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Paises, Ciudades y Recuerdos que hacen Memorias

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Países, ciudades y recuerdos que hacen memorias.

Un viaje es una aventura, una experiencia y una vivencia que no se olvida, aunque pase el tiempo. Viajar va más allá de pasar unas vacaciones, la persona que viaja cambia, se enriquece en muchos aspectos humanos, sociales, educativos y en lo personal se vuelve más abierto, reflexivo, observador, desprejuiciado, tolerante y consciente del otro y sobre todo asimila que las diferencias culturales existen y las debemos asumir aprendiendo de ellas. En mis viajes recojo sentimientos, impresiones, acontecimientos (no siempre agradables), experiencias que he tratado de narrar en este libro en forma coloquial.

La narrativa de viajes es de larga data. Hay cientos de miles de narradores de viajes

que lo hicieron por diferentes motivaciones, pero todas dirigidas a que el lector conozca que existen diversidad de gentes, países, paisajes e historias. También tenemos los narradores de viajes espirituales y viajes fantásticos. Estas narrativas de viajes, de que tengo noticias, comenzaron con escritores como Homero en el siglo VIII a.C. que con la Ilíada y la Odisea, sus dos grandes poemas de la antigua Grecia, escribe sobre la Guerra de Troya y los viajes de Ulises u Odiseo y sus vicisitudes al cruzar el Mediterráneo. Marco Polo, primer europeo que se aventuró en Asia Oriental, narra en su libro de Viajes a China las infinitas aventuras y acontecimientos que le ocurrieron durante su viaje a oriente. Julio Vernet. escritor de novelas de aventura y ciencia ficción, visionario del futuro nos sumerge en un mundo que para su época era fantástico. James Cook, explorador, medico y botánico nos narra en sus libros las experiencias de viajes, y Alexander de Humboldt hace un bello relato de sus Viajes a las regiones Equinocciales del Nuevo continente americano. Y no puedo olvidar al Gran Almirante Cristóbal Colón que surcaba los mares buscando nuevas rutas para llegar a la India

y se encontró con un nuevo continente en 1.492. En sus diarios de viaje nos describe como era nuestro continente y su gente. Colón nunca se imaginó la inmensa extensión de su descubrimiento.

Mi motivación es mucho más sencilla y menos ambiciosa, es escribir sobre lugares lejano, algunos míticos a través de de mi experiencia de viajar, conocer personas, recorrer lugares y tener vicisitudes, de tener asombro ante la naturaleza y de la maravilla que es nuestro planeta. He visitado unos 36 países y más de 220 ciudades en diferentes continentes . no llevo un orden en cuanto a las fechas en que visitamos cada ciudad o cada continente, el único orden posible es por continente.

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II. CONTINENTE ASIATICO
I                                                        JORDANIA   2.       PETRA         Desde Paris, llegamos por avión a Jordania y por carro directamente a Petra. Nos habían comentado amigos, que no nos preocupáramos por la visa porque los trámites de entrada al país árabe eran rápidos, solo teníamos que llenar un formulario en una pequeña taquilla después de recoger las maletas, pagar unos pocos dólares de i******o y listo. Lamentablemente, para nosotros no fue ni rápido ni agradable, después de recoger nuestros equipajes, caminamos a la oficina correspondiente para sacar la visa. Todo muy normal, pero después de un poco más de una hora de espera, cuando ya yo estaba desesperada y que veía a través del vidrio de salida a nuestro guía ansioso y preocupado. Nos dirigimos a la taquilla de chequeo del aeropuerto para informarme sobre qué pasaba, no puedo negar que la rabia nublaba mi entendimiento y en forma airada pregunté a unos sobrecargos ¿Qué está pasando? Y tal fue el alboroto que arme y mi molestia que vino el más alto funcionario del aeropuerto y nos explicó en un inglés con acento árabe que por orden de INTERPOL nos habían retenido. Por supuesto no lo podíamos creer. Con un tono ya angustioso preguntamos: ¿cuáles eran las razones? El hombre apenado nos explicó que, desde la mañana, esperaban a una pareja suramericana, narcotraficantes que estaban por llegar. INTERPOL les había notificado que estaban en el proceso de enviar las fotos por internet, pero que no las habían terminado de enviar. Y por supuesto se imaginaron que éramos nosotros, únicos latinos en el vuelo. Aquello, iba más allá de nuestra paciencia y entendimiento y empecé a preguntarles:    ─ ¿Cómo es posible que etiqueten a dos personas de narcotraficantes, así a la ligera? Que además somos profesores universitarios con aspecto de investigadores de ser “traficantes”. Para los momentos, habían pasado dos horas de nuestra llegada al aeropuerto Reina Alía, no había pasajeros y solo había uno que otro empleado. Habían revisado nuestras maletas y pasadas por los detectores de drogas y armas.  Me acorde entonces con terror la historia de Billy Hayes, llevada al cine con el nombre de Midnight Exprés (Encarcelado en el extranjero). Detenido por posesión de hachís en el aeropuerto de Estambul-Turquía, condenado a cumplir prisión en una cárcel de Turquía. Temblaba de solo pensar por la pesadilla que pasó Billy Hayes. Cuando se dieron cuenta del error cometido y que no tenía nada que ver con nosotros, nos rindieron mil disculpas y hasta nos invitaron a tomar el té con dulces árabes. Por supuesto, la rabia no se fue así de fácil, aunque el señor en persona llevara nuestras maletas hasta el carro que nos llevaría a Petra y con tono despectivo le dije: ─lamento decirle que no vuelvo a este país. Pero claro después del mal rato el país me atrapo y si tuviera la oportunidad volvería. La autopista que tomó el taxista cruzó parte de desierto jordano, no pudimos ver el atardecer porque ya era noche, mi idea era conocer el desierto al poniente, cuando el sol en su camino hacia el oeste resplandece en un ocre de vivos colores, en el ya profundo azul del cielo. Llegamos al hotel, nos estaban esperando, preocupados, el gerente y su equipo. Un hotel de las mil y una noches, bellísimo ubicado en lo alto de un acantilado, al entrar y ya en nuestra habitación nos dimos cuenta del lujo y comodidades inimaginables que poseía. A la mañana siguiente pude ver la majestuosidad del lugar donde estábamos, no solo por el hotel donde nos alojaron llamado Nabatean Castle, sino por el sitio donde estaba ubicado, en los altos de un acantilado rocoso desde donde se observaba una planicie tan bella que es difícil describirla. Un sitio inmenso y montañoso. Desayunábamos, observando el paisaje cuando se acercó el chef principal de la cocina, nos dijo que era venezolano y que nos daba la bienvenida. Por supuesto nos sorprendimos, conversamos un rato, tenía 10 años fuera del país y quería saber todo de Venezuela y nosotros todo sobre Petra. Después del suculento desayuno, subimos a una camioneta rústica que nos llevó directo en dirección a la ciudad rosa- al-Batra o la ciudad perdida, antiguo reino nabateo. Hoy, una de las grandes maravillas del mundo y enclave histórico de Jordania. La ciudad de Petra se encuentra al sudoeste del Reino Hachemita de Jordania a 255Km de Ammán, dominando la ciudad de Wadi Mosa, donde se piensa que el profeta Moisés sacó agua de las rocas, por esa razón, también toma el nombre del Valle de Moisés. Los nabateos, a pesar de ser tribus nómadas del oriente construyeron su ciudad allí, a 50 metros de alto, metida entre rocas. Muy cerca esculpían cuevas funerarias en la piedra caliza para enterrar a sus muertos, porque también es una necrópolis. Se dice que la ciudad fue construida 10.000 años a.C. Petra era la ruta de las caravanas en la antigüedad. Y nació por la influencia de las civilizaciones griega, romana y egipcia entre el siglo IV a.C. y IV d.C. porque era un puente natural entre los tres continentes.  Los nabateos se asentaron al este y oeste de Wadi Araba, así como en el Sinaí. Controlaban las rutas de las caravanas. Su pericia era el tallado de la roca. Su lengua es la semítica, y su alfabeto es similar al arameo que hablaba Jesucristo y al hebreo. Pero su religión estaba influenciada por las antiguas leyendas y por la religión egipcia. En el templo de los Leones Alados se encuentran unas estatuas dedicadas a los ídolos egipcios Isis y Osiris. Los nabateos tienen un lazo de unión espiritual con la Meca. En el siglo VII, los habitantes de Petra adoptaron una nueva religión, el islam, que era la religión de Arabia, su patria original. En la Edad Media fue abandonada y el tiempo la oculto. Y no fue descubierta por los occidentales hasta principios del siglo XIX, cuando un explorador suizo Johann Ludwig Burkhardt la descubrió. Según cuentan los mismos nabateos-jordanos utilizó un camuflaje de musulmán para poder llegar a la ciudad. Fue el primer europeo en llegar por una vieja ruta de caravanas a la fascinante Petra, que significa piedra en griego, en el año 1812. Al salir del hotel nos subimos a una camioneta rústica algo destartalada, nada lujosa donde cabían solo 6 personas, cuatro españoles y nosotros. En la parte de la cabina, un chofer árabe y nuestro guía español-venezolano que en realidad no nos sirvió de mucho en cuanto información sobre Petra, había vivido en Venezuela por muchos años y según él añoraba al país. Nuestro guía nos advirtió al llegar, que siguiéramos juntos como viajan los chinos y que no nos separáramos porque el viaje era de 1.5 km. y había muchos turistas y no quería perdernos. Para nuestro infortunio la cámara fotográfica se dañó al empezar a tomar unas pocas fotografías, casi lloro, ir a Petra y no poder tomar fotos es lo peor que le puede pasar a un turista, vimos un tenderete árabe de ventas de todo tipo de cosas como a 50 metros y sin acordarnos de las indicaciones del guía, corrimos hacia el sitio con la idea de preguntar dónde vendían una cámara de fotografía y buena suerte vendían cámaras desechables, pero útiles en estos casos. Al volver al grupo, el guía nos regañó como adolescentes que habíamos cometido una grave infracción. En realidad, no era necesaria tanta preocupación porque el camino, aunque sinuoso es recto. Después de esto, tomamos el camino al Siq.  El camino en pleno desierto para llegar a Siq (estrecho) es plano y en ciertas partes muestra algunos árboles colgando de piedras rocosas. Se observan tumbas y cuevas a lo largo, allí viven algunos beduinos, también se ven túneles y templos. Al final, las formaciones rocosas se hacen más altas y a lo lejos se ve un estrecho pasaje el Siq, una r*****a de 100 metros de alto y 1.2 kilómetros de largo. A medida que te acercas se va revelando la media silueta rojiza de Al-Khazneh, la joya de Petra o tesoro del faraón. Ese tramo del desierto para llegar al Siq es de un kilómetro y medio, otros dicen que son 1,7 km de longitud, a mí me pareció más, pero es fácil para recorrer porque es totalmente plano, bordeado por zonas de rocas que son cuevas. El guía nos sugirió, que si no queríamos caminar se podía alquilar un burro, un camello o un troli, pero la mayoría prefirió ir caminando. El Siq es una estrecha garganta o pasadizo natural a lo largo de un cañón rocoso, totalmente plano y liso. La luz del sol no llega a alcanzar el suelo, una tenue oscuridad envuelve al visitante en pleno día y una brisa suave refresca la zona que alcanza los 42° grados durante el recorrido, las paredes laterales de rocas prácticamente verticales y de coloración naranja te protegen. Allí las emociones se desatan. Corrí hasta el famoso monumento. Lo que vi es totalmente indescriptible con palabras. Me acordé lo que le paso a Harrison Ford cuando firmo su película Indiana Jones y La última cruzada, se le calló la quijada y se quedó con la boca abierta, igual les pasó a Madonna y al ex presidente francés Nicolás Sarkozy, y no es para menos. Aquí la experiencia es poética, mágica, sorprendente. Excavada en la roca rosa y violeta entre los años 300 y 400 a.C está la tumba colosal de 100 metros de alto y 1.200 de largo, decorada con seis columnas frontales y dos laterales, arriba, aparecen dos relieves que representan a los hijos de Zeus. Las columnas y esculturas son de un refinamiento y de una belleza incomparable. Sus columnas tienen 40 metros de altura y 25 de ancho. Lo que uno ve de entrada son las seis columnas enormes con capiteles corintios, en la parte inferior de la fachada se ven varias hornacinas, hay una entrada, pero no se permite pasar al interior, está vigilada por soldados jordanos y en la parte superior adosadas al muro hay unos nichos con una especie de cornisa en el centro y otros nichos laterales y columnas. Tiene cruces talladas en los discos solares como campanarios decorados con figuras. Parece que esta parte data del siglo I a.C, pero lo que más llama la atención es su color rosa. Uno se puede pasar horas contemplando la tumba que más bien parece la fachada de un templo griego, pero nuestro encantador guía nos llamaba para ver a continuación la calle de las Fachadas, otras tumbas reales y el anfiteatro. Después nos dejó escoger entre ascender o no al Monasterio (ad─Deir). Son casi 1.000 escalones y pasajes curvos que conducen hasta esa imponente construcción “ad-Deir”. Le pregunté al guía ─ ¿Vamos a subir nosotros solos, los compañeros españoles decidieron no hacerlo? El guía, ante mi mirada y con una sonrisa nos contestó: ─Bueno, yo la he subido mucho y no se preocupen es solo subir, además, tengo una rodilla un poco enferma. Me acorde del alboroto que armo con solo alejarnos unos minutos, ahora, nos envía a subir esa montaña-acantilado durante casi más de una hora en un ejercicio peligroso y difícil. ─ Se puede negociar con un beduino el viaje en burro  ─nos dijo. Pero la escalpada colina no es ancha, casi si puede pasar una persona, le contestamos que no. Durante el trayecto vi a varios burros resbalarse y a punto de caer al precipicio, por lo que le di gracias a Dios de no haber contratado uno. La subida, en realidad para los que están acostumbrados a escalar, tiene dificultad intermedia, para mí fue de alto esfuerzo. Todo el recorrido es impresionante, hay muchas cosas por ver y disfrutar, la vista desde esa altura es como contemplar el principio de la tierra. Completamos la subida en un poco más de una hora, pero la mayoría lo hace en 45 minutos. Nosotros a pesar de las advertencias del guía de no tardarnos más de lo necesario, nos tomamos nuestro tiempo para contemplar aquella maravilla del mundo. A todo el que bajaba le preguntaba ─ ¿Cuánto falta? y ellos se reían ─siga subiendo. En ciertos puntos había mujeres beduinas que vendían agua, pero yo no confiaba mucho en esa agua y me limitaba a darles las gracias. Al fin llegamos a una explanada, fue todo un triunfo para mí. Cualquiera no hace esa subida.  Allí estaba el Monasterio. Bello, monumental, ¿Quién querría descansar allí?  La construcción mide un poco más de 50 metros de altura, un poco más grande que Al-Khazneh. En ad-Deir, el viento y los siglos han pintado las paredes con una gama de tonos que van del violeta al gris oscuro. Y sus relieves son casi iguales al de Al-Khazneh. Frente al Monasterio, a unos 50 metros, había un tenderete beduino donde se podía comprar bebidas frías y darse un descanso. El calor era agobiante, la temperatura era de por lo menos 42º grados, la subida me había extenuado. Me quede sentada en un peñasco bajo la sombra de una higuera moribunda para disfrutar de la vista del monasterio y del momento. A un lado del monasterio había un cerro con un camino marcado y un aviso que decía “llegas al fin del mundo” y una flecha señalando el camino. Mi esposo me miro como esperando que yo decidiera si quería seguir al fin del mundo. Sin responderle tome el camino empinado. Cuando llegamos a la cima no se veía el fondo, estábamos en un precipicio montañoso, la profundidad era tal que no podía adivinar a qué altura estábamos. La gente para no sentir pánico (miedo a la altura) ponía una especie de paño sobre el risco de piedra y se acostaban boca abajo para asomarse, nosotros hicimos lo mismo. Sí, estábamos en los confines de la tierra. Esto era el final de todo, era un cañón profundo, rocoso y sin fondo. Dios, ─le dije a mi esposo de verdad este es el fin del mundo─. Inmenso, con una gran cantidad de acantilados. No sabemos si alguien se había atrevido o intentado bajar alguna vez. Pero una cosa es segura uno se puede imaginar la tierra en el principio de su existencia y no el final. Es uno de los paisajes más hermosos que se puede observar. Es imposible no sentir un sentimiento de pequeñez ante tanta majestuosidad. En pocos lugares se percibe tanta energía que hace pulsar nuestro cuerpo, una energía que se siente, que uno no se imaginaba que existía. Regresamos, la bajada fue mucho más fácil y distendida y pude apreciar mejor los detalles del camino y el paisaje. Teníamos que darle paso, pegados a los acantilados, a los que subían y a los burros. Al llegar a la parte baja nos esperaban los españoles y el guía. Ellos estaban terminando de almorzar y por supuesto nos preguntaron de nuestra experiencia. Comimos rápido e inmediatamente tomamos el camino de regreso al Siq. Para mi había sido un día increíble, estaba fascinada. Era algo que recordare toda mi vida.   CAMINO A WADI RUM. Al día siguiente salimos hacia Wadi Rum, el “Valle de la luna”, rodeado de montañas de color púrpura. El recorrido dura cerca de dos horas por el desierto, montados en los peculiares vehículos 4x4 conducidos por beduinos. Todos íbamos ataviados a la usanza beduina. Y es que tiene que ser así por la inclemencia del sol y los vientos de arena. Es un territorio estéril, con vastos y desolados desiertos con enormes extensiones de cambiantes arenas. El desierto es iridiscente, según el tono de la luz se crea el arcoíris. Durante la travesía, uno no puede dejar de acordarse de T.E. Lawrence, el oficial británico que inmortalizó este desierto en su libro “Los siete pilares de la sabiduría”, en el relata sus experiencias durante la revuelta árabe en la Primera Guerra Mundial, y describe el desierto como un lugar inmenso, solitario, tocado por la mano de Dios. En 1962, el texto fue adaptado a un guion cinematográfico, y David Lean dirigió la película Lawrence de Arabia, que ganó siete premios Oscar.  Hay otras películas que se han firmado en este desierto como por ejemplo el Planeta Rojo en el año 2000. El desierto es de una belleza enigmática, hay que vivirlo. Después de contemplar el amanecer en la cima de una montaña de arena nos adentramos en las dunas, corrimos y tratamos de bajar sentados. Me imaginé a Lawrence de Arabia entre los beduinos con su traje blanco y dorado dirigiendo sus tropas. Las tribus beduinas han habitado este desierto por miles de años y hoy en día son las encargadas de muchas iniciativas turísticas. Hay algo especial acerca de los beduinos y su vida en el Valle de la luna. Se percibe que son personas conectadas con el espacio que los rodea. Como dijo alguien: ver a un beduino viajar por el desierto es como si el desierto mismo se moviera. Su trabajo es asistir a otros para que atraviesen los caminos misteriosos del Wadi Rum, son hospitalarios, y después de unas horas es imposible no sentirse cómodo con ellos. Nos detuvimos en una carpa para descansar y tomar té. Echados sobre alfombras oímos sus historias y nos reímos con ellos de chistes que no entendíamos.  Los beduinos, lejos de lo que pensaba que eran personas silenciosas, introvertidas, hoscos, después de un rato de estar con ellos te das cuenta de que no. Le comenté a Germán ─hablan mucho. Y si los dejas, no te dejan ni un momento para una pregunta.  No tienen prisa. Un turista norteamericano nos explicó que pueden estar cuatro días seguidos charlando y tomando té.  ─Claro, en una carpa, en una soledad inmensa, ellos aprovechan cualquier oportunidad para conversar. Tomamos de nuevo la 4x4 que se deslizó por el desierto como una nave en un mar tranquilo. Sube una pequeña pendiente y se detiene justo en la cima para luego deslizarse suavemente en la bajada. El guía nos dice que justo en ese sitio Peter O´toole instaló su carpa cuando filmaba la película sobre Lawrence de Arabia. Al detenernos exclamé ─este sitio es precioso y solo es una planicie llena de arena dorada brillante con las dunas formando mapas de países imposibles. El viento soplo fuerte y la arena nos hizo ponernos el hiyab hasta los ojos. Los hombres usan el akal nombre que se da al cintillo que sostiene el turbante. Fueron minutos, pero quedamos llenos de arena. Al bajar del vehículo mis pies se me hacían pesados y se me hundían en la arena caliente. Corrimos como niños hacia las dunas para jugar con la arena. Cuando el viento dejó de soplar, un silencio estremecedor se apoderó de todos. No se oían ni el paso de los camellos ni de las cabras que pasaban justo al lado de nosotros en ese momento.  Estábamos sumergidos en ese silencio, en la quietud del desierto. Alguien dijo: ─ en mucho tiempo no había experimentado ese silencio tan agradable. La intensidad del sol nos hizo regresar al vehículo y emprender el regreso, en el camino vimos algunas aldeas beduinas solitarias, el paisaje es escandalosamente bello en ese lugar. Cuando llegamos al hotel, todavía el cielo de color azul intenso tenía algunas nubes de oro.   3. AMMAN (AMÁN) – CAPITAL DE JORDANIA     Amman, es una ciudad moderna y cosmopolita. Sus calles cobijan infinidad de restaurantes, cafés, galerías, y variedad de cabarets donde las muchachas europeas bailan la danza árabe. La gente en la capital jordana es sumamente amable. Llegamos al hotel Semiramis Intercontinental, muy agradable y más europeo que árabe. Está ubicado en una colina, un sitio tranquilo, algo lejos del área comercial. Es la zona más moderna de la ciudad.  Apenas llegamos nos pusimos zapatos cómodos para darle una primera vista a la ciudad. Observamos que todos los edificios están pintados de blanco conforme al d***o real, no en balde se le llama la ciudad blanca. Desde nuestra habitación se podía ver la neblina del desierto y su soledad. Pero si se iba al otro lado del edificio se podía observar la tierra verde del fértil valle del Jordán. La zona más turística es el área histórica de la ciudad, que se llama la ciudadela o Citadel. Cerca está la zona comercial. Amán, como sencillamente se le llama es rica en hallazgos arqueológicos, se ha demostrado que había asentamientos hace más de cuatro mil años. Su centro es un valle entre las colinas de la ciudadela y otras tres colinas más. Fue el centro de los reyes amonitas hace 1.200 a.C. Las civilizaciones antiguas han dejado sus rastros en Jordania: asirios, babilónicos, persas, romanos y judíos. En 1952, el reino hachemita de Jordania nombró a Amán su capital. El primer monarca del trono hachemita fue el rey Adbullah en 1950, pero tres años después le siguió Hussein, de dieciocho años, luego que su padre fuera asesinado en Jerusalén. Este joven monarca demostró ser políticamente astuto en la crisis que vivía el Oriente medio. Siempre el país salía ileso de las guerras que lo rodeaban. Amán bajo su reinado se convirtió en una ciudad grande y moderna con su universidad, aeropuerto internacional, establecimientos comerciales, urbanizaciones que tratan de mantener la arquitectura árabe dentro del desarrollo urbanístico que posee el país, una industria de turismo y hermosas edificaciones modernas. Visitamos como todo turista, el foro romano, el anfiteatro romano con capacidad para seis mil personas, aún se utiliza para conciertos y obras de teatro. Tiene una acústica exquisita.  La ciudadela de tiempos romanos aún se conserva. Hay restos de mampostería, arcos, columnas y capiteles y una vista, desde ella espectacular de la ciudad. Una noche, sentados en los cómodos sillones del hall de ingreso al hotel, después de saborear una cena típicamente jordana: mansat (cordero con arroz y papas), croquetas de garbanzo y una rica ensalada acompañada con pan de pita y una copa de vino (solo a los turistas se les permite tomar licor), los musulmanes no toman licor. Vimos entrar a una joven vestida de novia y todo un sequito de gente cantando y bailando música árabe. Nos paramos para observar la ceremonia de entrega de la novia a su pareja con la que sellaban su unión. La música y los cantos se prolongaron cerca de una hora. Para nuestra sorpresa la novia nos llamó para que formáramos parte del baile, a lo que no nos hicimos de rogar y enseguida formábamos parte del jolgorio árabe, alzando las manos y aplaudiendo a los novios, era genial estar bailando árabe con un grupo de personas que en la vida volveremos a ver. Cuando llegó el momento, en que abrieron las puertas del salón de fiesta decorado magníficamente, con lámparas colgantes, carpas, alfombras y almohadones para ellos disfrutar de la cena de boda, nos despedimos. Al día siguiente partíamos para otro país.      

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