Regina Me safo de su agarre a pesar de sentir como mi piel arde. Voy directo al vestidor, si el muy idiota cree que puede tratarme así, se equivoca. Armando jamás me toco ni un cabello, hay estoy que ardo de coraje, estúpido, empaco solo cosas que traje de mi casa, que ni crea que le voy a quedar a deber algo. Por suerte no ha venido a molestar, se quedó ahí parado, como si no entendiera que es lo que pasa. Cierro la maleta y salgo. — Amor, perdón... — NO, NO LUCA, ni se te ocurra, a mi me respetas, y si no eres capaz de hacer esa pequeña diferencia entre lo que es tu enojo por lo que sea que suceda fuera de nuestra relación, y lo que es correcto, te vas al diablo, yo no voy a permitir que nadie me ponga ni una mano encima. Ni mi padre lo hizo, no voy a dejar que ningún hombre lo haga

