NARRA MELISA
Había pasado una semana entera trabajando con Noah y todavía no ha podido recordarme. A veces me siento muy culpable por no decirle la verdad, pero dudo mucho que Noah vaya a creerme. Apuesto que muchas mujeres quieren atraparlo con ese cuento de que están embarazadas o tienen un hijo de él. Yo no quiero que Noah piense que soy una de esas. Ni mi hijo ni yo hemos necesitado de Noah y ahora no lo vamos a hacer. Es mejor para mí que él no me haya reconocido, así puedo trabajar tranquila.
Noah es bastante exigente. La primera vez que le di a probar un platillo, solo me dio algunas recomendaciones de cómo le gustaban ciertas cosas: con mucha sal o poca sal, si caliente o tibio. En fin, Noah casi no se mantiene en casa porque pasa trabajando todo el tiempo. Estos últimos días casi no lo he visto, solo le he dejado la comida lista para que la caliente en el microondas.
Janice y Adilene me han estado presionando un poco para que le diga la verdad. Investigué sobre Noah y su empresa, y resulta que es un hombre bastante rico, con negocios acá y en Europa. Tiene mucho dinero para gastar. Me pongo a pensar en mi hijo y en que, teniendo un padre rico, no debería estar pasando necesidades, aunque no las pasa porque yo me encargo de cubrirlas.
Estoy en la mansión de Noah terminando de hacer la cena. Escuché que mañana tendría una cena familiar, así que creo que tendré la tarde libre. La señora que limpiaba es bastante amable y la he ayudado en muchas ocasiones. Estuve libre un rato, así que aproveché para dar una vuelta por el jardín y explorar la casa. Es increíble que Noah viva solo en esta lujosa mansión siendo tan grande. ¿Acaso no se aburre acá solo? Es decir, además de todo, casi no se mantiene aquí. No he escuchado sobre alguna novia de Noah o esposa, así que no se ha casado.
¿Por qué me importa si está casado o comprometido? Noah es libre de hacer lo que quiera. Observé el auto de Noah entrar, así que me apresuré a ir a la cocina.
*
NARRA NOAH
Melisa me resulta demasiado familiar. Desde la primera vez que la vi, pensé que ya la conocía, sin embargo, no logro recordar de dónde. He tenido muchas mujeres en mi vida, así que es probable que haya sido una de ellas o la he visto en alguna revista. Me frustra no poder recordar de dónde es Melisa. Tengo la curiosidad de saber todo de ella.
Bajé del coche y fui directo a la habitación para darme una ducha rápida. El día de oficina había sido cansado y un poco estresante. Hay días en que las cosas no salen como pienso y otros en los que van mucho mejor. Cuando salí, me puse algo cómodo porque no tenía planes de salir el resto de la noche. Bajé a la cocina y me encontré a Melisa sirviendo la cena. Noté sus curvas; ese pantalón un poco ajustado le sentaba bien. Melisa es una mujer guapa, pareciera una modelo de revista.
—Señor —me dice en cuanto me ve—. No lo escuché llegar.
—Está bien, Melisa. —Me senté en la mesa—. ¿De dónde has aprendido a cocinar?
—A mi padre le gustaba mucho la cocina y, gracias a él, le tuve amor a todo esto —responde con cortesía.
Melisa es una mujer bastante agradable, amable y respetuosa. También es elegante. Ella me sirve la cena, así que empiezo a comer. Admito que me ha encantado la manera en la que cocina. Tiene un sazón muy especial que me encanta.
Su cara siempre me resulta familiar.
—¿Te he visto en alguna parte? —le pregunto. Sentí que Melisa se tensó—. Es que siento que te conozco de algún lado. ¿Has salido en revistas o periódicos?
—N-no —negó con la cabeza—. No sabría decirle... quizás solo le recuerdo a alguien.
—Sí, tal vez —respondí.
Terminé de cenar. Noté que afuera empezó a llover y Melisa tendría que irse a su casa. Ella se veía un poco preocupada.
—¿Quieres que te lleve? —me ofrecí—. Creo que con esta lluvia no hay taxis disponibles.
—No —responde rápido—, no es necesario. Yo voy a esperar a que pase la lluvia para llamar un taxi. Es que tengo el auto en el taller.
—Insisto en que te puedo llevar, no es problema para mí. Además, no sabemos hasta cuándo pasará la lluvia.
Melisa se veía un poco preocupada, mirando el reloj a cada rato. La lluvia estaba bastante fuerte. Le miré el trasero y elevé una ceja.
—No quiero molestarlo, señor, estaré esperando a que pase la lluvia.
—Como quieras entonces. Si te decides, estaré en la sala.
Sabía que Melisa al final vendría hacia mí.
*
NARRA MELISA
La lluvia no paraba y había pasado casi una hora. Janice debe de estar desesperada esperándome. No me gusta abusar de su generosidad a la hora de cuidar a Wade. Por otro lado, no quería irme con Noah porque tampoco quería que viera a mi hijo. Tengo mucho miedo de que sepa que es suyo.
No puedo más.
Caminé hacia la sala. Noah estaba leyendo el periódico.
—¿Señor? —llamé su atención.
Noah me miró, medio sonrió y se puso de pie.
—Vamos, Melisa.
Me daba mucha pena molestarlo, ya hasta estaba en pijama. Seguí a Noah hasta el garaje, donde estaba su coche. Abrió la puerta del copiloto para mí, así que entré.
—Gracias.
Noah se subió al asiento del conductor y arrancó.
—¿Cuál es la dirección?
—Oh... esta —la puse en el GPS de su coche.
La atmósfera aquí era más tensa, los dos solos en un auto. Los recuerdos de esa noche juntos llegan a mi mente, todo es tan vívido, como si hubiera pasado hace apenas un año. Sus besos en mi cuello, en mis pechos, sus caricias, todo. Todo me había encantado. Pero sabía que solo había sido eso: sexo de una noche. Me pregunto si Noah recordará eso.
Qué pregunta, si ni siquiera se acuerda de mí.
—Mañana voy a tener una reunión familiar a las seis, quisiera que me acompañaras —me dice de repente—. Luego tendré una en la casa y me gustaría que supieras más o menos lo que me gustaría hacer. Además, la cena de mañana es muy importante. Mi familia es muy complicada cuando de comida se trata, así que quiero que averigües sus gustos y alergias.
Asentí.
—Claro, señor.
Trabajo era trabajo y yo no me podía dar el lujo de decirle que no.
—Yo sé que esto va fuera del contrato, así que me aseguraré de que te den un pago extra por esto.
—Gracias, señor.
Escucho que se ríe.
—Tu forma de llamarme "señor" me resulta muy familiar también.
Me alarmé. Esa noche estuve llamándolo "señor" todo el rato y alguna frase se le pudo haber quedado grabada. Sentí mis mejillas arder al recordar todo.
Noah se estacionó frente a la casa de Janice. Me sorprendió que ella estuviera en el porche esperándome. Me asusté cuando vi a Wade. Acá ya no estaba lloviendo.
—Gracias, señor. Estoy bien aquí, nos vemos mañana. Pase buenas noches.
Salí del coche y caminé hacia la casa, pero Wade salió corriendo para encontrarme. Espero que Noah ya se haya ido.
—Cariño, te eché de menos —le digo, cargándolo en mis brazos.
—Mami.
—¿Mami? No sabía que tenía hijos, señorita Carter.
Giré hacia Noah, quien había salido del coche y se había acercado a nosotros. Tuve miedo. Dios, esto es tan incómodo. Noah es el padre de Wade y me siento fatal de no decirle.
—Sí, es Wade —le dije un poco nerviosa—. La señora Monet lo sabe, pensé que le había dicho algo.
—Creo que se le pasó decirme.
—Espero que esto no sea inconveniente para trabajar.
—Claro que no, es solo que me sorprende. ¿Entonces usted está casada?
—No, estoy sola —respondí.
Noah asintió varias veces.
—Me voy, nos vemos mañana, señorita Carter.
Noah se subió a su coche y se fue. Pude respirar tranquila cuando se alejó lo suficiente. Janice se acercó entonces y sabía lo que venía después.
—No puede ser, mi cuñado es un hombre jodidamente guapo.
—No es tu cuñado.
—Es el padre de Wade, así que lo es.
—Lo siento por tardar, estaba lloviendo y por eso Noah me trajo.
*
Al día siguiente, le preparé el desayuno a Wade para después dejarlo con Janice de nuevo. Odiaba cuando dejaba a mi hijo solo, yo quería estar todo el tiempo con él. Cuando llegué a la mansión de Noah, le preparé su desayuno.
Noah estuvo serio en el desayuno y yo no dije nada; estaba pensando en la reunión de la noche. ¿Por qué insistió en que fuera? No me parecía buena idea.
Noah no vino a la hora del almuerzo, así que guardé lo que había preparado. Cuando se hicieron las cinco, apareció.
—¿Trajiste algún vestido para ponerte? —me pregunta.
—No... —le dije—. No pensé que fuera como invitada, sino a trabajar. Así como estoy vestida, iré.
—Me imaginé —me dice, dándome una bolsa—. Compré esto para ti, puedes ir a mi habitación para cambiarte. La imagen es lo primero que ve la gente.
Tomé la bolsa con algo de recelo y asentí.
—¿Dónde está su habitación?
—Ven.
Lo seguí al segundo piso hasta la puerta del final. Entré. Sentí el aroma de Noah aquí y era muy agradable.
El vestido es rojo, escotado y largo. Me lo puse rápidamente, pero el cierre de atrás se me complicó un poco.
Noah toca la puerta.
—¿Sí?
—¿Cómo va, señorita Carter?
—Tengo un problema aquí, señor... puede pasar.
Noah abre la puerta y entra.
—El cierre se me complicó un poco.
Noah se acercó y me vio la espalda, la silueta. Sentí un escalofrío al sentir su mano fría en mi espalda. Dejé de respirar por unos segundos y me quedé quieta. Noah subió el zíper de atrás y me acarició la espalda. Ese gesto me sorprendió viniendo de él.
—Sabía que conocía este cuerpo de algún lado —me dice, y yo palidecí—. Esa noche en el baño de hombres, Melisa, eras tú.
Lo miré con miedo, con horror.
—Noah... —murmuré.
—No digas nada ahora, luego tendremos tiempo de platicar. Es hora de irnos.
Asentí porque yo no tenía ganas de recordar esa noche. Salimos de la casa y nos dirigimos a la fiesta.
Cuando llegué, la casa estaba llena de gente, familiares de Noah y conocidos. Noah saludó a su gente y yo solo me quedé atenta a los bocadillos y comidas que servían.
Noah me presentó a su hermano Beck y a otros familiares.
—Qué chica más hermosa —dice Beck—. Cuando no quieras tenerla de cocinera, por favor, mándala a mi casa, yo sabré sacarle provecho.
Medio sonreí porque fue un poco incómodo. Noah me miró rápido y luego se fue a hablar con la señora Monet.