NARRA MELISA —¿Bueno? Ah, sí, espéreme un momento. Ahorita le abro—. Con solo escuchar la voz de Noah, supe que eran el señor y la señora Solomon. Presionó el botón para abrir la puerta mientras bajábamos las escaleras. Aceleré el paso al comedor, prendí unas velas para que se viera más acogedor y luego fui directo a la entrada para recibirlos junto con Noah. —Señor y señora Solomon, bienvenidos—, dijo Noah con su sonrisa de niño bueno. —Gracias por la invitación—, respondió la señora Solomon con una sonrisa amable. —Adelante, pasen—, dije, haciéndome a un lado. El señor Solomon me extendió la mano con aire confiado. —Así que tú debes ser la encantadora Melisa con quien hablé por teléfono. —La misma en carne y huesos. Mucho gusto—. Le devolví la sonrisa mientras le estrechaba la

