de jadeos y choques de pieles.
Fue en aquel momento en que Griffin abrió los labios envuelto en éxtasis.
-Ya nos divertiremos más-, gimió entre un gritito, ella respondió del mismo modo – pronto, Gal, Ginebra, tú y yo nos la pasaremos de lo lindo-. Musitó rompiendo con toda emoción en Joanna quien abrió los ojos tan grandes como su cara al escuchar las palabras de Griffin, ella se levantó un poco con los brazos para mirarlo fijamente a los ojos, dejando de moverse.
-¿Qué?- Exclamó ella bajándose del cuerpo todavía dispuesto de Griffin, él frunció el ceño sentándose con frustración, el rostro de Joanna era de total desaprobación.
-¿Cuál es el problema?- Preguntó.
Joanna abrió la boca sorprendida.
-¿Es en serio Griffin? ¿Ginebra? ¿Gal? ¡Aquí!, ¿sabes lo que eso significa?- Se puso de pie con irritación, recordando los poderosos ojos de Gal, el fiero y sádico Gal.
Griffin torció el gesto.
-No le veo el problema-. Se encogió de hombros.
Joanna ensombreció la mirada.
-¿Es en serio Griffin?, ¡Cómo pudiste permitir que esos dos vinieran!- La cara de ella era de total desesperación.
Griffin puso los ojos en blanco poniéndose de pie de un brinco.
-No soy nadie para decirles que es lo que esos dos deban hacer-, respondió él poniendo los brazos en jarras –además, solo vienen de paso-. Repuso quitándole importancia.
Joanna se sentó sobre el borde de la cama cubriéndose el rostro con las manos mientras soltaba aire de los pulmones, lo que menos quería era que otros Ghoules se hicieran presentes y le causaran más problemas de los que ya tenía, además se trataba de Gal, no había Ghoul más problemático que él.
-Debiste dejar que pasaran de largo-. Dijo vencida.
Griffin se sentó junto a ella con los brazos cruzados sobre el pecho.
-Esto solo te afecta a ti, Joanna-, ella lo miró ofendida –tu eres la del jueguito este-, los ojos de Griffin eran dos pedazos de hielo –nada de esto hubiera pasado si tu no quisieras escapar de lo que eres-. Sentenció, Joanna tuvo un poderoso latido doloroso, mientras lo miraba con los ojos resentidos.
-Es solo que…-
-Temes por lo que Gal pueda desembocar, ¿no es así?- Preguntó él, acertando, y es que no solo temía por Gal, sino que aquel Ghoul tan problemático y Griffin juntos eran una explosión aún mayúscula.
La pelirroja apretó los labios mirando a Griffin.
-Promete que solo será de paso-. Exclamó.
Él estiró los labios en una sonrisa.
-Sé que es así, ambos vendrán de paso-.
Joanna se abrazó a sí misma, evidentemente preocupada.
-Eso espero, sino me veré obligada a tomar medidas más drásticas-. Amenazó ella, Griffin se relamió los labios.
-¿Qué más te preocupa?- El atractivo muchacho miró su desnudes.
Joanna se relamió los labios.
-Me preocupa Gal-. Dijo calmándose a sí misma.
Griffin resopló con fastidio.
-Vamos Joanna.- Intervino en reproche dejándose caer de espaldas sobre el colchón.
-Sabes cómo es-, dijo recordando la mirada malvada de Gal, el guapo y despreocupado Ghoul de atractivo cuerpo musculoso e innumerables tatuajes de demonios tatuados por todo su cuerpo, su memoria le trajo salvajes recuerdos de él, quien incluso para ella le había resultado extenuante –ese idiota es un impulsivo de lo peor, además de que es un imprudente bárbaro que ni siquiera tiene modales para comer, y el…- apretó los labios con los brazos cruzados en el pecho.
-El hombre más sátiro, sádico y pervertido que conocemos-. Le completó las palabras Griffin.
Joanna apretó los puños.
-Sí, eso-. Contestó volviendo a ponerse de pie.
Griffin tronó en carcajadas, ofendiéndola.
-Si bueno, en eso tienes razón, recuerdo como nos dolió el culo por una semana-.Dijo volviendo a soltar carcajadas, Joanna tragó saliva con dificultad, solo rezaba porque todo no saliera tremendamente mal o se vería obligada a desaparecer de allí de una vez por todas, aunque eso, era lo que menos quería hacer.