Armando – Gascón, visita. – Grita el guardia. – ¿Sabe quien es? – ¿Tengo cara de adivino? Me quedo callado ante su forma de contestar, no deseo tener más problemas y es obvio que nadie aquí me dará respuesta de nada. Dejo que me ponga las esposas y en completo silencio caminamos, llegamos al área de visitas y casi corro al ver a mi Regí. – Mi amor. — Se levanta de un salto y me abraza. – Sin contacto. – Ordena el guardia. Nos soltamos casi de inmediato, veo rodar amargas lágrimas por su hermoso rostro y me dan ganas de limpiarlas, pero el monigote que me acompaña se da cuenta y me sienta de golpe en la silla. Veo las manos de Regí hacerse puños, pero se contiene de responderle al tipejo este. Nuestras miradas se cruzan, dicen tanto en este silencia atroz. – Army... – Quiere deci

