Armando
Llegamos al hotel más que felices, en recepción nos entregan nuestra llave y nos dirigimos al elevador viéndonos con todo el amor que de nuestros poros sale.
Antes de llegar a nuestro piso le entrego a mi al fin esposa, la llave de la suite, en cuanto las puertas del elevador se abren la cargo como la reina que es.
Ella abre la puerta y al adentrarnos sus ojos se llenan de lágrimas de felicidad, la habitación estaba repleta de pétalos de lilys de diferentes colores.
Y desde la entrada las pequeñas velas formaban un camino hasta la sala de estar, donde ya nos espera una botella de champagne de la marca y cosecha de su preferencia.
En la mesa de centro, una charola plateada con chocolates de diferentes rellenos, porque esos son sus favoritos, un cuenco más con frutos rojos y una fuente de chocolate derretido.
Al girar para admirar el resto de la habitación, se topa con una cama flotante, llena de pétalos de rosas rojas como símbolo de mi amor por ella.
Corre a mis brazos para besarme y repetirme miles de veces que me ama, si ella supiera que es mi vida entera, que puede hacer de mi un títere y no me importaría.
Tomo entre mis manos su lindo rostro, nos vemos fijamente con tanto amor, dulzura, anhelo. Hoy iniciamos nuestro matrimonio, nuestra vida juntos, tomados de la mano para siempre.
Beso sus labios de forma tierna, sonreímos por el bello momento, Regí sube sus manos rodeando mi cuello y sin palabras exige más.
Ya no me contengo, deslizo mis manos desde su nuca, bajando el cierre del vestido y tocando su piel que quema en mis manos.
Ella baja sus manos para quitar el saco y empieza a desabotonar mi camisa, besa mi pecho desnudo y una corriente azota mi cuerpo por completo.
Tomo el vestido de novia por los hombros y lo retiro lentamente deleitando mi vista con su hermoso cuerpo.
Lleva una linda lencería en encaje blanco que la hace lucir más bella, la boca se me hace agua por probarla, la ayudo a salir de la tela que tiene a sus pies.
La guío como la reina que es a la cama y la ayudo a subir, nos reímos como tontos por lo complicado de la situación, ella se instala en medio y me invita a subir para acompañarla.
En tiempo récord me deshago de la tela que aun llevo puesta, y subo a gatas como si de un depredador cazando a su presa se tratara.
Sonreímos y me coloco encima de ella, beso su labios que me llaman a devorarla, siento como se estremece y acaricia mi cuerpo.
Con los dientes abro el broche del sostén que está en medio de sus senos, y me pego a uno cual bebé hambriento, escucho el magnífico concierto de gemidos que de sus labios sale y mi entrepierna reacciona al instante.
Con ayuda de una de mis manos me abro paso para quedar justo en medio de sus piernas, palpo la humedad de su centro y está más que lista para recibirme.
Bajo mis besos recorriendo su piel ardiente hasta su intimidad, mis manos deslizan la sexi prenda subiendo sus piernas quedando a la altura de mis labios.
Las beso gustoso escuchando su risa por las cosquillas que le causan mis besos, nuevamente las separo para poder saborear el elixir de su fuente.
Dejo pequeños besos sobre sus labios rosados, deslizo mi lengua probando su dulce sabor, ella toma mi cabello entre sus manos y me pega a su centro.
Más que gustoso empiezo a presionar su pequeño botón y con ayuda de mis dedos que ya se han adentrado en su estrecha cavidad, me dedico a ayudarla a llegar al clímax.
Sus dedos están enterrados en mi cabello, siento como aprieta los míos en su interior, sus labios lanzan gemidos mientras mi mano libre juega con uno de sus pezones.
Siento como se libera en mi boca y me como toda su esencia, subo hasta su boca para besarla y que pueda probar su delicioso sabor.
Mientras el beso se intensifica mi erección se abre paso en su estreches, no es nuestra primera vez, pero es la primera como marido y mujer.
La noche más especial para ambos, nos entregamos en cuerpo y alma sintiendo como le pertenecemos al otro, como si siempre nos hubiéramos pertenecido.
Porque desde que nuestros ojos hicieron contacto ese día, supimos que nuestro destino era estar juntos, para amarnos hasta el fin de nuestros días.
El amanecer nos alcanzó amándonos, y la mañana nos acompañó en la cama. Saber que de ahora en más podré abrir los ojos y encontrarme con mi bella sirena entre mis brazos, me llena el pecho de paz.
Descansamos un par de horas antes de salir rumbo al aeropuerto, nuestra luna de miel será en nuestro lugar favorito, Xcaret, México.
Siempre hemos soñado con visitar ese lugar, poder ver sus aguas cristalinas y caminar sobre la fina arena calentando nuestros pies.
Aterrizamos y nos dirigimos al siguiente transporte que nos llevará a nuestro destino. En el camino vamos admirando las bellezas naturales y nos maravillamos con todo lo que este lugar nos ofrece.
El hotel es maravilloso, está a pie de playa, veo la cara de mi sirena y sus ojos se le iluminan de una manera tan hermosa, que me provoca besarla.
La abrazo desde atrás poniendo mi barbilla entre su cuello y su hombro, su aroma entra en mis fosas nasales y siento que vale la pena todo.
Tras hacer el check in, llegamos a la habitación para solo darnos una ducha rápida y ponernos el traje de baño y poder bajar a caminar al fin en la suave arena.
La sonrisa que llevamos puesta nadie nos la quita, este es uno de nuestros más grandes sueños desde que nos conocimos, y el poder lograrlo juntos es lo más maravilloso que existe.
Entre ambos planeamos esta luna de miel, estaremos aquí dos días, disfrutando del agradable y cálido clima, y terminaremos en Alemania una semana completa.
Nos encanta esquiar y elegimos ese destino por la cercania a nuestra casa, pasamos una tarde agradable, llenos de arena y con un bronceado de envidia.
Regresamos después de disfrutar el bello atardecer y cenamos en uno de los restaurantes temáticos del hotel, obviamente el de comida mexicana.
Mientras cenamos, el personal del hotel está preparando una sorpresa que tengo para mi bella esposa, no se imagina lo que viene después.
– ¿Lista?
– Lista, tienes cara de travesura Army.
– ¿Yo?
– Ajamm.
– Para nada, mejor vamos a la habitación, estoy algo cansado.
Me ve sin creer ni un poco lo que digo, y eso que hasta bostece, pero Regí me conoce de pe a pa, es ilógico que trate de engañarla.
Parezco poco caballeroso entrando primero, pero quiero ver su cara cuando vea mi sorpresa. Y ahí está, sus ojos se abren casi hasta salirse de sus cuencas. Ahoga un grito en sus manos y empieza a dar brinquitos.
Entra por completo para poder admirar el lugar, mismo que esta bellamente adornado con tela de tul por todos lados, y pegado a los ventanales de la habitación, espejos de techo a suelo.
Así es, a mi mujer le encanta vernos mientras hacemos el amor, yo no soy quien para decirle no a nada, si ella quisiera hacerlo en la punta del Everest, yo vería la manera de complacerla.
La veo rozar las telas entre sus dedos completamente maravillada por la escena, lo de las telas es mi idea, poder jugar con ellas y experimentar algo nuevo.
Me ve de forma coqueta mientras pongo música en mi móvil, empezá a sonar Killing me softly whith his song, de Fugees, ella empieza a bailar de forma sensual entre las telas y de a poco se va desprendiendo de la poca ropa que lleva puesta.
Estoy maravillado viendo su su sexi baile que no me doy cuenta en que momento ha llegado hasta quedar frente mio. La veo dar vueltas a mi alrededor.
Cantando la pieza junto a mi oído, la piel se me eriza y estoy que muero por tomarla entre mis brazos, pero quiero que esta noche sea ella quien lleve las riendas.
Se restriega de frente en mi espalda y puedo sentir sus pezones erectos, baja sus manos al comienzo de mi camisa y hace que suba los brazos para ayudarme a quitarla.
Baila nuevamente y se coloca frente a mi de espaldas, sus manos se entrelaza en las mías y las lleva a sus senos para que juegue con ellos.
No lo dudo ni un instante y ahora solo escucho su voz entrecortada por la excitación que mis dedos le provocan, mis labios descienden a su cuello, que ha dejado libre para mi.
Beso esa curva deliciosa que se forma al pegar su cabeza en mi pecho, una de mis manos baja a su centro para estimularla aún más.
Ella no se queda quieta, pues mientras una de sus manos juega con mi cabello la otra le propina un masaje a mi entrepierna ya endurecida.
Nos movemos al compás de la música, mientras nos sumergimos en nuestro mundo, entre besos y caricias llegamos a un sillón que queda frente al espejo más grande.
La habitación está tenuemente iluminada en tonos rojos y naranjas que le dan un aura sensual, me sonríe con un claro mensaje :HOY ERES MIO.