La noche ya había cubierto el cielo con estrellas y oscuridad, mientras la ciudad se encendía en un baile de luces de colores, olores y sonidos que no hacían más que animar más la efervescencia que emanaba por cada parte de su cuerpo dispuesto y activo, la noche era su hora favorita, era cuando la verdadera diversión aparecía y las horas se alargaban conforme se perdía en la magia de la noche.
Así que mientras bailaba en un animoso antro de luces rojas, no hacía más que sentir el cuerpo hermoso de Griffin que la estrechaba con hambre hacia él, cerró los ojos sintiendo la música y el rose del cuerpo caliente del rubio tras ella…el sudor perlaba su frente y empapaba su cabello mientras las manos de Griffin recorrían cada centímetro de su piel que ardía, era delicioso y extremadamente excitante, tenía tanto tiempo que no se divertía de esa manera que ya casi olvidaba lo que se sentía estar así de eufórica, sonrió cuando el atractivo Ghoul la tomó de la mano para arrastrarla fuera del club, sin sentir la más mínima sensación de fatiga, dejó que Griffin la arrastrara por las frías calles, descalza y con el pelo húmedo corrió entre carcajadas hasta donde su compañero pretendía llevarla, ambos tenían los estómagos llenos y las energías a tope, ya no había necesidad de buscar comida, ahora lo que les restaba era gastar las energías, sin embargo, repentinamente un recuerdo invadió la memoria de la pelirroja.
Recordó que ya había estado en la misma situación muchos años atrás, esa ocasión no era llevada por Griffin, se visualizó de apenas 15 años mientras corría entre risas tomada de la mano de un atractivo príncipe disfrazado de plebeyo, escapaban de los guardias de este, un día como esos pero de hacía 10 años, recordó la sonrisa de él y lo feliz que se veía corriendo frente a ella, recordaba que era la primera vez que lo había visto reír de aquella manera, pues, desde que lo conocía, jamás había reído como ese día mientras escapaba de sus guardaespaldas.
El recuerdo la sobrecogió de pronto, haciéndola frenar de golpe.
Era verdad, Chariose no sonreía, solo lo había hecho cuando la tenía en su vida.
-¿Qué pasa?- Preguntó el guapo muchacho de ojos de colores, mirándola con el ceño fruncido.
Joanna se relamió los labios.
Se sintió acosada, de pronto creyó que tenía todas las miradas de las personas clavadas en ella, se abrazó a sí misma, se sintió tan vulnerable.
Griffin entrecerró los ojos.
-No es nada “G”-. Joanna dibujo una sonrisa a duras penas, sin embargo no podía engañar a su compañero, la conocía a la perfección.
Pero él no dijo nada, y con el rostro sereno, volvió a tomarla de la mano para reanudar su camino.
Joanna se cubrió los labios ocultando su sonrisa.
-¿A dónde me llevas?- Preguntó volviendo a dejarse llevar por él.
Griffin dibujó una sonrisa de labios cerrados y sin decir nada, salió con ella con rumbo que la pelirroja desconocía.
Al cabo de una hora Joanna descubrió el sitio donde la llevaba.
Quedó enmudecida.
Frente a ella el mar se extendía imponentemente hermoso, soltó el aire contenido de sus pulmones y caminó hacia el agua pisando la suave arena caliente que le hacía cosquillas en los pies.
Cerró los ojos y aspiró el aire marino que se le metía delicioso por las fosas nasales.
No era que nunca haya visto el mar, lo había visto en todos los lugares donde había viajado, era solo que, el mar de su ciudad natal era siempre su favorito, aunque no fuera más que solo un campo de arena lisa y agua caliente.
-Tenía tanto sin venir aquí, que casi lo olvido-. Confesó sentándose en el borde del agua, donde las olas mojaban su ropa y la arena húmeda se pegaba a su vestido.
Acaricio con los dedos la suave arena recordando días que ya no volverían, en un cierto momento miró a Griffin plantarse junto a ella mientras se sacaba la camisa por los brazos mirando fijamente la inmensidad del océano nocturno.
Joanna sonrío mirando como el chico se metía al agua sin dejar de mirarla.
Sus ojos brillaron malévolos como los de una fiera acechando a su presa, él alargó los brazos hacia ella, invitándola.
Joanna se puso de pie en medio de la playa desierta, y a paso lento dejó que las olas la cubrieran mientras caminaba hasta el místico muchacho, que parecía salir del agua como una macabra criatura mitológica.
Caminaron hasta que el agua les llegó hasta el cuello, de inmediato las olas los cubrieron y se dejaron mover por ellas, no había necesidad de tomar aire, eran criaturas de infierno, el agua en sus pulmones no los mataría.
Se quedaron un momento debajo, escuchando solo el murmullo del agua.
Luego, emergieron mirándose a los ojos.
No pudieron resistirse más, ambos se prensaron en un beso que sabía a sal y sangre.
La noche se prolongó más de lo necesario y cuando ambos salieron del agua, jadeantes y hermosos se dejaron caer exhaustos a la arena, jadeando Joanna miró el cielo estrellado y la enorme luna blanca que proyectaba su luz sobre ellos como una lámpara luminosa.
-Nunca me cansaré de esto-. Dijo ella mordiéndose los labios, Griffin resopló, Joanna se giró a mirarlo con el ceño fruncido.
-¿Entonces porque insistes en irte?- Dijo tomándola por sorpresa.
Ella quedo quieta como una estatua de hielo, esa era una pregunta que estaba rondando su mente constantemente, sin embargo, si conocía la respuesta, más nunca la diría en voz alta, y mucho menos a Griffin.
-No es asunto tuyo-. Respondió sentándose en la arena, debía regresar, su escapada le había tomado más tiempo de lo esperado.
Griffin soltó aire en medio de una sonrisa de ironía.
-Tengo que irme-. Se puso de pie sacudiéndose la arena de la ropa húmeda, hizo un gesto de derrota, su vestido era hermoso y ahora estaba arruinado, esperaba que no tuviera que devolverlo.
-Bien, ya veremos hasta donde llega tu necedad-. Griffin se sentó en la arena levantando los ojos para poder verla, Joanna no le regresó la mirada.
Se hizo el silencio entre los dos.
Luego lo vio ponerse de pie con una sonrisa en los labios.
Ambos se miraron con el ceño fruncido.
-Si no corres ahora, te arrancaré las piernas y me las devoraré-. Amenazó él, sin dejar de sonreír.
Un respingo de excitación se apoderó de la entrepierna de Joanna, acababa de tener sexo con él y todavía no había quedado del todo satisfecha, sin embargo ya no tenía tiempo para más fuego.
De un rápido movimiento ella emprendió la huida, entre carcajadas ambos atravesaron la ciudad empapados y excitados, mientras la ciudad aún despierta continuaba con las festividades nocturnas del carnaval.
Hasta cierto punto se tuvo que separar de Griffin quien le echo una última mirada antes de perderse en el interior de un oscuro callejón, había olido una nueva víctima e iba a por ella, Joanna reprimió las ganas de ir con él, en cambio continuó su camino con una enorme sonrisa en los labios, hasta que se plantó frente a las puertas del imponente castillo n***o que le dio la bienvenida, lúgubre como siempre.
Pero, apenas y se había plantado en las puertas cuando estas se abrieron de un violento movimiento que le borró la sonrisa del rostro, ¿Qué mierda? Pestañeó mientras un grupo de guardias se acercaba con el rostro en una expresión de alivio.
-Señorita Joanna ¿Dónde se metió?- Preguntó el capitán, y sin esperar respuesta la tomó del brazo con firmeza, Joanna volvió a pestañear.
-¿Qué están haciendo?- Dijo mientras era conducida al interior, miró como el capitán hablo por un celular diciendo que ya la tenía, escuchó como la otra persona de la línea le decía sobre lo que ya sabía debía de hacer.
El corazón de Joanna brincó en su pecho, ¡Por todos los cielos!, no había entendido las consecuencias de sus travesuras, al parecer, el hecho de que se haya escapado por unas horas, había resultado ser más grave de lo que pensó.
Relamiéndose los labios caminó por los pasillos con los pies descalzos y el vestido mojado, en un cierto punto en su trayectoria, miró como Bowie apareció en el pasillo blanco como el papel, pero al mismo tiempo con un rostro que proyectaba alivio.
El capitán se detuvo con ella todavía presa de su brazo.
Bowie se restregó el rostro mirándola con miedo.
-¡¿Joanna en que estabas pensando?!- Lucia aletargado, frustrado.
Ella se relamió los labios.
-Perdón, estaba algo aburrida-. Se encogió de hombros con aire regañado.
-Lo que hiciste fue muy grave-. Dijo tomándola por el brazo, la pelirroja se mordió los labios, en ese momento comenzaron a caminar continuando por el pasillo, ella giró su cabeza hacia atrás, el capitán que la había entregado a Bowie, se marchaba sobre sus pasos.
Solo el sonido de sus pies descalzos y las botas de Bowie era lo único que podía escucharse, en un momento reconoció a donde era que la llevarían, tuvo un mini infarto cuando comprobó que era directamente a los aposentos del soberano.
De un momento a otro se plantaron frente a las puertas, Bowie llamó a la puerta, pero no hubo respuesta, el alma de Bowie se fue a los pies, esto era grave.
Tragó saliva con dificultad, de pronto tenía unas ganas inconmensurables de abofetear a Joanna por su imprudencia, sin embargo tomando aire abrió las puertas en silencio.
Joanna fue arrastrada al interior, ella miró, la habitación estaba en completas penumbras, y parecería que estaba vacía de no ser por un leve movimiento en una silla acomodada frente al balcón que dejaba ver la brillante ciudad viva.
El ambiente era tan tenso que se podía tocar.
Joanna fijó los ojos en la espalda del sillón rojo, una mano anillada sobresalía del descansa brazos con una copa de vino entre los dedos.
-Su majestad…-
-Déjanos-. Ordenó con sequedad, Bowie y Joanna se miraron fijamente, el general apretó los labios y haciendo una inclinación se disculpó y salió de la habitación en silencio.
Hubo un momento que pareció eterno.
Luego Joanna miró como Chariose se puso de pie sin girarse a mirarla.
Un aura pesada atravesó el cuerpo de la chica como una daga.
-Estás enloqueciéndome Joanna-. Dijo con aquel tono seco.
Ella se volvió a morder los labios, sintiéndose vulnerable, ¿Por qué un simple humano la ponía de aquella forma?
-Lo siento Chariose…-
-Para ti, soy tu rey-. La interrumpió con dominación al momento en que se giraba para mirarla, ella abrió los ojos, en verdad tenía la mirada de un loco.
-Nunca antes me ordenaste que te llamará de esa manera…- Musitó herida.
-Ahora las cosas son diferentes.- Contestó él rodeando el sofá de terciopelo rojo.
Una punzada atravesó a Joanna, tan fácil sería someterlo, ¿Por qué no podía?, lo miró caminar hacia ella con paso firme, hasta plantarse frente a ella, tan imponente y poderoso.
Parpadeó, no se había dado cuenta que era extremadamente alto.
-Solo quería despejarme un poco, no tenía intenciones de…-
-¿De irte?- Chariose levantó una ceja blanca.
Joanna le apartó la mirada de encima, lo hacía sonar como si ella hubiera escapado por propio pie, su corazón se remolinó adolorido.
-No, no es eso…
-¿Oh será acaso que es porque algo tramas?- Preguntó entrecerrando los ojos, ella resopló, “de nuevo con el mismo tema”.
-¿No sé de qué estás hablando?- Se apartó dos pasos pero Chariose se acercó los mismos, de pronto la acechaba, respiró ruidosamente por la nariz.
El pendiente en forma de gota verde de Chariose tintineó.
-Estoy seguro que estas ocultándome algo-. Dijo caminando frente a ella, al mismo tiempo en que Joanna retrocedía completamente incapacitada para hacer algo.
-¿Ocultándote algo?- Continúo su caminata de espaldas, estaba segura que Chariose se le arrojaría encima, los nervios le ponían los bellos de la nuca de punta -N-no t-engo nada que ocultar-. Dijo casi en un susurro, de pronto la fría pared de la habitación la frenó de golpe, Chariose la acorraló entre la pared y su imponente cuerpo, mirándola con brillantes ojos dorados.
-Deja de mirarme de esa manera-. Le ordenó, ella parpadeó, ¿Qué mirada?, pero no le quitó los ojos de encima.
-¿Qué estás haciendo?- Preguntó la pelirroja.
Chariose apretó los puños, los que tenía fijos en la pared, a los costados de Joanna.
-Dije que te castigaría-. Los ojos de Chariose eran dos motas de locura.
-¿Castigarme?- De pronto entraba en ansiedad, ¿Cómo? Un humano como él, ¿castigarla?
Joanna sacudió la cabeza, y harta de la actitud sumisa de ella, apartó los brazos del rey con un ligero movimiento, e intentó salir del hueco de su cuerpo decidida a marcharse a su habitación, sin embargo, de un movimiento inesperado Chariose la tomo por los brazos y con fuerza la estrelló de frente contra la pared, tomándola de los brazos y reteniéndolos por su espalda, la destreza del rey la sorprendió, tanto que se quedó congelada.
Se hizo el silencio.
-A partir de ahora, vas a obedecer todo lo que yo te diga, como tu rey lo harás-. Tronó con aquella voz de dominio que lo caracterizaba, ahora entendía por qué le llamaban “Chariose el poderoso”.
-No soy tu prisionera-. Respondió ella con la mejilla en la pared.
-Serás mi esclava si así lo quiero Joanna-. Dijo apretando más el agarre de sus manos, una descarga de electricidad atravesó su entrepierna, se encendía, no podía evitarlo, respiró ruidosamente por la nariz, apretando los dientes y las piernas, y es que no hacía más que excitarse, la dominación, era su debilidad, tanto que acostumbraba someter a Griffin o a cualquiera de las víctimas que cayeran en sus manos, así que en aquel momento, no pudo evitar soltar un leve gimoteo que tensó el agarre del rey de tal forma que le hirió la piel de las muñecas, sin embargo, se mantuvo silenciosa apartando el ardor, no era momento de algo como eso, por mucho que lo deseará.
-¿Así que de esa manera vas a castigarme?- Ella se mordió los labios escondiendo su rostro excitado, reprendiéndose de contestar de esa forma.
Pero, muy para su sorpresa, percibió por un leve momento que Chariose respondió de igual forma, o al parecer así lo sintió Joanna a juzgar por la tensión que el rey emanó.
Luego la soltó, ella aborreció el vacío que dejó cuando sus manos ya no la retuvieron de las muñecas.
-Veté Joanna-. Masculló Chariose sin que ella se girara, una aura poderosa los tenía de pie en la habitación -¡Ahora!- Gritó lo último con un leve toque de frustración, ella sin decir nada más, salió de la habitación a paso veloz, sino lo hacía se arrojaría sobre él para tomarlo allí mismo.
Lo que no sabía era que un rey enfermo de paranoia y lujuria se arrojaba sobre la pared donde Joanna había estado para sofocar un grito de frustración loca.
Tuvo que recargarse en la pared para sostenerse la excitación que presionaba poderosa sus pantalones, cerró los ojos apoyando la frente en la pared.
Definitivamente se había vuelto completamente loco.