Isabella esperaba ansiosa a ser atendida, pero mucho más ansiaba ver al desconocido del día anterior. Durante toda la noche había soñado con esa voz que la llamaba a lo lejos, una voz cálida y firme que la envolvía como un suave abrazo en medio de la oscuridad de sus pensamientos. Había algo en él que la atraía, algo más allá de la mera curiosidad. Tenía su mirada gacha hacia el suelo, su ánimo cada vez decaía más con cada minuto que pasaba sin verlo aparecer. “Me dijo que vendría, pero seguramente se ha olvidado”, pensó decepcionada, sintiendo un peso en el pecho que no lograba entender. hablar…” Se obligó a sí misma a apartar esos pensamientos, aunque el nudo en su garganta permanecía. "No puedo creer que haya sido tan tonta, un hombre como él seguramente tiene otras prioridades, otras

