NARRA NOAH —Está profundo —soltó Melisa, ladeando la cabeza mientras miraba a nuestro hijo. Se miraba tan tierno y tan inocente. —Seguro tuvo un día pesado —respondí en voz baja, pasándole la mano por la espalda. Su respiración tranquila hasta me relajó a mí. —Sí, y apuesto a que lo llenaron de antojitos. —Melisa rió bajito, mirándome con complicidad. —¿Lo acostamos? —pregunté, notando que ya traía puesto su pijama de tiburón, listo para dormir. —Sí, vamos. —Melisa aclaró la garganta. Subimos al cuarto de Wade. Prendí su lamparita y lo acomodé en la cama con cuidado, tapándolo con su manta favorita. Sonreí, recordando lo emocionado que se puso cuando me contó cuánto le gustaba. Era un amor. —Está hermoso —soltó de la nada. —La verdad, tengo mucha suerte de estar en su vida. —La mir

