Narra Céline
Cada paso era pesado, sentía como si llevara bloques amarrados en mis tobillos. ¿Por qué me siento así? Pensé que era efecto de las dos bebidas alcohólicas que me había tomado, pero a la vez pensé que eran pocas para estar de esa manera.
Llegué a la puerta y no tuve que tocar, ya estaba abierta. Solo tuve que poner algo de fuerza y equilibrio para empujarla.
—Ya estoy aquí —dije con la lengua embolada—. Lamento tardar.
Vi la figura de un hombre en la cama, así que caminé hacia él.
Tropecé con un par de cosas, no puedo decir que eran porque no tenía claridad, estaba oscuro.
—¿Richard?
Veo que se remueve y apresuré mis pasos. Llegué al borde de la cama y me apoyé para no caerme, creí que pudo haberse dormido por tanto esperar y el arrepentimiento llegó después de estar aquí; pero me dije, ¿para que retroceder?
Subí a la cama y tomé los brazos del hombre, lo fui moviendo hasta poder tocar su pecho y llevar mis manos a la altura de su rostro.
—Por fin podemos estar juntos —susurré.
Mis dedos pulgares buscaron sus labios y me orienté de ellos para después pegar mi boca a la suya.
—También quería, pero tenía mucho miedo. Lamento tomarme tanto tiempo para decidirme; también quería este momento como no tienes idea.
Aquel beso inició algo extraño, pero luego él se fue soltando más. Lauren tenía razón, esa bebida me ayudaría, ya no me siento nerviosa, todo lo contrario; estoy ansiosa por ser suya. Estaba consciente de lo que quería en ese momento, pero con el paso de cada segundo, no me iba perteneciendo.
Empecé a sentir que estaba en un sueño, uno en el que estaba siendo desnudada y acariciada; en el que sentía placer y al mismo tiempo sentía dolor. Puedo describirlo como un sueño vívido, uno que es tan real que dudas de tu realidad misma.
Tengo algunos reflejos y recuerdos de su tacto, de gemidos, de sensaciones, recuerdo su piel humedecida por el calor de la noche, pero después no sé qué pasó, no sé qué fue de mí.
Más tarde escucho algo que me hace remover, intentaba estirar mis brazos, pero por alguna razón no podía. Abrí mis ojos y me confundí, no sabía dónde estaba, en algún momento me olvidé de todo y pensé que estaba acostada en mi habitación.
Recorrí el lugar con mi vista puesta en cada detalle mientras que mi cabeza me iba recordando cómo fue que llegué a este lugar. Cuando me di la vuelta, noté que no estaba sola, había alguien acostado a mi lado. La imagen de Richard viene a mi cabeza y una sonrisa se dibuja en mi rostro.
No puedo creer que estuve con él —pensé llena de emoción, pero cuando levanto la cobija me doy cuenta que…
—¡Dios! —solté tapando mi boca en medio del asombro—. Él no es… no es Richard.
En medio de la impresión, me removí e intenté retroceder para alejarme lo que más podía de esa persona. No vi su rostro, pero sé que no es él, no es la persona que esperaba. Yo puedo reconocer a Richard, principalmente por su cabello rubio casi dorado… esta persona es de cabello castaño, su espalda es más ancha y tiene pequeños lunares en toda su piel, Richard no tiene lunares en su espalda; lo he visto en la alberca muchas veces y este hombre no es… ¡Santo Dios! ¿Qué he hecho?
Volví a cubrir mi boca y mi respiración se aceleró, mi corazón empezó a golpear mi pecho con tanta fuerza que puedo jurar que se saltó algunos latidos por lo rápido que iba. Mi cuerpo también despertó y sintió algunas zonas más adoloridas que otras, especialmente en mi entrepierna. No podía ser real, había pasado. Lo que tanto guardé y quise para Richard, al final pasó, pero con otra persona.
—Céline —escuché la voz de Lauren afuera de la puerta, era un susurro, pero no tan bajo como para no escucharla.
Aquel hombre a mi lado se removió y me asusté aún más, así que salí de la cama y empecé a vestirme con lo primero que encontré, mis manos estaban temblosas; mi frente sudaba, pero fui tan rápida que al final solo me puse el vestido y no perdí tiempo buscando mi interior.
Abrí la puerta y vi a Lauren observándome con rareza.
—¿Qué pasa? ¿por qué sales así?
—Tenemos que irnos —respondí tomando su mano y halándola para que no viera a la persona dentro de la habitación.
—Oye, ¿Qué sucede?
—¿Dónde está papá?
—Está en el auto, ya nos esperan.
—¡¿Qué?!
—Tranquila, le dije que estabas dormida en la habitación de Isabella.
Isabella es la hija menor del alcalde, es una niña de solo seis años.
—¿Y cómo te fue? ¿Qué tal?
—No quiero hablar de eso.
Subimos al auto con papá y me di la vuelta para no hablar con nadie, me hice la dormida en el camino para que no vean mi rostro, los ojos no me dan para ver a mi padre, siento que con solo verme sabrá lo que pasó.
Al llegar a casa, quise evadirlos a todos, me excusé con tener sueño y así me escurrí por las escaleras hasta llegar a mi habitación.
—Céline, ¿A dónde vas? Espera, ¿por qué te vas así? ¡Céline!
Lauren logra meter su zapato en la puerta para que no pueda cerrarla, forcejea hasta empujarla y verme a la cara.
—¿Qué pasa contigo? ¿por qué de la nada corres así?
—Quiero descansar, es todo.
—Parece que no te gustó, ¿acaso pasó algo extraño con Richard?
Ella me observa y siento que enfoca mis labios esperando una respuesta, pero no negué con mi cabeza.
—Pensé que me contarías tu experiencia, vamos, tú me dices todo; dime que pasó en esa habitación.
—No te lo voy a decir y no vuelvas a preguntar nunca más sobre eso, ¿te queda claro?
—Oye, pero…
—Quiero que salgas de mi habitación.
Lauren se muestra sorprendida, da un paso atrás y sale. Mañana le pediré disculpas por mi reacción, pero ahora no quiero ver a nadie. No quiero que nadie sepa lo que pasó en esa fiesta, así que de mi boca jamás saldrá una palabra.
La mañana siguiente al despertar, encontré algunos mensajes de Richard, me dijo que quedó esperando por mí, pero que nunca llegué. Estaba algo preocupado, pero al final se cansó de esperar y se fue al jardín con sus amigos a tomar champaña. ¿Qué se supone que le diga? No hay forma de explicarle lo que pasó anoche, tuve se*o con un desconocido.
Con los días, aquel tema fue pasando, intenté no ser evidente en frente de los demás, pero tuve momentos en los que me perdí dentro de mí misma. A las semanas, dejé de pensar en eso, pero a la vez, mi cuerpo se empezó a sentir extraño.
—¿Qué tiene señorita Céline? ¿por qué no ha tocado su desayuno?
—No tengo apetito, quizás en el entreno de esta mañana me esforcé de más y no me siento muy bien.
—Vamos, pruébelo un poco, le hice su comida favorita.
Mi padre ya estaba por irse a la clínica cuando observa mi rostro.
—Te ves un poco pálida, quizás debes descansar. No te olvides de tomar tus vitaminas y comer bien si quieres entrenar de la forma en que lo haces.
Asentí y tomé el tenedor para tomar un trozo de tocino, imagina la comida en mi boca y sentía un poco de asco; de solo pensarlo el estómago se me revolvía por completo.
—¡Céline! ¡Céline!
Lauren aparece con un sobre en la mano, corría como loca mientras gritaba mi nombre.
—¿Qué pasa?
—¡Llegó un sobre de Harvard!
Ella me lo entrega y espera ansiosa una respuesta, traté de emocionarme al igual que ella, pero no podía; no me sentía bien.
—¿y bien? —pregunta mi padre.
Empecé a leer la nota y cada que iba leyendo, mis ojos se iban inundando de lágrimas.
—Oh, veo que no pasaste —susurra mi prima.
—No, no pasé.
Aquella lágrima se desborda de mis ojos y la vi caer sobre la hoja de papel, levanté mi mirada y vi como mi padre negó con su cabeza decepcionado.
—Mejor me voy.
Tomé aquella hoja y con enojo la convertí en una bola que luego aventé lejos.
—No puede ser —solté en un sollozo.
—Tranquila, puedes intentarlo en otras universidades.
—Mi padre quería que fuera en… Soy un fracaso, estaba segura que la respuesta sería positiva, ¿Qué pudo pasar?
—Ya, no te lamentes. Y tampoco te preocupes por mi tío, pronto se le pasará el enojo, ya verás.
Estuve el resto del día en mi habitación, estaba acostada en mi cama sintiendo que todo el mundo se me caía encima.
—Señorita, ¿se siente mejor? ¿quiere que llame a su padre?
—No, estoy bien.
—¿Desea que le traiga algo? Me preocupa, en todo el día no ha comido nada.
—No, de verdad, estoy bien.
—Dios, estoy angustiada, usted casi no se enferma. ¿No será que está así porque le llegará su periodo?
Fruncí mis cejas y me volteé a verla, ¿Qué día es hoy? Tomé mi móvil y al ver la fecha, me di cuenta que… No puede ser, creo que este mes no ha llegado mi periodo.