Narra Céline
Los ojos de mi padre decían más que sus propias palabras, estaba acabada, eso lo sabía.
—Era lo que faltaba —comenta mi tía Amelia—. ¿Qué está pasando con esta muchachita? Embarazada y no de su novio. ¡No! Esto es un desastre.
Miraba a mi tía con ganas de tomarla del cuello, en vez de ayudarme lo que hacía era tornar las cosas más complejas.
Lauren tenía sus ojos de par en par, ella no lo sabía.
—¿Qué carajos acabas de decir?
Papá deja el teléfono a un lado y cae sobre su asiento.
—Lo siento —susurré.
El nudo en mi pecho no me dejaba hablar bien, ¿Cómo explicarle lo que pasó sin que se escuche tan mal?
—¿Quién es? —escuché—. ¿Quién es?
Levanté mi mirada y este ya estaba enfocándome.
—Papá… yo…
—¡Dime de una vez! ¡¿Quién es ese infeliz?! —gritó dándole un golpe a la mesa.
Todos nos sobresaltamos y no dijimos nada, cuando está así de enojado es mejor no alterarlo más.
—Quiero saber quién fue el hijo de perr* que se atrevió a estar con mi hija, ¡Dime! Cuando sepa su nombre lo mataré con mis propias manos.
Mi padre había perdido el control, se había salido de sus casillas.
—Es que yo…
No podía decir nada, en realidad no lo sabía.
Mi padre se levanta de su lugar y se lanza sobre mí, me toma de los brazos y me sacude con fuerza, como si de esa manera las palabras fluyeran más de mi boca.
—¡Habla! ¡dime quien es!
—Yo…
—Eleonora lo sabe ¿verdad? ¿ella también lo sabe?
Mi padre mira a mi prima y quiere y hacia ella, pero mi tía corre e impide que la tome de la forma que lo hizo conmigo.
—Octavio, la niña no sabe nada, no descargues tu ira en ella. Lauren no tiene la culpa que tu hija sea una cualquiera, no la metas en esto.
—Lauren, dime en este momento, ¿Quién es el padre de ese bastardo?
—No lo sé, tío.
—¡Sí lo sabes! Deja de ocultarme cosas, tienes que decirme.
Mi padre intenta apartar a mi tía, pero esta se resiste.
—¡No lo sabe! ya te dijo que no sabe nada. Lauren no tiene por qué saberlo todo, pregúntale a tu hija, está grandecita como para ponerle el pecho a sus actos.
Mi padre se da cuenta que con los gritos no está logrando nada.
—Lauren, no quiero asustarte, no quiero lastimarte; solo te hago una pregunta. Tienes que hablarme con la verdad, es lo poco que puedes hacer en gratitud a todo lo que he hecho por ti y tu madre.
Lauren baja su cabeza y niega.
—No lo sé, tío. También creí que era de Richard, pero ya no sé qué pensar. Esto… esto es mi culpa —suelta entre lágrimas—. Debía estar al pendiente de ella, cuidarla, pero me callé cuando no debía hacerlo. Supe desde siempre que tenía una relación con Richard y el día de la fiesta yo… yo no la cuidé como debía, jamás debí dejarla sola. Yo pensé que ella…
—No cariño, esto no es tu culpa. No puedes echarte esa carga al hombro. Esto no tiene que ver contigo.
Mi tía se voltea y abraza a su hija.
—¿Entonces? ¿no me dirás?
Veía la escena y todo lucía mal, era un desastre; no sabía qué hacer, no había opciones para mí.
—Lo preguntaré una vez más, ¿Quién es el padre?
Bajé mi cabeza para no ver una vez más su rostro de decepción.
—No lo sé, papá. No sé quién me embarazó.
—¡Lo que faltaba! —exclama mi tía—. Tengo una sobrina promiscua. ¿con cuántos has estado que no sabes quién es el padre de ese muchachito?
—No, no es lo que piensan, en realidad…
—¿Lo proteges? —pregunta mi padre—. ¿Ocultas su nombre para protegerlo?
—Quizás es algún pobre animal de por ahí, es por eso que no quiere decir su nombre. Tanto que la cuidaste para que le abriera las piernas a un pobretón. Te lo dije Octavio, estaba teniendo mucha libertad últimamente. ¿De qué te sirvió soltarla tanto? Ahí tienes, una hija en casa embarazada de alguna porquería. Te dije que ella estaba teniendo comportamientos que no me gustaban, eso de estar con sus amigos fue una pésima idea, no estaba en la edad para hacer parte del club, no debiste darle esa membresía.
—Amelia, no me…
—¿Me vas a callar? ¿No ves que eso lo decía porque ella me importa? Pero no, para ti era la hija perfecta, la más inocente y la más santa. Espero que ahora te des cuenta donde has estado invierto todo; sembraste en tierras malas.
Mi padre no dice nada, solo se deja envenenar la cabeza.
—¡Cierra lo boca tía Amelia! —grité frustrada ante sus insultos—. Estoy harta de que siempre hagas lo mismo.
—¡¿Lo ves?! Esa muchachita es un caso perdido, es una vergüenza para toda la familia. ahora espero que te des cuenta de la razón por la que no aplicó para Harvard, ahora sabes que era lo que la desconcentraba.
—¿Es alguien del servicio? —preguntó mi padre—. ¿Acaso el padre es un empleado?
—No papá, yo no… ¡Es que no lo sé! es la verdad. Pasó algo extraño la noche de…
—Céline, no discutas más con mi tío.
Lauren me observa y me pide no echarle más leña al fuego.
—No sé quién es, esa es la verdad. Y no soy una promiscua, me conoces, papá; no soy así.
—Esto acabará con mi reputación. Tanto elogiar a mi hija como el ser perfecto y ahora me deja en vergüenza. Mi padre no se equivocaba, el hijo consentido es la vergüenza de sus padres. Agradezco a Dios que tu madre no está aquí para presenciar esto, estaría muy decepcionada de ti.
Mis ojos se volvieron a cristalizar, esas palabras me destrozaban. Quería defenderme a pesar de tenerlo todo en contra, pero carecía de fuerzas, de valentía, lo único que podía hacer era llorar.
—Espero que no te dejes ablandar por esas lágrimas, Octavio. Lauren, ve a tu habitación, no salgas y tampoco quiero que te sientes a llorar, esto no es tu culpa; no tiene que ver contigo.
Lauren asiente y pasa por mi lado directo a las escaleras.
—¿Quién más lo sabe? —preguntó el hombre enojado.
—Nadie más —respondí.
—Bien, podemos deshacernos del problema antes de que sea más tarde.
—¿A qué te refieres?
—Abortarás a esa criatura.
—¿Qué?
No podía someterme a algo así, sacar a ese ser de mi vientre iba en contra a mis creencias y a todo lo que yo siento y pienso de la vida misma. Mi madre falleció intentando traer un ser al mundo, murió con el anhelo de conocer a su bebé. Tengo en mi memoria su mirada llena de esperanza por conocerlo, yo no puedo asesinar este ser que está dentro de mí.
—Mamá no querría esto.
—Ahora se niega, lo que hacía falta.
Mi tía no deja de meterse.
—¿Con eso te estás negando?
—No quiero hacerlo, papá.
—¿Qué pasa contigo? ¿por qué haces esto? ¿es por mí? ¿acaso recientes algo?
—No, nunca, solo que…
—He trabajado como mula para darte todo lo que tienes y ponerte en la mejor posición, quise hacer de ti la mujer ejemplar, pensé… pensé que estaba haciendo bien las cosas, pero… ¿En qué momento te descarriaste de esta manera? ¿te das cuentas que has arruinado tu vida? ¿tu carrera? Esto no era lo que esperaba para ti, Céline. Debías estar ahora preparándote para entrar a la escuela de medicina, no para alistar pañales. Tu esposo debía ser un hombre de tu nivel, con el mismo respeto y valor que tú, pero has demostrado que no vales nada.
—Papá…
—Con esto te conviertes en la burla de todos los hombres, pues ahora solo querrán llegar como los pajaritos, comer y luego abandonar el nido. Estoy tan decepcionado por tener en mi casa a una mujer desvalorizada. ¿Para qué seguir cuidando algo que ya se ha perdido? Has sido clara con lo que quieres y lo que quieres no te lo puedo ofrecer.
—Lo siento, papá. Perdóname.
—Lo preguntaré una última vez, te estoy dando una salida y es deshacernos de esa porquería que está dentro den ti. Si aceptas, te ayudaré, pero de ahora en adelante muchas cosas cambiarán. Tus privilegios no serás los mismos, la confianza tampoco, si quieres ser alguien en la vida, tendrás que ganártelo; porque no volveré a darte nada solo porque sí. ¿Qué decides?
—No lo haré —respondí segura de lo que haría, y es que no pienso abortar a esta criatura.
Por primera vez le he llevado la contraria a una orden de mi padre.
—Esto tiene que ser una broma, ¡Dios! ¿Qué es todo esto? No puedo creer lo que está pasando. Ya hizo demasiado con manchar el apellido de la familia y ahora sale con esto.
—Bien, ya has tomado una decisión. Así que yo también tomaré la mía.
—Debes pensarlo bien, Octavio. Si dejas pasar esto, lo que hará después es peor. Con este acto ya demostró que no respeta tu imagen.
Miré a mi tía y sabía que estaba disfrutando de esto, pero ¿por qué? Hoy me doy cuenta que realmente me odia.
—Quiero que te vayas de mi casa —dijo mi padre sin mirarme—. Siempre lo he dicho; el que obedezca mis palabras y se deje llevar de mí, siempre lo voy a cuidar y responderé por él, pero no puedo tenerte bajo mi techo si desobedeces a mis órdenes.
—Papá —susurré con la voz en hilo.
—Ya has dañado tu imagen, no puedes arrastrarnos contigo. Dentro de mi casa serás como un tomate podrido y no puedo permitir que dañes lo demás —mi padre no volvió a verme a los ojos—. Quiero que sepas y que seas muy consciente, de que nadie te va a querer, perdiste tu oportunidad de ser alguien en la vida; una profesional, de casarte y tener una familia respetada. Todos los hombres que lleguen a tu vida solo te usarán y luego te desecharán porque no tienes honra. Serás la mujer a la que todos rechacen porque ha perdido su valor ante la sociedad. A donde vayas tendrás que aguantar como te señalan y rumoran a tu espalda, más porque llevarás en brazos al hijo de nadie. Te burlaste de tu familia y de tu apellido, así que no contarás con mi apoyo; ese, Céline, será tu castigo.