-¿Pero qué…? Sin darme tiempo a reaccionar, Terrence me acorrala contra la pared sujetando fuertemente mis muñecas por sobre mi cabeza. -¿En serio creíste que dejaría que ese hijo de puta tuviera una cita contigo? Escupe y sin más, me besa violentamente disparando una infinidad de sensaciones en mi interior. Un gemido de entero placer se escapa de mis labios e intento fuertemente contenerme para no desmayarme en este momento. Sus caderas se mueven en un vaivén de puro erotismo despertando las sensaciones de exquisito placer en mi feminidad. Se separa abruptamente con una dura erección sobresaliendo de su pantalón, me mira fijamente con las pupilas dilatadas al punto de casi borrar el característico color azul cielo de sus ojos. -Eres mía. Mi corazón late desbocado; sin embargo,

