Capítulo 3: Embarazada

1745 Palabras
Narra Céline Por más que quise mantener las cosas solo para mí, la preocupación me ganó y terminé contándole todo a Lauren. —Tienes que hacerte una prueba, no hay de otra. —¿Qué? No, claro que no, ¿Qué tal si estoy em…? Ay, no puedo ni decirlo. —Para eso es la prueba, para que sepas si hay o no un bebé en… Ella mira mi vientre y muerde sus labios dudosa. —Esto no puede estar pasando, mi padre se va a morir. —Te estás ahogando en un vaso de agua, que tal que no lo estés y ya estás sufriendo; esperemos a un resultado para después angustiarnos. —Está bien, está bien… quizás por alguna razón que no podemos entender, mi periodo no ha llegado porque quizás se ha retrasado porque estoy muy estresada por todo esto de Harvard. ¿No? —No lo sé, pero no te preocupes, conseguiré una de esas pruebas caseras. Asentí y la vi salir de mi habitación a toda prisa, me comí las uñas en el tiempo que la esperé; pero me las devoré por completo cuando estaba encerrada en mi baño esperando a ver que se dibujaba en aquel pequeño tablerito de la prueba casera. —¿Y bien? ¿Qué ha pasado? —Aún nada —dije viendo como un par de sombras se iban dibujando. La imagen que tenía ante mis ojos se fue tornando nublada al punto de no poder ver con claridad. —Céline, ya pasó el tiempo, ¿Qué pasa? No quería responderle, quería lanzarme al retrete y perderme en el. —Vamos, dime ¿Cuál es el resultado? Ábreme la puerta, quiero saber. ¡Céline! Lauren golpea tan fuerte la puerta que la abre de golpe. Mi prima entra y sin más me quita la prueba de las manos. Por como abre sus ojos y me observa, sé que también está sorprendida. —No puede ser, estás… estás embarazada. En mi momento de pánico, lo único que pude hacer fue suplicarle de no decir nada. —No le digas a nadie, por favor. No puedes contarle a mi tía Amelia, tampoco a mi papá. ¿te queda claro? La había tomado de los brazos mientras le habla llena de terror. —Sí, no… no le diré a nadie, pero ¿Qué piensas hacer? No puedes esconderlo por mucho, en algún punto esa barriga comenzará a crecer y… ¿Qué harás? —No lo sé, pero por ahora no digas nada. Lauren asiente sorprendida. Pasó solo un día para que aquello que era un secreto entre ella y yo fuera descubierto, no sé cómo pude creer que podría tener la suficiente inteligencia o privacidad para esconder algo tan delicado bajo mi propio techo. Había salido al jardín a tomar aire, las náuseas solo se me pasaban con el aire fresco y con la tranquilidad de un espacio en el que nadie me molestara. La noche llegó muy rápido y tenía que entrar a mi habitación antes de que anunciaran la cena, no podía ni oler la comida, todo se me revolvía. Al llegar a mi habitación me doy cuenta que la puerta está abierta, fruncí mi frente y aceleré mis pasos, pero dentro de mi cuarto no había nadie; sentí un poco de alivio, aunque me demoró muy poco al escuchar un ruido en mi baño. Lo primero en lo que pensé fue en… —Ay no… Corrí a mi baño para esconder mejor la prueba que me había hecho la noche anterior, pero mi tía Amelia la tenía en sus manos. —Con que esto es lo que tanto se estaban secreteando entre ustedes ¿verdad? Mi tía se enojada, pero en su expresión de enojo, veo una ligera sonrisa. —¿Por qué entras así a mi habitación? —¿Cuándo pensabas decirlo? ¿eh? ¡¿Hasta cuándo pensaste que nadie se daría cuenta?! No creas que soy estúpida, muchachita. Tu comportamiento extraño, tus mañas, no esperaba menos de ti. Lo peor, es que has estado arrastrando a Lauren a todas estas sinvergüencerías, ¿Cómo te atreves a usar a mi buena hija como cómplice en esto? —Tú no eres mi madre para gritarme, menos para pedir explicaciones, tía Amelia. —¡JA! ¿Así me pagas la crianza que te he dado? Tantos años invertidos en ti, para que seas una dama, para que estés a la altura de nuestro apellido y ¿ahora lo desagradeces? Eres igual que tu madre, no le perdiste nada a esa mujer. —No te atrevas a mencionarla… —Ya mismo se lo diré a tu padre. Mi tía Amelia pasa por mi lado y no me deja decir nada más, baja las escaleras casi que corriendo, iba tan rápido que no pude ni alcanzar. —Tía, espera… lamento lo que dije, solo espera un poco, por favor. Estaba por tomar su brazo, pero fue demasiado tarde, ya estaba en el comedor frente a mi padre. —¿Qué está pasando? ¿desde cuándo hay tanto gritos en la hora de la comida? Mi padre nos mira su cara se transforma. —Esto pasa, Octavio. Mi tía Amelia lanza la prueba sobre la mesa, vi cómo se deslizó hasta que mi padre la ataja en su mano. Lauren abre sus ojos sorprendida y me observa aterrada. —¿Qué es esto? —pregunta mi padre sin aun entender. —Pregúntale a tu hija, ella si sabe lo que es. Mi padre se levanta de su asiento y me mira. —Papá… —Céline, ¿Qué mierd* está pasando? ¿esto es tuyo? Mordí mis labios para no responder, no tenía el coraje de decirle que sí. Mi padre mira a Lauren y esta aparta su cara. —Lauren, tú debes saber. Dime, ¿Qué es esto? Mi prima me mira y negué con mi cabeza para que no dijera nada, pero la presión de mi padre la hizo hablar más rápido de lo que esperé. —Es… es una prueba de embarazo, una prueba positiva, tío Octavio. —Lo sé, quiero saber de quién es. Más lágrimas se desbordan, insistí con mis ojos para que ella no respondiera, pero no lo hizo. —Es de Céline, tío. Mi padre cayó sentando de nuevo en su asiento, estaba destrozado. —¿En qué momento? Céline, ¿desde cuándo tú…? Mi padre le da un golpe a la mesa y hace que casi todo lo que estaba sobre ella se derrame. Me sobresalté y supe que se pondría peor, quise acercarme y explicarle, pero mi tía no ayuda. —Quien sabe desde cuando lleva escondiendo esto. Lo encontré escondido en su baño, nos ha estado viendo la cara de tontos. Lo peor, es que ha estado usando a Lauren para esto, ha estado llevando a mi hija en el camino de la mentira y de la deshonra. ¿Verdad Lauren? Mi prima no dice nada, solo baja su cabeza. —¿Quién es el muchacho? —Yo… No podía decirlo, en realidad no lo sabía. —Seguro es alguno de esos chicos con los que siempre se junta, por eso te digo que no es bueno dejar a las niñas empapadas con esos tipos; nunca se sabe que intensiones tienen. ¡Ves Lauren! Por eso siempre te digo que debes ser cuidadosa y decirme las cosas, justo por esto te he dicho mil veces que no es bueno juntarse con esos tipos. —Amelia, ya, cierra la boca —dice mi padre tratando de no estallar. —Lo siento, hermano, es que me preocupo. —Céline, dime ¿Quién es el chico? Bajé mi cabeza y seguí sin responder. —Lauren, tú lo sabes, te exijo que me digas. Quiero que abras la boca y sueltes todo lo que sabes. —Tío, yo… —¡Ahora! —grita mi padre. —Es Richard, el hijo del alcalde. Él es novio de Céline desde hace ocho meses. —¿Qué? —Tío, esto no es cómo crees. Solo no te molestes con Céline, ¿sí? ella solo intentaba experimentar con Richard, el desde hace un tiempo la ha estado presionando para estar juntos, él quería tener intimidad con ella; le decía que si no pasaba la dejaría y por eso, por eso ella quiso hacerlo. Pero es solo una prueba, quizás hay algún error, esas cosas pueden pasar ¿no? —Lauren, no digas más —dije con la voz entrecortada. Las ayudas de Lauren eran como lodo, entre más quería limpiar, más embarraba todo. —Intento ayudar, ya no me quedaré callada —dice entre lágrimas mirándome—. Richard estuvo con ella en la fiesta después del evento con el alcalde. Ayer se hizo la prueba, recién se está enterando. —Necesito hablar con ellos, necesito que alguien llame a Richard y su padre, quiero que lo hablemos. Nadie se mueve, pero luego todos corren. —¡Ya! —gritó como loco. Mi tía corre a su móvil, nunca la vi correr tan rápido. —Yo lo tengo, ya mismo le llamaré. Mis labios se sellaban porque eso que él descubría no era lo peor, quería decir algo, pero no tenía la valentía de hacerlo. Pero ¿Qué pueden esperar de una chica de solo dieciocho años? Apenas estaba empezando a descubrir muchas cosas de mí, empezaba a explorar nuevos rumbos y me estrellé apenas empezando la carrera. —¿Hola? —responde alguien del otro lado del teléfono. —Rafael, lamento llamarte tan tarde. —Oh, ¿pasa algo? Tu tono de voz parece serio. —¿Estás con tu hijo? ¿con Richard? —Sí, justo está aquí conmigo en mi despacho, pero ¿por qué preguntas por él? —Tenemos algo de qué hablar, es algo delicado. —Claro, ¿Qué cosa es? —Mi hija y él han tenido un romance durante ocho meses, ¿lo sabías? —Oh, vaya, no… no estaba enterado. —Bueno, no sé cómo haremos, pero mi hija está… —¡Espera! Le grité a mi padre, espera… Levanté mis manos en el aire y rompí en llanto, negaba con mi cabeza y suplicaba para que no siguiera. —No digas nada, papá. En realidad, Richard y yo no… Por más que quería soltarlo, mi boca no cedía. —¡¿Qué?! ¡habla de una vez! —¡Richard no es el papá! —solté sin tapujo.
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