NARRA MELISA
Después de pasar estos días con Noah y con Wade juntos me he sentido más tranquila. Siento que debo decirle a mi hijo muy pronto se que Noah es su padre para que no se siga confundiendo, siempre le dije a Noah que su papá había hecho un viaje muy largo y que tal vez un día encontraba el camino de vuelta a casa.
Estaba en la casa de Noah trabajando como siempre y alguien me toca la puerta de la cocina que da al jardín. Sonreí como tonta al ver a Janice allí con Wade en sus brazos.
Rápidamente les abrí.
—¿Qué están haciendo aquí? —quise saber, cargando a Wade—¿cómo estas, cariño? ¿Te he hecho falta?
—Claro, mamá, mi tía y yo te extrañábamos. ¿Donde está Noah?
—Noah... está trabajando, cariño.
Wade se puso triste por eso.
—Bueno, en realidad Noah me llamó y me dijo que trajera a Wade a la casa así que por eso estamos aquí. Su chofer nos trajo.
—¿De verdad? No sabía sobre eso.
—Supongo que Noah te dirá cuando venga, además yo creo que solo quiere ver a su...
A Janice casi se le sale un "a su hijo" frente a Wade, aunque es un niño y no va a entendernos mucho.
—Está bien, esperare a ver que quiere. Me faltan tres horas para terminar mi turno de trabajo.
—Yo me tengo que ir, solo vine a dejar a Wade. Mucha suerte, Meli, nos vemos después.
—Adiós.
—Adios, tía Jani.
—Adios, mi amor, cuídate mucho, ¿si?
Wade asintió y Janice se fue.
—¿Señorita Carter? —Priscila apareció en la cocina—El señor Richie vendrá en cualquier momento, solo le aviso... oh, ¿es Wade?
Asentí.
—Pero que niño más guapo. Hola, Wade.
—Di hola —le dije a Wade, a veces solía ser muy tímido con la gente que no conocía.
—hola.
—Es igualito a su...
Carraspee para que no dijera lo que tampoco iba a ser.
—... su madre —se retractó—... lo siento.
—¿Por que no vas con la señorita a la sala mientras mami termina de hacer el trabajo aquí?
Wade asintió. Priscila se llevó a Wade a la sala y me encargué de terminar lo que estaba haciendo, me sentí un poco apresurada por la presencia de mi hijo aquí, sentía que debía preguntarle a Noah por qué quiso que Wade viniera, al menos me hubieses avisado.
Cuando terminé de hacer la cena me fui donde estaba Wade y Priscila, estaban jugando con algunas cosas. Noah entra y por fin siento alivio. Rápidamente me acerqué a él.
—¿Por que no me dijiste que habías llamado a Janice? —le pregunté a pesar de que seguíamos en horarios de trabajo.
—Melisa, he estado pensando y creo que es momento de que Wade sepa que soy su padre. Lo has visto, nos llevamos bien, creo que está preparado.
Presentía que se trataba algo de esto.
—Además, en algún momento mi madre se dará cuenta y entonces hará muchas preguntas.
—¿Y? ¿Sigues pendiente de lo que pueda decir tu madre? —se me salió. Me pasa cuando me siento estresada—lo siento.
—¿No estás de acuerdo? En que Wade sepa.
—Lo he pensando, en realidad. Creo que sería lo mejor para el y para ti. Lo que sabe de su padre es que hizo un viaje muy largo.
—Pensé que le dirías que estaba muerto.
—No... quizás en el fondo sabía que te encontraría.
—Vale... entonces hagámoslo.
Asentí y nos dirigimos donde Wade. Priscila nos dejó solos.
—¡Noah! —Wade se lanzó a los brazos de Noah.
—Hola, amigo, ¿cómo has estado?
—Bien. ¿Vas a cenar con nosotros hoy?
—Claro que si, como todos los días.
—Wade, cariño. Necesito hablar contigo. ¿Recuerdas lo que te he dicho sobre tu padre?
Asintió.
—Hizo un viaje muy largo. ¿Cuando volverá?
—Bueno, el ya volvió.
—¡Si! Por fin tendré papá. ¿Donde está?
—Cariño, has estado con el estás últimas semanas.
—¿Es Noah?
Asentí.
—Si, cariño. Noah es tu padre.
—Wade, estoy aquí ahora —le dice Noah.
Wade se puso serio un momento, pensé lo peor, pensé que lo iba a rechazar pero luego abrazó a Noah.
—¡Lo sabía! ¡Sabía que eres mi padre! No se por que no me lo dijiste antes. —balbuceó apenas en sus palabras in entendibles.
—Queríamos darte un tiempo para que te acostumbraras a mi presencia, hijo. —le dijo su padre.
—Me gusta que seas mi padre porque se que le gustas a mamá.
Abrí la boca del asombro pero la cerré rápido.
—¡Wade, no digas mentiras! ¿Qué te he dicho sobre las mentiras? —le apreté los cachetes.
Noah me dio una mirada sospechosa y Wade solo se rio.
—Ahora que ya sabes todo, campeón, ¿qué dices sobre quedarte conmigo un fin de semana?
Lo miré mal. Nunca me he separado de mi hijo y no quería hacerlo ahora. No quiero y me siendo egoísta por hacer eso cuando Noah tiene todo el derecho de hacerlo.
—¡si! Pero mamá también viene.
Me mordí el labio inferior para no reírme.
—Noah, creo que no has conocido lo suficiente a Wade como para que convivan solos unos días. Quizás más adelante. —le aconsejé.
—Está bien, te tomaré la palabra. Pero quiero saber todo de el, lo que le gusta, lo que no.... Todo.
—Está bien, nos tenemos que ir, es tarde ya. —le dije, recogiendo algunos juguetes de Wade y metiéndolos a la mochila.
—Los voy a dejar —dice Noah y yo asiento.
—Te dejé tu cena lista —le digo—Por si vas a volver a cenar.
—Oh no —Noah se detiene—entonces no puedo desperdiciar algo que hayas hecho tu. ¿Qué te parece si mejor nos quedamos a cenar acá?
Dudo.
—¡Si, mami, quedémonos un rato más con papá!
Wade estaba demasiado emocionado con la idea de tener un padre y ahora no lo aguantaría porque siempre va a querer estay con Noah.
—Está bien, Wade, esta bien.
—Gracias. —me dice Noah.
—Vamos a lavarte las manos, Wade —le digo cargándolo.
—Yo me encargo de eso —Priscila se aparece por la puerta—Vamos, Wade, sígueme.
Terminé de meterle sus juguetes y me dirigí a la cocina.
—Oye, hay algo que no me termina de convencer.
—¿De que?
—Ese día, en ese baño me dijiste algo sobre un ex novio.
—Noah, por Dios. Eso fue hace años. Ya ni siquiera me acuerdo.
—Cuéntame, quiero saber de eso —se acercó. Noah parecía muy interesado en saber sobre mi ex. Ya ni siquiera me acordaba de ese tipo.
—Noah, por Dios. ¿Qué caso tiene?
—Curiosidad.
—Se llama Cooper y me engañó. Eso es todo. Ya teníamos tiempo de haber terminado cuando te conocí en ese baño.
—¿Lo querías? —me preguntó serio.
—Si, claro.
—Ya veo... entonces aún lo quieres.
—Lo quería, tiempo pasado. —rodé los ojos. —Ayúdame a poner la mesa.
—Como usted diga, señora, pero tengo una mejor idea. Vamos a cenar afuera: hace más aire.
—Como usted quiera, señor Richie, sus deseos son órdenes.
En el comedor de afuera se podía ver la ciudad, la mansión de Noah estaba en una montaña donde habían más casas de lujo. Tenían in hermosa vista aquí arriba. Acá podíamos ver las estrellas con más claridad.
Saqué la comida y la serví en los platos.
Noah me ayudó a sacar un vino y un refresco para Wade.
—Sobre lo que te dije de pasar un fin de semana con Wade, ¿qué piensas? Yo se que no puedo estar solo con el porque no conozco todas sus necesidades aún y tampoco está acostumbrado a dormir sin su madre asi que he llegado a algo.
—¿Qué cosa?
—Que te quedes con nosotros —sonrió.
—¿Qué? Estás loco.
—Melisa, quiero estar con el niño todo el tiempo.
—Yo no voy a dormir en tu casa... ¿por qué lo haría?
Priscila se aparece con Wade.
—Por favor, Melisa, como si no hubieras dormido juntos ya. —se burla y eso me saca de quicios. ¿Quien se cree que es? Es cierto que me había acostado con el en un momento de debilidad pero ahora no me arrepiento porque gracias a eso tuve a Wade.
—Ya veremos, Noah, ya veremos. Wade, cariño, ven a cenar.
Noah se sentó junto a Wade y le sirvió de su jugo. La cena estuvo bastante buena y fue muy bonito cenar afuera. Pero era hora de irnos y eso me dio un poco de tristeza a mi y a Wade. Se puso a llorar.
—Quedémonos con papá —balbuceó. Me dolía verlo llorar pero no podíamos quedarnos en esta casa.
—Wade, cariño, tu padre llegará mañana a verte.
—Así es, Wade, voy a llegar todos los días a verte después del trabajo. No me voy a volver a separar de ti nunca.
—Llévanos a casa y quédate conmigo hasta que me duerma —le dices y Noah asiente.
—Claro que si, amiguito. Vamos. —Noah lo carga. Me da ternura verlos así. Hasta me apeteció tomarles una foto. Se veían tan bien. Me dieron ganas de tener una familia unida. Que ambos estuviéramos casados y viviendo juntos pero eso no era posible. Noah y yo somos de mundos muy diferentes, además ni siquiera le gusto a Noah.
Nos montamos al coche y Noah manejó a casas
—Tengo muchas ganas de ir al colegio —le dice Wade. —Quiero hacer amigos y presentarles a mi padre.
—Todo a su tiempo, Wade, aprovecha que no tienes responsabilidades —dice Noah en forma de broma. Wade iba en mis brazos y se me iba durmiendo.
—Creo que no será necesario que entres a casa, Wade esta quedándose dormido —le dije a Noah.
—Igual lo acostaré en su cama. ¿Por qué huyes de mi, Melisa? ¿Acaso te doy miedo?
—Yo no estoy huyendo de ti, ¿qué te hace pensar eso?
—Siempre estás evadiéndome, tratando de entablar la menos conversación conmigo... ¿por qué? ¿A que le temes?
A ilusionarme, que me guste, enamorarme.
—A nada, Noah. Estás loco.
—Yo se a qué pero no te lo dire, solo te dire que no tienes nada de que temer. Ya verás, Melisa, ya verás.
—No entiendo nada de lo que estás diciendo.
—Yo me entiendo solo.
Llegamos frente a casa así que bajé con Wade dormido en mis brazos. Noah se apresuró a ayudarme, le pasé a Wade y acercó demasiado su cara a la mía, casi me da un beso. Esa acción me hizo sentir muy nerviosa, pude sentir su aliento chocar con mis labios.
—Esta pesadito —me dice sonriendo, sabiendo que lo que había hecho me había afectado.
—Hola, Melisa.
Me quedé estática al ver a la persona frente a mi, a unos pasos de la puerta de mi casa. No puede ser, es Cooper.
—¿Quien es el? —me pregunta Noah.
—Yo soy el padre del niño. —responde Cooper.