Narra Marina.
Es viernes.
Hace tres días que no veo, escucho, o sé algo de René.
Quizás la tarjeta decía algo como: "Me agradaba pasar tiempo contigo, pero tengo miedo de lo que me puedas hacer así que estás despedida"
Tal vez solo estoy exagerando. Pero le encuentro una razón lógica. Tal parece que desde el momento en que admití para mí misma que necesito un descanso, los días han sido totalmente agotadores, los veo más largos, los siento más pesados. Y por lo tanto, cada pequeña cosa, como el hecho de que le haya llevado gelatina amarilla a un paciente y no roja como él me lo había pedido, me hace sentir al borde.
Hillary solo dice que me estoy matando sola, por querer, pero eso también tiene una razón explicable.
Así que por ello he tomado la decisión esta mañana de mandar a hacer mi guardia con una enfermera del turno de noche. No solo para recordar lo que es dormir en paz, hasta tarde, un día de semana, sino para pensar mejor lo que debo hacer respecto a mi caliente cliente y todo lo que envuelve las cosas que estoy dispuesta a hacer.
He ido a almorzar en un buen lugar, pasé por el acuario. Y al tener una visión completa de mí en el reflejo de una de las grandes peceras, supe que necesitaba visitar otro sitio.
Por lo que ahora suspiro cuando Tarek, el chico que hace mi pedicura y manicura levanta de repente el mechón de cabello que me hace ver desde el espejo bastante nostálgica.
—¿También vas a arreglar esas cejas, verdad?
Asiento sonriendo un poco. La mayor parte de las veces prefiero hacerlo yo, pero hoy no tengo ánimos de negarme. Se siente bien que me "consientan" así que dejo que los chicos del spa se encarguen de todo, incluso de mi cabello, el cual se han empeñado en darle hondas.
Por lo que salgo del spa con algunos kilos menos encima, pero con el rostro pidiendo que vuelva a mi cama para seguir comiendo de los kilos de helado que compré la semana pasada.
Mentiría si digo que no he dejado de ver el teléfono en busca de una señal, pero él está ausente de todo.
La semana que viene empieza la pre-temporada. No lo culparía si ha vuelto a los entrenamientos con su equipo y es por ello que se le ha pasado decirme que estoy despedida, o que requiere otro masaje.
Dios. Pensar en la idea de que tengo que volver a tocar su cuerpo después de lo que pasó me hace sentir demasiado ansiosa, de forma extrema.
Se suponía que, en el transcurso del día iba a tener clara la idea de lo que haría. Pero es difícil tener que escoger entre tan pocas opciones; renunciar, o esperar que él me localice. Ya que bajo ninguna circunstancia lo haré yo. No. Haría el ridículo.
El pitido de cornetas junto a un silbido me hacen dar vuelta justo cuando estoy por entrar a la residencia en donde habito.
Siento el corazón en mi garganta de repente cuando visualizo el auto de Roberto, y al mismo desde adentro haciéndome una seña para que me acerque.
Había olvidado por completo que me había pedido que le hiciera un masaje a su novia el día de hoy. Y lo que me asusta es que ella no esté en ese auto esperando bajar para ser atendida por mí en mi apartamento.
—Fui a la clínica y me dijeron que no habías ido, pensé que te había pasado algo pero ya veo que estás perfecta.
Justo ahora tengo puesto un pantalón de cuerina n***o, un suéter de lana color carne, y gracias a que acabo de salir del spa sé que parece que vengo de una cita romántica. Pero poco me interesa lo que él pueda pensar.
—Sí, bien. Esperaba tu llamada para la confirmación… —Me afinco de la ventana echando un vistazo hacia dentro y mascullo una mala palabra cuando no veo a su prometida dentro—. ¿Y tu chica?
—En casa de mis padres. —Me abre la puerta—. Vamos, te espera.
—¿Ya?
—Sí, ¿o acaso tu enamorado de las flores te espera arriba? —Me siento incómoda, él ríe—. Nah, no creo que te espere ahí. Ven, que se hace tarde.
Son casi las cinco de la tarde. Tenía planeado dejar mis cosas dentro y más tarde salir conmigo misma a algún exquisito lugar, pero la mirada de Roberto, el hecho de que puede ponerse insistente y también que no quiero dejar plantada a su novia, me hace darle un asentimiento de cabeza.
—Déjame ir por mis cosas.
Rápido voy de un lado a otro mientras tomo mi bata blanca en manos y busco algunos implementos. Aunque me siento bastante nerviosa cuando veo las flores como si acabaran de arrancarlas, porque es como si él pusiera un poquito de su perfección estructural en ellas para que sigan allí dándole vida al ambiente.
Llego pronto al auto de nuevo, y aunque me cuesta admitirlo sé que estoy aquí en parte es para ir en busca de ansiosas preguntas que quieren ser respondidas.
Agradezco que antes de que el hermano de René comience con preguntas o querer charlar, reciba una llamada con el que al parecer es su manager, lo que le toma todo el transcurso a la mansión de sus padres.
Nos damos paso dentro tras ser recibidos por la señora de servicio, y no tengo que seguir por completo los pasos de Roberto porque conozco a la perfección en dónde queda el sitio en donde sé debo estar.
—Espera… —Me detiene antes de que cruce el pasillo—. ¿No vas a saludar? Están todos en la sala.
—Disculpa, es que... —Exhalo los nervios—. Preferiría que sea lo más rápido posible. Puedes decirle a tu novia que venga mientras preparo todo.
No lo dejo responder, y como si estuviese en mi casa sigo caminando hasta que finalmente cierro la puerta corrediza oscura que me deja segura y dentro del spa.
Escucho un carraspeo de garganta y me doy vuelta en cámara lenta.
La mujer llamada Karen está sentada en la orilla de la camilla especial mientras René está recostado de esta, muy cerca de la mujer, pero mirándome fijamente.
—¿Hola? —los saludo tratando de verme normal.
Todo en mi quema por dentro. Estoy segura que mi rostro está fuertemente sonrojado por finalmente encontrarme con la realidad: lo estoy mirando también.
Trago hondo cuando siento la puerta corrediza rodarse, porque René no deja de verme así, serio, con la mirada verde oscura, la misma de la cena con su familia.
—¡Hey, aquí están! —exclama Roberto.
Lo siguiente que pasa es realmente confuso, incómodo y rápido. Pues René se aleja de la mujer, camina hasta nosotros, y cuando justo creo que quiere decirme algo, su mirada seria va con su hermano y ambos salen de aquí como si se hubiesen hablado solo con eso.
Me genera preguntas lo que Roberto me dijo en el auto sobre sus problemas con él, pero peor aún lo que dijo en la llamada; que René siempre ha estado enamorado de Karen, que no la ha superado. Y si es así ¿por qué me siento así de rara justo ahora? ¿Por qué estoy comenzando a sentir que no me gusta la idea de tener que darle mis servicios a la hermosa latina que tengo a mi frente?
—Mucho gusto, creo que son unos mal educados… —Levanta su mano la cual aprieto un poco.
Tiene una voz dulce, su piel es morena, canela, brillante, tiene muchas hondas perfectas cayendo de una coleta alta, y aunque no tiene una gota de maquillaje se ve hermosa.
¿Envidia? ¿Desde cuándo me atrevo a pensar en esa posibilidad?
Estoy totalmente segura que soy una mujer preciosa, también sin una gota de maquillaje, pero hay algo en ella que me genera inquietud.
—Él gusto es mío, ¿Karen? —Me pongo mi bata y luego recojo mi cabello—. Espero que disfrutes de mis servicios.
—Ohhh… —Ella se quita el vestido quedando en ropa interior—. Créeme que lo haré. Tienes buenas reseñas y críticas.
—¿Ah sí?
La chica se acuesta boca arriba, y suspira cuando mis manos rápidamente llenas de aceite pasan por su frente.
—René lo único que hace es hablar todo el tiempo de ti... —Mi corazón se acelera. Me siento torpe al creer que sea por otra cosa que no sean los masajes—. Ohh, sí que tienes manos curativas. Creo que ya no tengo dolor de cabeza —bromea con una sonrisa mientras masajeo su cien—. Él dijo hoy que no me arrepentiría.
Y si estaba de acuerdo con esta idea, ¿por qué me hizo sentir como si mi presencia le molestaba? No me saludó, siquiera una sonrisa me dio. Estoy comenzando a pensar que él es tan susceptible a este tema con su mejor amiga y su hermano, que cuando se encuentra en medio, se ciega hasta el punto de olvidar que los demás existen. Lo cual entonces me hace creer que es muy probable que esté enamorado de esta mujer.
Me empiezo a sentir como si estuviese en el medio de esto, y me creo tonta porque no sé por qué razón realmente lo siento. Es decir, no puedo pretender que por haberme regalado flores, haberme dicho Hermosa y haberme causado un... suspiro, esté de verdad involucrada con él, y menos en una situación amorosa.