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4036 Palabras
Blake. Acaricio la espalda desnuda de Amelie, la cual está mitad cubierta por las sábanas de la cama, con los nudillos de mis dedos; puedo sentir como su piel de eriza ante mi caricia. Comienzo a trazar un camino de besos suaves hasta llegar a su cuello y, en cuanto mis labios lo besan, escucho una pequeña risa por su parte. —Creí que dormías, pequeña —se voltea cubriendo sus pechos con las sábanas y me observas. —No lo hacía —se acerca más a mi cuerpo y comienza a acariciar mis pectorales—. Quiero ir a la playa —yo la observo. —¿De verdad? —asiente—. Vamos en la tarde entonces, pequeña —coloco mi mano debajo de las sábanas y abrazo su cintura desnuda. —Me gusta aquí —besa mis labios—, me gusta sentir tu cuerpo —musita. —Y a mí me encanta esto —coloca su pierna sobre mi cintura y acerca su pelvis a la mía—. Me estás provocando demasiado, bonita —sonríe. —Tenemos que comenzar bien la mañana, señor Turner —ataca mis labios con pasión y mis dedos aprietan su cintura. Los labios de ambos danzan de una forma rítmica perfecta; paso mi lengua sobre su labio inferior, ella entreabre un poco sus labios y aprovecho para introducir mi lengua en su boca. Luego de unos minutos Amelie se sienta encima de mi cuerpo, con sus piernas a cada lateral de mi cuerpo, sus manos abrazan mi cuello y yo paso mis manos por su cuerpo. Mueve un poco su entrepierna encima de la mía, lo que genera demasiadas cosas intensas dentro de mí. Ya de por sí había despertado con una erección, pero consigue hacerme desear mucho más de ella. —Me encantas, pequeña —balbuceo sobre sus labios y aprieto su trasero entre mis manos, haciendo que traiga su cuerpo más hacia adelante. —Y tú a mí, mucho —vuelve a besarme con total frenesí. No sé cuánto tiempo pasa hasta que ella introduce mi m*****o a su cavidad y comienza a moverse de arriba hacia abajo de una forma muy placentera para mí. Beso cada uno de sus pechos y muevo mis caderas a su misma velocidad; lleva su cabeza hacia atrás dejando escapar unos gemidos suaves de su boca, me acerco a su cuello y muerdo la piel de ese lugar para luego besarla. Decido cambiar de roles; así que, doy una pequeña vuelta en la cama y Amelie queda debajo de mi cuerpo. Me muevo de forma rápida, pero dura y noto que lo disfruta por su expresión facial. Cada vez que me clavo más en su interior sus uñas se clavan poco a poco en la piel de mi espalda. Abraza mis caderas con sus piernas y mueve sus caderas en mi dirección, momento en el cual comienza a gemir más fuerte. Mis penetraciones se vuelven cada vez más rápidas, profundas y fuertes, puedo sentir como su cavidad comienza a palpitar alrededor de mi falo, no mucho tiempo después ambos alcanzamos el clímax e, inmediatamente busco sus labios para volver a besarla con intensidad. —Ojalá pudiera tener estas mañanas siempre —acaricio sus labios con mi pulgar. —Acabaré en silla de ruedas así —ambos reímos—. Pero me gustaría lo mismo... —su mano acaricia mi mejilla con suavidad. —Me hubiese encantado poder conocerte antes —veo que su mirada se oscurece un poco—, siento que las cosas serían diferentes en este momento. —Si nos conocimos en este momento de la vida es por alguna razón —una leve sonrisa decora sus labios. Volvemos a acomodarnos en la cama y veo que observa su teléfono, pero lo devuelve a la mesa de noche. —¿Problemas? —hace una mueca. —Es Connor —yo asiento. —Puedes llamarlo, yo me iré a duchar —me levanto de la cama y me acerco al armario para buscar ropa. —¿Tú no llamarás a Taylor? —niego—. Debe querer hablar contigo —la observo serio. —Estoy contigo, Amelie —señalo—. Además, para ella y para todos estoy en un viaje de trabajo, cuando trabajo no estoy pendiente al teléfono —baja su mirada y comienza a observar sus uñas. —Disculpa, solamente pensé que a ella le gustaría hablar con su futuro esposo... —dejo mi ropa encima de la cama y me acerco a ella. Tomo asiento a su lado, sujeto su mano y con mi otra mano acaricio su mejilla. —Pequeña, sabes que Taylor no me interesa —murmuro—, en estos días mi atención es únicamente para la hermosa mujer que tengo frente a mí en este instante —beso su frente. —Siento que eres una fantasía —observa mis ojos con detenimiento—, que en cualquier momento voy a despertar y ya no existirás más... —sonrío y niego. —Soy mucho más real que esa playa que tienes allí fuera —analizo su mirada café y mis ojos bajan a sus labios rosados—. Tus labios son tan delicados —paso mi pulgar sobre ellos y ella esboza una pequeña sonrisa. —No sé que esperas para besarme —ríe y uno mis labios a los suyos en un beso apasionado. || ... || Veo como camina lentamente por la delicada arena de la playa y yo la observo como un idiota. —¿Estás contenta? —me observa y asiente muy sonriente. —Me encanta la playa —comienza a dar vueltas en círculos—. ¿Quieres jugar? —se detiene y se acerca a mí. —¿Qué propones, pequeña? —acerca sus labios lentamente a los míos. —Propongo que... —en el momento que coloco mi mano sobre su mejilla y entreabro mis labios para besarla, sale corriendo— ¡INTENTES ATRAPARME! —grita alejándose a toda velocidad. —¡Ya verás, señorita provocadora! —exclamo y también comienzo a correr. No estamos a mucha distancia, pero dejo que tome ventaja para que piense que estará a salvo. Veo como la camisa que lleva mía se mueve a gran velocidad gracias a los movimientos que hace para alejarse más de mí. —¡Eres un lento! —saca su lengua y continúa su camino. Decido acelerar más mis pasos y acabo por abrazarme a su cintura, pero fue tan rápido que ambos caemos rodando por la arena y ella queda encima de mi cuerpo, mientras estalla a carcajadas, carcajadas que me contagia. —Pues te atrapé —le guiño y ella coloca sus manos encima de mi pecho. —Pero por muy poco, señor Turner —coloco mi mano encima de su cintura—. El atardecer se ve hermoso aquí —se levanta de encima de mi cuerpo y toma asiento junto a mí, yo la imito. Abrazo mis rodillas, observo como el sol comienza a bajar; el cielo se tiñe en tonos rosas y naranjas, algo sumamente hermoso. Volteo hacia Amelie y tiene los ojos cerrados, disfrutando de la leve brisa que hay aquí. —Mis padres siempre nos llevaban a mi hermana y a mí a la playa en verano —suspira con pesadez—. Eran momentos únicos para mí... —la observo con detenimiento. —¿Acaso se distanciaron que ya no vuelven a hacer esas salidas? —veo como sus labios forman una línea—. Es evidente que sin su madre no será lo mismo, pero no deben alejarse como familia —baja su mirada. —Todos están muertos, Blake —juro que me estoy golpeando mentalmente por todo lo que acababa de decir. —Lo siento mucho, Amy —niega rápidamente y me sonríe. —No lo sabias, tranquilo —coloca su mano sobre la mía y da un leve apretón—. Te agradezco mucho por haberme traído aquí, hace mucho no venía a la playa —recuesta su cabeza sobre mi hombro. —No debí haber dicho lo que dije... —levanta su mirada y me observa—. Imagino que todavía es difícil para ti..., te comprendo porque mamá también se fue y entiendo un poco tu dolor —deja un beso sobre mi mejilla. —Me hace sentir bien, por así decirlo, saber que tu madre se puede encontrar con mi familia en el lugar donde sea que estén —su comentario me hace sonreír—. De alguna forma, el universo conspiró para que nuestros caminos se crucen —acaricio su mejilla con suavidad. —En este momento me encantaría poder decirles a tus padres la maravillosa hija que trajeron al mundo —sus labios forman una curvatura tímida hacia arriba—, lo hermosa que eres —aparto un mechón de cabello de su rostro—, el talento increíble que tienes y lo afortunado que me siento de haberte encontrado aquella noche en el bar —envuelve mi cuerpo entre sus brazos y se apoya en sus rodillas. —Gracias... —musita y besa mi mejilla—. De verdad, no tengo palabras para agradecerte lo de estos días —acaricio su espalda. —Soy un desastre, pequeña —murmuro—, pero por ti haría lo que fuera en este momento —se aleja de mis brazos y me observa. —¿Cancelar la boda es una opción? —yo hago una mueca. —Sabes que si tuviese esa opción disponible lo haría, pero no puedo —asiente y baja su mirada—. Me encantaría poder quedarme aquí a tu lado, de verdad, es lo que más deseo en este momento —se levanta de la arena. —Si vamos con verdades ambos estamos enlazados a alguien —recoge su cabello en un rodete. —Tú no vas a casarte —señalo—, no es lo mismo. —No, no es lo mismo —da un lento asentimiento—, principalmente porque a Connor lo conozco hace más de cuatro años y tú a Taylor hace cinco minutos —su rostro me hace sonreír. —Y a ti también te conozco hace cinco minutos —entreabre sus labios, pero los cierra para luego sonreír. —Ese es un buen punto —asiente—. Voy al mar —me observa—. ¿Vienes conmigo? Lo pienso un poco, pero finalmente niego. —Voy a prepararte una sorpresa en la cabaña mientras tú disfrutas el mar —también me levanto de la arena y me acerco a ella—. Trata de no ir a espiar —fija sus ojos en los míos por largos segundos. —No me gustan las sorpresas, Blake... —musita. —Prometo que esta te gustará, pequeña —mi pulgar acaricia su mejilla—. Solamente necesito que estés aquí una hora, ¿sí? —veo como muerde su labio inferior. —¿Me prometes que será bueno? —me acerco a sus labios y sostengo sus mejillas entre mis dedos. —Estoy seguro que te gustará, preciosa —hago que nuestros labios rocen—. ¿Te quedarás aquí? —Sí —sus ojos bajan a mis labios—. ¿Puedes darme una pista de la sorpresa? —sonrío de forma ladeada. —Dejaría de ser sorpresa —mis manos bajan a su cintura y luego uno sus labios con los míos en un beso profundo y lento. Noto como se pone en puntillas para quedar un poco más a mi altura, sus brazos van a mi cuello e introduce su lengua a mi boca, donde se desata una especie de lucha intensa. Deshago el beso, no sin antes dejar una suave mordida sobre sus labios. —Voy a la cabaña —dejo un casto beso y Amelie sonríe—. Me estás entreteniendo demasiado —reímos. —Bien, eres libre —tras decir eso camina hacia el mar. Observo como juega con el agua con una sonrisa, guardo esa imagen en mi cabeza y camino hacia la cabaña nuevamente. Mi idea es preparar una lasagna, arreglar el comedor, poner algunas velas, rosas, pétalos, vino y algunas cosas más, ya que quiero hacer que se sienta especial porque lo es. Luego de media hora coloco la lasagna en el horno, lavo todo lo que había ensuciado para que luzca impecable para Amelie. Dejo algunos pétalos por el pasillo que va hacia la habitación; camino al armario y de mi bolso saco el vestido que le había dicho a Michel que guardará para este momento, lo acomodo encima de la cama y sobre él dejo una orquídea blanca. Veo que quedan cinco minutos para que Amelie vuelva a ingresar a la cabaña; así que, voy al baño, comienzo a llenar la bañera con unas sales de baño, burbujas, coloco pétalos de tulipanes rosas y rosas sobre el agua. Enciendo algunas velas aromáticas que coloco alrededor de la bañera y salgo del baño, no sin antes acomodar mi ropa y cabello. Al volver a la cocina apago el horno, saco la lasagna para colocarla en los platos y luego taparlos con las campanas para que no lo vea. Enciendo el radio y comienza a sonar la canción que parecía que Amelie me cantaba en el bar en las últimas veces que no tenía que esconderme para escucharla cantar. Veo que la puerta se abre y allí aparece ella, pero me apresuro a la puerta para evitar que vea lo del comedor. —Podrías golpear para avisarme, pequeña —la sostengo por la cintura. —Ya paso una hora —señala el reloj de su muñeca—. ¿Puedo ver? —se coloca en puntillas de pie y trata de espiar sobre mi hombro. —Agradezco que seas lo suficientemente baja para no conseguir espiar —digo entre risas, pero ella me observa serio. —Encima me dices que soy un minion —yo niego y beso sus labios. —Eres la mujer más hermosa que he visto en mi vida —balbuceo sobre sus labios—, pero ahora necesito que me dejes cubrir tus ojos para guiarte hacia el pasillo y que no salgas de allí hasta que no estés lista, ¿si? —No me gusta esto, Bla... —coloco mi dedo índice sobre sus labios impidiendo que continúe. —Es lo último que voy a pedirte, pequeña —entrecierra sus ojos y me observa. —Está bien —asiente y analiza mi vestuario—. Tú estás muy guapo, hasta sin zapatos te ves bien —besa mi mejilla con suavidad. —Los zapatos es lo de menos —coloco mi mano sobre sus ojos—. Ahora, confía en mí y déjate llevar —dejo un beso sobre su cuello. La llevo con cuidado hacia la habitación y la dejo frente a la cama. —Yo voy a salir de la habitación, te dejaré sola, pero debes cerrar los ojos hasta que escuches que cierro la puerta —asiente lentamente—. Espero que te guste, pequeña —quito mi mano de su rostro y veo que tiene los ojos cerrados. Salgo de la habitación y cierro la puerta corrediza de la habitación. Hoy es la última noche que pasaremos aquí, ya que mañana al mediodía teníamos que volver a nuestras vidas, aunque a mí me encantaría quedarme aquí con ella, olvidarme que lo demás existe, pero sé que podría ser peligroso para Amelie porque mi tío seguramente está ensimismado con encontrarla y lastimarla. Salgo de la cabaña con mi teléfono en la mano, el cual había encendido hace unos segundos, ya que necesito hablar con Michel, me caen un montón de mensajes en el momento que acaba de encenderse, también veo que hay muchas llamadas perdidas de Taylor, mi tío, Michel. Estaba por ingresar a w******p, pero entra una llamada de Taylor, suspiro y respondo. —Hasta que te dignas a responder mis llamadas —yo suspiro. Observo mi reloj y comienzo a calcular las horas de diferencia entre España y Los Ángeles para saber que voz hacer. —Son las cinco y media de la mañana, Taylor —finjo voz de dormido—. Te recuerdo que no estoy en California. —Y yo te recuerdo que nos casamos en dos días —asiento como si me viera. —Mi vuelo sale mañana en la mañana, estaré a tiempo para la boda —masajeo el puente de mi nariz. —Pero ni siquiera me escribes, osito —balbucea. —Viajé a Madrid por trabajo, Taylor —bufo algo cansado—. No estoy pendiente al teléfono cuando trabajo y lo sabes —la escucho chasquear la lengua. —Pero te extraño mucho, osito —afina un poco más su voz—. Extraño acariciar tu cuerpo y poder besarte —observo el cielo. —Pues luego de la boda dejarás de extrañarme —volteo hacia el interior de la cabaña y Amelie aún no ha salido. —Juro que nos encerraré en la habitación del lugar donde vayamos de luna de miel —golpeo mi frente, había olvidado ese pequeño gran detalle—, y hasta que no caigas inconsciente por todo el sexo que tendremos no te dejaré libre —alzo mis cejas. —Como digas, querida —paso mi mano por mi rostro—. Escucha, debo alistarme para ir a una reunión. Nos vemos en la boda —espero a que me responda. —Nos vemos. Te amo, osito —lanza un beso. —Adiós, Taylor —finalizo la llamada. Ingreso al chat de Michel y comienzo a escribir con rapidez. "Blake: Hola, Mich. Mañana al mediodía volvemos con Amelie; la dejaré en su casa y voy a la tuya para devolverte el coche." Enviado a las 20:30. Rápidamente me responde. "Michel: Hola, hermano. De acuerdo, tú me llamas cuando estés llegando. Espero que todo esté yendo bien." Enviado a las 20:31. Sonrío recordando todo lo que hemos hecho en estos dos días y escribo. "Blake: Mejor que nunca. Te dejo que Amelie debe estar por salir del baño. Te veo mañana." Enviado a las 20:32. Inmediatamente apago el teléfono y vuelvo a ingresar en la cabaña, lo dejo encima del mueble de la entrada, pero me detengo al ver una fotografía de mi madre de niña junto a mi abuelo. Escucho pasos acercarse y, pocos segundos después, aparece Amy con el vestido blanco que le había dejado en la habitación; era un vestido de tirantes con escote en v y una falda con doble capa, la cual llegaba a la mitad de sus muslos. —Te ves hermosa —tomo su mano entre la mía—. ¿Podría dar una vuelta para mí, señorita Bennett? —sonríe y hago que dé una vuelta sobre sus pies. —Me gusta mucho todo lo que he visto hasta ahora —poso mi mano a la altura de su cintura y dejo un beso sobre su mejilla. —Todavía faltan algunas cuantas cosas —ella sonríe—. Siento que eres irreal, que estoy en un sueño, pronto despertaré y ya no estarás a mi lado —coloco mi mano sobre su mejilla y ella posa su mano sobre la mía. —A mí me pasa exactamente lo mismo —acaricia mi mano con delicadeza—, pero creo que tú me dijiste que teníamos que disfrutar este tiempo juntos —yo sonrío y asiento. —Ahora necesito que usted, bella mujer, camine hacia el comedor —la guío sosteniendo su mano. Le aparto la silla y la acerco a la mesa en cuanto toma asiento. —Déjame decirte que lo que preparé se podría decir que es mi especialidad —quito las campanas y me sorprende ver cómo todavía sale el humo de la comida, aún está caliente. Me acomodo en mi lugar y descorcho el vino para luego servirlo en las copas de ambos. —La verdad, se ve exquisito —eso me hace sonreír. Levanto mi copa y ella me imita. —Quiero brindar... —fijo mis ojos en los suyos. —¿Y por qué razón brindamos? —Por nosotros —sus mejillas se ruborizan un poco—. Le agradezco al destino o a las fuerzas del universo por haberte cruzado en mi camino; me siento como un tonto cada vez que te tengo frente a mí y me encantaría poder tener más de esto contigo. —¿A qué te refieres con tener más? —observo la copa—. No podemos estar en parejas por nuestra situación —yo asiento. —Por el momento no quiero que me obligues a alejarme otra vez porque no te hice caso aquella vez y si lo haces por segunda vez, deberé obedecer —hago una pausa—, lo que no me gustaría para nada —murmuro. —Hay que brindar por cosas bonitas —ambos nos observamos—; así que, brindemos por todo lo que hemos estado viviendo aquí que son momentos que atesoraremos con mucho cariño, por lo menos yo —veo un brillo especial en su mirada. —Te atesoraré a ti en mi memoria, en mi corazón, por siempre, Amelie —hago chocar las copas—. Y esta cabaña es testigo de todo lo que sentimos y no podemos mostrar frente a los demás. Este es nuestro lugar y serás bienvenida siempre que quieras —doy un sorbo al vino y ella me imita. Nos concentramos en cenar y se torna un ambiente demasiado agradable; hablamos sobre más cosas de ambos y también sobre los dos días que llevamos aquí, solos, lejos de todos los problemas que tenemos. Me levanto de mi silla en el momento que veo que acaba de cenar y me detengo a su lado. —¿Me darías el placer de poder bailar junto a ti? —extiendo mano y ella sonríe. —Por supuesto —se levanta de la silla y nos llevo hacia la mitad de la sala. La canción All of me de John Legend comienza a sonar; abrazo su cintura y ella mi cuello para luego comenzar a movernos al ritmo de la melodía. Me acerco un poco a su oído para comenzar a cantar en un tono suave. "How many times do I have to tell you? Even when you're crying, you're beautiful too The world is beating you down, I'm around through every mood You're my downfall, you're my muse My worst distraction, my rhythm and blues I can't stop singing, it's ringing in my head for you." Amelie aleja su rostro del hueco de mi cuello y me observa directamente a los ojos. "'Cause all of me Loves all of you Love your curves and all your edges All your perfect imperfections Give your all to me I'll give my all to you You're my end and my beginning Even when I lose, I'm winning 'Cause I give you all of me And you give me all of you, oh-oh Give me all of you, oh." Cantamos juntos, pero dejo que ella entone el último verso, ya que me encanta su voz. —No sabía que cantabas —niego sonriendo. —Es una de mis canciones favoritas —musito y acaricio su espalda—. Y bailas muy bien —beso su mejilla—. Tengo algo para ti —me alejo y camino hacia el mueble de la entrada, donde había dejado la caja con el obsequio. —¿Todavía más? —vuelvo hacia ella y le entrego la caja. —Ábrelo, pequeña —veo sus manos algo temblorosas y observa el collar plateado que había dentro. —Es muy bonito —analiza el collar y devuelve sus ojos hacia mí—. ¿Me ayudas con él? —me lo entrega. —Claro que sí —lo desengancho y me coloco detrás de su cuerpo. Aparto su cabello con cuidado y coloco el collar para finalmente engancharlo. —Me encanta —sonríe sosteniendo el dije de corazón. —Y te queda hermoso —observa mis ojos y luego me besa con mucha ternura, pero también deseo.
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